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- Info
s92mining
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issue
92
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enero/marzo
2000
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SIGLO XXI: EL
DESAFÍO DE REDUCIR LA MINERÍA
El desafío más importante en este siglo
para cualquier sociedad en el mundo -en
realidad en las próximas décadas o será muy
tarde- es lograr una sustentabilidad
verdadera. Esto requiere mantener la
viabilidad de los ecosistemas y la
culturas, y asegurar la supervivencia de
todas las especies y sociedades. También
implica promover una reducción y mayor
eficiencia en la producción y el consumo,
un manejo más responsable de los desechos y
una justa distribución de los beneficios
materiales.
Si queremos lograr estas metas, las
actividades económicas que utilizan
recursos no renovables no serán posibles.
En lo que atañe a la minería, no podemos
sino coincidir con las apreciaciones de
Razali Ismail, ex Presidente de la Asamblea
General de Naciones Unidas: "Estoy seguro
que todos reconocemos que la minería nunca
podrá ser sustentable y que continúa siendo
una de las prácticas económicas más
insostenibles que amenazan a las
comunidades y el ambiente."
La minería es insostenible; es más,
provoca impactos ambientales y sociales
extremos. Hay que ponerle fin, o
continuarla sólo en un nivel de absoluta
necesidad. Mientras tanto deberíamos buscar
alternativas a los materiales que se
extraen por minería -por ejemplo,
generación de energía a partir del
hidrógeno, en lugar del petróleo; joyas y
alhajas hechas con materiales distintos al
oro; sustancias distintas a la tiza para
blanquear las pinturas, etc. Además se
deberían estudiar alternativas económicas
para la gente potencialmente afectada por
estas transiciones.
Más allá de la eco-eficiencia
El marco conceptual de Amigos de la Tierra
Internacional, que incluye los conceptos de
espacio ambiental, la mochila ecológica y
social y la deuda ecológica, pueden ser muy
útiles para definirle límites a las
actividades insostenibles como la
minería.
La importancia de disminuir la actividad
minera quedó claramente reflejada en
declaraciones recientes emanadas de varios
organismos de la ONU. A fin de evitar un
desastre ecológico total y para reducir la
pobreza, recomiendan que los niveles de
emisiones se reduzcan en un 80% (Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático),
y el uso de recursos naturales por parte de
los países industrializados en un 90%
(Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente).
Estas metas sólo se concretarán mediante
una disminución significativa de la
producción y el consumo de materiales en
términos totales. La eco-eficiencia, aunque
necesaria, no es suficiente. Varios autores
han señalado que los esfuerzos para mejorar
la eficiencia de los procesos productivos
no ha devenido en reducciones en el sector
extractivo. Los flujos de materiales del
Sur al Norte continúan creciendo, lo que
evidencia que el tan mentado
'desacoplamiento' de la economía en
realidad no está sucediendo.
Para América Latina resulta
particularmente urgente revertir estas
tendencias. Las compañías exportadoras más
importantes desde el punto de vista
económico en los nueve países más grandes
del continente son empresas mineras
(petróleo, cobre, hierro y oro). Los
impactos sociales y ambientales de sus
actividades se sienten a diario, pero aún
no se están explorando alternativas
viables.
El reciente desastre de la minería de oro
en Hungría provocó la contaminación del Río
Tisza con cianuro y metales pesados. Esa
catástrofe que contaminó el río que
atraviesa el pueblo de la universidad en
donde estudié, da más fuerza aún a las
palabras del economista español José Manuel
Naredo: "Para mitigar el deterioro
cotidiano de nuestro patrimonio cultural es
imprescindible cambiar la mentalidad
puramente extractivista de nuestra
civilización."
Gabriel Rivas-Ducca, AT Costa
Rica
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