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- Info
s92norte-sur
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issue
92
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enero/marzo
2000
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CONFLICTOS NORTE-SUR
EN AMIGOS DE LA TIERRA
¿Será que se está generando una fractura
Norte-Sur, ya no solamente en el movimiento
ecologista en general sino también al
interior mismo de Amigos de la Tierra
Internacional? Se suele suponer, con cierto
grado de superficialidad, que los grupos
ecologistas del Sur están decididos a
seguir una línea de resistencia contra las
empresas multinacionales que trasciende las
preocupaciones referidas solamente a los
impactos ambientales, para encarar también
los lazos entre economía y poder, temas de
identidad cultural y la salvaguardia del
poder de decisión local y nacional.
Asimismo, se suele suponer que los grupos
del Norte tienden a orientar más sus
acciones hacia campañas tácticas
ejemplarizantes enfocadas sobre alguna
empresa en particular, sin excluir tampoco
la posibilidad de entrar en relación con
ellas a fin de llegar a acuerdos sobre
reformas o mejoras, que eventualmente
darían por terminada la campaña.
Una demarcación tan simplista como la que
acabamos de describir hace aparecer las
acciones del Sur como ingenuas, extremistas
o ineficaces, mientras se sospecha que las
del Norte son oportunistas, que fomentan la
colaboración y el compromiso y que
refuerzan las estructuras de poder
mundiales.
Nuestras fuerzas
Yo considero apropiado que nosotros
confrontemos esas tensiones. Pero antes de
hacerlo, es igualmente importante reconocer
el respeto que nos merecen los grupos y
personas que constituyen Amigos del Tierra
Internacional.
En primer lugar, nuestros grupos tanto del
Norte como del Sur son organizaciones
radicales, ferozmente independientes y sin
ataduras partidarias ni económicas. Tanto
en el Norte como en el Sur hemos rechazado
financiamiento, a nivel personal como
organizativo, a fin de preservar nuestra
independencia, incluso a costa de bajos
salarios y hasta la pérdida del empleo para
parte de nuestro personal. Tanto en el
Norte como en el Sur tenemos funcionarios y
voluntarios que han sido vigilados,
amenazados, arrestados, apaleados e
incluso, que han perdido la vida en
circunstancias por demás misteriosas.
Miremos nomás los casos de Nigeria,
Eslovaquia, Costa Rica, Estonia, El
Salvador, Indonesia, Inglaterra ... y la
lista continúa.
En segundo lugar, debemos reconocer que
más allá de las discusiones que podamos
tener entre nosotros acerca de los méritos
de los conceptos de espacio ambiental y
deuda ecológica como medidas e indicadores
del desarrollo sustentable, conjuntamente
hemos fijado una agenda radical que supera
la capacidad y la voluntad política que
tienen actualmente los gobiernos y las
empresas para satisfacerla.
En tanto que movimiento mundial ecologista
fundado en la independencia política y
económica, en sólidas investigaciones, en
experiencia de base y activismo radical, no
cabe duda que Amigos de la Tierra
Internacional es única en el mundo.
Los desafíos que enfrentamos
Sin embargo esto no quiere decir que no
debamos examinar algunas preocupaciones e
inquietudes muy arraigadas. En mi
experiencia, hay tres estribillos que se
repiten permanentemente: desde el Sur,
acerca del modo en que hacemos campañas y
sobre nuestra postura frente al sector
empresarial; y desde el Norte, sobre cómo
hacer para que nuestra agenda tenga
relevancia.
Veamos primero la arquitectura de nuestras
campañas. No cabe duda que nuestras
campañas están diseñadas fundamentalmente
en base a las experiencias del Norte. Esta
crítica quizás pueda sorprender e incluso
herir a nuestros dedicados activistas de
campañas en los grupos del Norte. Después
de todo, ATI cuenta con un extenso
historial de campañas eficaces de acoso y
desenmascaramiento de empresas que han
contaminado nuestro ambiente y estropeado
nuestros recursos naturales. Nuestras
campañas han sido sumamente eficaces en
atraer a la prensa y hemos hecho el mejor
uso de recursos siempre escasos. De ese
modo hemos podido hacer blanco en empresas
como Río Tinto Zinc, Shell y Monsanto con
efectos importantes.
