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issue
92
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enero/marzo
2000
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LA DEUDA Y EL EFECTO
INVERNADERO
Las deudas que los países ricos le
condonaron recientemente a sus vecinos más
pobres no son nada en comparación con lo
que aquellos deben ya al resto del mundo
por el aumento del calentamiento global que
han provocado y siguen provocando. La
relación causal entre el cambio climático y
la frecuencia y severidad cada vez mayores
de tormentas, inundaciones, sequías y otros
daños ocasionados en muchos lugares del
mundo es innegable.
Las deudas que el Reino Unido canceló en
forma condicional ascienden a cerca de 3
mil millones de dólares, pero se estima que
los daños causados solamente en
infraestructura por las recientes
inundaciones en Venezuela alcanzarían los
10 mil millones de dólares. Allí se
perdieron también decenas de miles de
vidas: ¿se anima alguien a asignarles valor
monetario?
Además, los gases invernadero que los
países con uso intensivo de energía han
descargado en la atmósfera en los últimos
dos siglos permanecerán en ella
indefinidamente, provocando muerte y
destrucción año tras año, mientras que la
condonación de la deuda es un
acontecimiento único. Cincuenta y seis
países fueron afectados por inundaciones
serias y por lo menos 45 por sequías
durante 1998, el año más reciente para el
cual tenemos cifras. En China, las peores
inundaciones en 44 años desplazaron a 56
millones de personas en la cuenca del
Yangtze y destruyeron casi el 5 por ciento
de la producción anual del país, siendo el
cambio climático una de las causas. En
Bangladesh, una temporada de lluvias
monzónicas inusitadamente prolongada y
severa tuvo a dos tercios del país inundado
durante más de un mes y dejó sin casa a 21
millones de personas.
Paul Epstein, de la Facultad de Medicina
de Harvard, calculó que en los primeros
once meses de 1998 las pérdidas asociadas
con el clima ascendieron en total a 89 mil
millones de dólares, mientras que 32 000
personas murieron y 300 millones perdieron
sus hogares. Según este investigador, ese
total es superior a las pérdidas sufridas
durante toda la década de 1980. La tasa de
destrucción se acelerará, ya que aún se
siguen agregando gases invernadero a la
atmósfera, a ritmos casi cinco veces
superiores al que pueden eliminarlos los
sistemas naturales. Teóricamente, para el
2050 las pérdidas anuales podrían ascender
a sumas entre el 12 y el 130 por ciento del
producto bruto mundial. En otras palabras,
es posible que se destruya más de lo que el
mundo entero produce en el mismo año y,
también, que la vida tal como la conocemos
se acabe. Para los países industrializados,
las pérdidas podrían ascender a sumas entre
el 0.6 y el 17 por ciento de su producción
anual, y para el resto del mundo a sumas
entre el 25 y el 250 por ciento.
Extracto de una carta preparada por
el Global Commons Institute, basado en el
Reino Unido, publicada en el periódico
British Independent y firmada por una serie
de organizaciones entre las que se cuenta
AT Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte..
La solución que propone para la crisis del
clima es "contracción y convergencia", un
sistema de redistribución equitativa del
espacio ambiental. Por más información
véase www.gci.org.uk.
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