CONTINÚA EL PROCESO
DE PAZ EN EL MEDIO ORIENTE
Los Intereses Empresariales Sofocan
el Medio ambiente
Estamos entrando en el nuevo milenio y
el proceso de paz en el Medio Oriente
continúa atrayendo la atención de la prensa
internacional. Sin embargo, poco se ha
dicho sobre la relación entre el proceso de
paz, la participación pública y el frágil
ambiente de la región. Con las
negociaciones reanudándose en el carril
sirio y pronto en el libanés, el público
merece tener la oportunidad de influir
sobre el carácter de los tratados de paz
que se están negociando, particularmente en
lo que se refiere a la protección del medio
ambiente.
Otros sectores, particularmente el
empresarial, ya fueron invitados a
participar de la muy influyente diplomacia
informal tras bambalinas del proceso de
paz. Las cumbres económicas del Medio
Oriente y el norte africano reunieron a
varios cientos de empresarios de la región
y más allá para que socializaran con los
principales negociadores y los más altos
funcionarios de gobierno. En estas cumbres
económicas el sector empresarial no
solamente fue agasajado, sino que fue visto
como la pieza que transformaría las
palabras escritas de los acuerdos de paz en
una realidad tangible, de prosperidad
económica por supuesto.
Las Zonas de Libre Comercio existentes y
proyectadas en la región son ejemplos
concretos del éxito obtenido por el sector
empresarial en la promoción de sus
intereses. El concepto de Zona de Libre
Comercio aparece como parte del paquete
económico de los propios acuerdos de paz, y
las cumbres económicas son tan sólo un
ejemplo notorio del acceso que tienen los
empresarios a los decisores. El crecimiento
económico se halla en el centro mismo de la
visión del "Nuevo Medio Oriente" acuñada
por nuestro Ministro de Relaciones
Exteriores, Shimon Peres.
Se considera que el instrumento para
mejorar los niveles de vida en la región es
el crecimiento económico logrado por medio
de privatizaciones, liberalización del
comercio e inversiones privadas. Si la
inversión es dañina desde el punto de vista
ambiental, o si genera bolsillos de riqueza
extrema rodeados de pobreza, son dos temas
de gran preocupación que han sido
sofocados. El crecimiento económico no es
necesariamente malo, ya que es sumamente
importante aumentar la prosperidad
económica de la región, pero se debe
escuchar a otros sectores, tanto formal
como informalmente, y no sólo a los
intereses económicos.
Los ecologistas han tenido vedado el
acceso a todas las cumbres económicas hasta
la fecha. Se nos ha dicho que la expresión
de preocupaciones ambientales impediría
atraer a la región las codiciadas
inversiones. Pero la prosperidad económica
no constituye el único objetivo de la paz.
¿Qué tipo de desarrollo queremos: nuevas
autopistas construidas sobre nuestros
últimos espacios verdes para transportar
los productos de las nuevas actividades
económicas, ó la reconstrucción de la
infraestructura ferroviaria en la región?
¿Las zonas de libre comercio, o zonas
francas, donde rigen bajos salarios y pocas
o ninguna norma ambiental forman acaso
parte de la solución o son, por el
contrario, la causa de problemas sociales y
ambientales muy graves?
Las recientes manifestaciones en Seattle
contra la Organización Mundial del Comercio
y el fracaso de la reunión oficial que no
pudo llegar a ningún acuerdo, son muestras
de lo que sucede cuando el sistema hace
caso omiso del interés público. Las
instituciones públicas ya no se pueden dar
más el lujo de escuchar sólo a una de las
partes interesadas, como si la industria
poseyera la única visión posible sobre el
futuro. El proceso de paz no es una
excepción. Las estructuras formales e
informales del proceso de paz no sólo
atañen a la seguridad, sino que conciernen
al diseño de modelos de desarrollo y
prioridades para nuestra región. Es tiempo
de que los arquitectos del proceso de paz
inviten a otros sectores interesados
-ambientales y sociales- para desafiar y
modificar la visión convencional del logro
de la paz únicamente por medio de la
prosperidad económica
Gidon Bromberg, AT Medio
Oriente