Para muchos grupos del Sur el diseño de
campañas se basa en estrategias de largo
plazo. La idea de una campaña corta e
intensa, dirigida a atraer el interés
notoriamente veleidoso e inconstante de la
prensa o sujeta a fatiga financiera,
resulta poco atractiva puesto que las
empresas y sus actividades seguirán
existiendo mucho tiempo después que la
campaña que las cuestiona haya dejado de
ser una prioridad. En segundo lugar, porque
los objetivos de las campañas del tipo de
las del Norte suelen ser tácticos en lugar
de estratégicos, resultando potencialmente
en que algunos 'éxitos' (como lograr que
una empresa entre a formar parte de una
cadena mundial de suministro basada en la
'responsabilidad del productor' puedan
eventualmente servir para afianzar el poder
económico de las multinacionales. Es justo
decir que los grupos AT hace ya tiempo que
son conscientes de este dilema y es por eso
que hemos evitado, por ejemplo, la
iniciativa de instaurar un Consejo de
Gestión Marina, fuertemente promocionada
por Unilever y apoyada por una importante
organización conservacionista
internacional
La preocupación siempre presente de que
nuestro relacionamiento con grandes
empresas pueda sofocar la ira expresada por
los grupos del Sur constituye una constante
que nos recuerda que debemos estudiar y
sopesar cuidadosamente los términos en los
que establecemos cualquier vínculo
corporativo. En realidad, sin embargo, el
número de empresas con las que AT ha tenido
discusiones o acuerdos bilaterales está
ampliamente eclipsado por la cantidad de
empresas contra las cuales hemos
desarrollado nuestras campañas,
exponiéndolas ante el público y a la
investigación periodística, e incluso
forzándolas a introducir cambios en contra
de su voluntad.
No obstante, somos conscientes que las
grandes empresas están embarcadas en una
política de relacionamiento, dirigida a
involucrar a los grupos en reuniones
conjuntas para promover su comprensión de
los problemas del sector empresarial y
discutir mejoras. Si los grupos se niegan a
participar en esta especie de
cuasi-consultas, pueden ser entonces
tachados por las empresas como extremistas
desinteresados en encontrar soluciones. El
desafío que enfrentamos es saber
diferenciar las relaciones que puedan
resultar en cambios importantes respecto a
los impactos ambientales de la empresa, de
aquellas que sólo son maquillaje verde. En
segundo lugar, debemos estar siempre
alertas al hecho que las empresas siempre
pueden abusar de cualquier relación, por
más bien intencionada que ella sea. Podemos
citar ejemplos de compañías petroleras, del
sector energético y de tratamiento de
basuras que en diversos momentos han
declarado que AT prefiere sus productos,
sus políticas o su compañía frente a las
competidoras.
Discutir el impacto de una empresa en
particular es una cosa, mientras que
discutir el papel del sector empresarial en
el desarrollo sustentable es otra muy
distinta. Personalmente creo que nuestro
mensaje debe ser directo e inequívoco. La
dimensión de los cambios que ATI desea ver
realizados en base a su análisis (bien sea
empleando el concepto de deuda ecológica o
el de espacio ambiental) supera las
posibilidades de las empresas y los
gobiernos. A quienes piensan que están
creando la arquitectura para el desarrollo
sustentable debemos recordarles
constantemente su fracaso, debido a sus
compromisos y actitud conciliadora y al
contrapeso de los imperativos económicos de
los gobiernos nacionales y los accionistas
de las empresas. La Cumbre sobre el Clima
realizada en Kioto constituye un ejemplo
típico de este fracaso.
