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enero/marzo 2000   

 

LA DEUDA Y EL EFECTO INVERNADERO
Las deudas que los países ricos le condonaron recientemente a sus vecinos más pobres no son nada en comparación con lo que aquellos deben ya al resto del mundo por el aumento del calentamiento global que han provocado y siguen provocando. La relación causal entre el cambio climático y la frecuencia y severidad cada vez mayores de tormentas, inundaciones, sequías y otros daños ocasionados en muchos lugares del mundo es innegable.
Las deudas que el Reino Unido canceló en forma condicional ascienden a cerca de 3 mil millones de dólares, pero se estima que los daños causados solamente en infraestructura por las recientes inundaciones en Venezuela alcanzarían los 10 mil millones de dólares. Allí se perdieron también decenas de miles de vidas: ¿se anima alguien a asignarles valor monetario?
Además, los gases invernadero que los países con uso intensivo de energía han descargado en la atmósfera en los últimos dos siglos permanecerán en ella indefinidamente, provocando muerte y destrucción año tras año, mientras que la condonación de la deuda es un acontecimiento único. Cincuenta y seis países fueron afectados por inundaciones serias y por lo menos 45 por sequías durante 1998, el año más reciente para el cual tenemos cifras. En China, las peores inundaciones en 44 años desplazaron a 56 millones de personas en la cuenca del Yangtze y destruyeron casi el 5 por ciento de la producción anual del país, siendo el cambio climático una de las causas. En Bangladesh, una temporada de lluvias monzónicas inusitadamente prolongada y severa tuvo a dos tercios del país inundado durante más de un mes y dejó sin casa a 21 millones de personas.

Paul Epstein, de la Facultad de Medicina de Harvard, calculó que en los primeros once meses de 1998 las pérdidas asociadas con el clima ascendieron en total a 89 mil millones de dólares, mientras que 32 000 personas murieron y 300 millones perdieron sus hogares. Según este investigador, ese total es superior a las pérdidas sufridas durante toda la década de 1980. La tasa de destrucción se acelerará, ya que aún se siguen agregando gases invernadero a la atmósfera, a ritmos casi cinco veces superiores al que pueden eliminarlos los sistemas naturales. Teóricamente, para el 2050 las pérdidas anuales podrían ascender a sumas entre el 12 y el 130 por ciento del producto bruto mundial. En otras palabras, es posible que se destruya más de lo que el mundo entero produce en el mismo año y, también, que la vida tal como la conocemos se acabe. Para los países industrializados, las pérdidas podrían ascender a sumas entre el 0.6 y el 17 por ciento de su producción anual, y para el resto del mundo a sumas entre el 25 y el 250 por ciento.

Extracto de una carta preparada por el Global Commons Institute, basado en el Reino Unido, publicada en el periódico British Independent y firmada por una serie de organizaciones entre las que se cuenta AT Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.. La solución que propone para la crisis del clima es "contracción y convergencia", un sistema de redistribución equitativa del espacio ambiental. Por más información véase www.gci.org.uk.

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