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enero/marzo 2000   

 

SIGLO XXI: EL DESAFÍO DE REDUCIR LA MINERÍA
El desafío más importante en este siglo para cualquier sociedad en el mundo -en realidad en las próximas décadas o será muy tarde- es lograr una sustentabilidad verdadera. Esto requiere mantener la viabilidad de los ecosistemas y la culturas, y asegurar la supervivencia de todas las especies y sociedades. También implica promover una reducción y mayor eficiencia en la producción y el consumo, un manejo más responsable de los desechos y una justa distribución de los beneficios materiales.

Si queremos lograr estas metas, las actividades económicas que utilizan recursos no renovables no serán posibles. En lo que atañe a la minería, no podemos sino coincidir con las apreciaciones de Razali Ismail, ex Presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas: "Estoy seguro que todos reconocemos que la minería nunca podrá ser sustentable y que continúa siendo una de las prácticas económicas más insostenibles que amenazan a las comunidades y el ambiente."
La minería es insostenible; es más, provoca impactos ambientales y sociales extremos. Hay que ponerle fin, o continuarla sólo en un nivel de absoluta necesidad. Mientras tanto deberíamos buscar alternativas a los materiales que se extraen por minería -por ejemplo, generación de energía a partir del hidrógeno, en lugar del petróleo; joyas y alhajas hechas con materiales distintos al oro; sustancias distintas a la tiza para blanquear las pinturas, etc. Además se deberían estudiar alternativas económicas para la gente potencialmente afectada por estas transiciones.

Más allá de la eco-eficiencia

El marco conceptual de Amigos de la Tierra Internacional, que incluye los conceptos de espacio ambiental, la mochila ecológica y social y la deuda ecológica, pueden ser muy útiles para definirle límites a las actividades insostenibles como la minería.
La importancia de disminuir la actividad minera quedó claramente reflejada en declaraciones recientes emanadas de varios organismos de la ONU. A fin de evitar un desastre ecológico total y para reducir la pobreza, recomiendan que los niveles de emisiones se reduzcan en un 80% (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), y el uso de recursos naturales por parte de los países industrializados en un 90% (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente).
Estas metas sólo se concretarán mediante una disminución significativa de la producción y el consumo de materiales en términos totales. La eco-eficiencia, aunque necesaria, no es suficiente. Varios autores han señalado que los esfuerzos para mejorar la eficiencia de los procesos productivos no ha devenido en reducciones en el sector extractivo. Los flujos de materiales del Sur al Norte continúan creciendo, lo que evidencia que el tan mentado 'desacoplamiento' de la economía en realidad no está sucediendo.
Para América Latina resulta particularmente urgente revertir estas tendencias. Las compañías exportadoras más importantes desde el punto de vista económico en los nueve países más grandes del continente son empresas mineras (petróleo, cobre, hierro y oro). Los impactos sociales y ambientales de sus actividades se sienten a diario, pero aún no se están explorando alternativas viables.
El reciente desastre de la minería de oro en Hungría provocó la contaminación del Río Tisza con cianuro y metales pesados. Esa catástrofe que contaminó el río que atraviesa el pueblo de la universidad en donde estudié, da más fuerza aún a las palabras del economista español José Manuel Naredo: "Para mitigar el deterioro cotidiano de nuestro patrimonio cultural es imprescindible cambiar la mentalidad puramente extractivista de nuestra civilización."

Gabriel Rivas-Ducca, AT Costa Rica

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