En los años que representé a Amigos de la
Tierra Internacional nunca tuve necesidad
de poner en tela de juicio y comprometer
esa postura, bien fuera discutiendo una
plataforma con el Consejo Mundial
Empresarial para el Desarrollo Sustentable,
La Comisión Europea o la OCDE. Es más, no
entiendo porqué deberíamos siquiera
hacernos presentes en tales eventos si no
es para presentar este enfoque. ATI debe
alentar a sus grupos del Sur para que ellos
mismos inyecten directamente estas
posiciones en esos ámbitos económicos y
políticos y para que rompan con ese estilo
propio del Norte de resolver los problemas
y con la atmósfera académica que allí
prevalece.
Pero también existe un desafío para los
grupos del Sur, que deben hacerse sensibles
a las realidades políticas y el contexto
social en el que operan los grupos del
Norte. Dicho sencillamente, el Norte no
está exento de pobreza o de comunidades
excluidas socialmente. De hecho, algunos
activistas que están comprometidos
combatiendo esa marginalización en el Norte
piensan que los ecologistas no se preocupan
por la gente que tiene la aspiración
legítima de liberar a sus hijos de esas
condiciones. Sería política y moralmente
imposible siquiera sugerir que los grupos
marginados del Norte deban pagar el precio
de la apropiación excesiva de espacio
ambiental por parte de los países
industrializados.
Si hemos de avanzar hacia el desarrollo
sustentable, debemos hacerlo con base en la
justicia ambiental. Desde mi punto de vista
ello quiere decir, en primer lugar, encarar
la degradación del medio ambiente en la
vida real-y sus causas--, que es lo que
determina la calidad de vida de mucha gente
pobre en el Norte como en el Sur. Esto
puede significar adoptar medidas para
reducir los efectos contaminantes de
ciertas empresas y convencerlas de ir más
allá de lo estipulado en la legislación
vigente, a fin de proteger a aquellos en
situación de mayor vulnerabilidad. Por lo
general, quienes habitan más cerca de una
refinería de petróleo, una mina a cielo
abierto o un incinerador de desechos
tóxicos son gente pobre que depende del
apoyo de grupos como Amigos de la Tierra
para sus campañas, que no necesariamente
tienen como objetivo principal socavar la
posición de la empresa, sino más bien
discutir y modificar la realidad cotidiana
de su funcionamiento.
Los grupos del Norte también entienden la
resistencia, y todos hemos estado
involucrados en campañas para detener
proyectos contaminantes o derrochadores.
Sin embargo, en el pasado hemos perdido
algunas de esas campañas y lo seguiremos
haciendo también en el futuro, y la verdad
es que no podemos abandonar a las
comunidades que tienen que vivir con las
consecuencias. De tal modo que, al igual
que en el Sur, debemos tratar de minimizar
el impacto de esas empresas, lo cual puede
significar ejercer presión para que surjan
iniciativas políticas legislativas o
negociar con las empresas en cuestión para
que vayan más allá de lo que exigen las
normas vigentes. Todos estamos de acuerdo
en la necesidad de poner en práctica
modelos alternativos de desarrollo y
cambiar fundamentalmente las relaciones de
poder en la sociedad; sabemos también que
nuestra legitimidad deriva de nuestra
experiencia de trabajo popular y de base
con y para las comunidades, jamás
apartándonos de sus luchas.
Mis experiencias de los últimos seis años
en ATI (tres de los cuales como Presidente)
me han llevado a pensar que en términos de
campañas, ni ATI ni nuestros grupos
miembros jamás han comprometido los valores
que con tanto celo defendemos. Sin embargo,
si pienso que en nuestra impaciencia por
diseñar campañas que encaren los temas
acuciantes con los que nos enfrentamos, no
hemos generado el espacio necesario para un
debate maduro políticamente y sensible a
nuestras diferencias culturales, que nos
permita articular mejor esas campañas. En
segundo lugar, pienso que a medida que
crecemos en tamaño deberíamos ir
incorporando metodologías de trabajo que
incluyan distintos enfoques-trabajar desde
dentro y desde afuera; negociar y
manifestarse en las calles; activista de
base y estratega político-siempre y cuando
permanezcamos unidos por nuestra franqueza,
nuestros objetivos comunes y nuestro
enfoque radical.
Kevin Dunion, AT Escocia
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