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enero/marzo 2000   

 

EL NUEVO PROTOCOLO DE BIOSEGURIDAD
La lucha por el derecho a decir NO a los transgénicos
"Pas d'OGM dans mon assiette! No GMOs on my plate!" "No quiero OGMs en mi plato!" cantaban cientos de personas que marcharon por las calles de Montreal en enero de este año. Un puñado de activistas de Amigos de la Tierra (AT), provenientes de los grupos de Canadá, Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, Alemania, Paraguay, Estados Unidos, Uruguay y de la oficina de AT Europa, se encontraba entre los manifestantes desafiando el día más frío del invierno, con una temperatura que llegó a 38 grados Celsius bajo cero. Ellos vinieron a Montreal para exigirle a los gobiernos del mundo allí reunidos que impidiesen que las empresas de la biotecnología nos obliguen a consumir OGMs (Organismos Genéticamente Modificados) en la comida y la agricultura. Los gobiernos estaban reunidos en un último intento por llegar a un acuerdo sobre un Protocolo de Bioseguridad-un conjunto de normas internacionales para proteger la biodiversidad y el bienestar humano de los riesgos muy serios que supone la importación y exportación de OGMs. Los delegados oficiales debían decidir a quién darle prioridad a la hora de reglamentar los OGMs: ¿a la gente y el medio ambiente o al libre comercio?
Si decimos que el fracaso del Acuerdo Multilateral de Inversiones fue la entrada en el contexto del debate sobre comercio y medio ambiente que hizo ebullición en los últimos días del pasado milenio, y que el colapso de las negociaciones de la OMC en Seattle fue el plato principal, bien podríamos decir entonces que el Protocolo de Bioseguridad fue el postre. Mientras que en Seattle se manifestaron miles de personas para detener las negociaciones de la OMC, ATI y las ONGs reunidas en Montreal estaban decididas a que surgiera un Protocolo de Bioseguridad, fruto de las negociaciones que habían ido a monitorear en esa ciudad.
Los intentos de acuerdo sobre normas para reglamentar el movimiento internacional de OGMs estuvo empantanado en controversias desde que se iniciaron las negociaciones seis años atrás. En febrero de 1999 se rompieron por completo las negociaciones en Cartagena, Colombia, debido a las acciones de bloqueo del 'grupo de Miami'-un pequeño grupo de países exportadores de granos liderados por Estados Unidos. Siguiendo los pasos aún calientes de la 'batalla de Seattle' donde el tema de los OGMs ocasionó importantes divisiones y amenazas de guerras comerciales entre Estados Unidos y Europa, las negociaciones sobre bioseguridad constituyeron el momento decisivo entre comercio y OGMs.
Lo que estaba en juego era el derecho de los países a rechazar importaciones de OGMs, a estar informados acerca de la intención de ingreso de cargamentos conteniendo OGMs, y a decidir libremente si aceptan esos cargamentos, y a hacerlo ya no sólo en base de una evaluación de riesgos sino que haciendo uso del principio de precaución así como de consideraciones socioeconómicas. Desde luego que ninguna de estas opciones era popular entre los países que se han decidido por los OGMs o aquellos que ya han sacado provecho de la introducción subrepticia de OGMs en la agricultura y la comida. Estos países estuvieron combatiendo los principios de bioseguridad hasta el último momento, tratando de debilitar el Protocolo al punto que este beneficiara el comercio de OGMs en lugar de controlarlo. Y parecía que iban a lograr su cometido.
Algunas personas afirmaban que nada sería igual después de Seattle. Para el Protocolo sobre Bioseguridad la hora de la verdad llegó en la madrugada del día siguiente a la fecha en que supuestamente deberían concluir las negociaciones. De repente, después de varios días de tensas negociaciones, se produjo un viraje decisivo. Fuimos testigos de la figura de Teowalde, el delegado etíope y líder del grupo de países en vías de desarrollo que representaba a la mayor parte de la población mundial, moviéndose de un escenario a otro y finalmente logrando un acuerdo entre sus colegas en torno a un último texto de compromiso, teniendo por lo tanto la última palabra sobre si habría o no un Protocolo. El texto no era perfecto, pero constituía sin duda una derrota importante para los gobiernos del grupo de Miami, y minutos más tarde el ministro colombiano que presidía las sesiones anunció bajo ovaciones el nacimiento del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad.

EL VIRAJE DECISIVO

¿Cómo fue entonces que este pequeño milagro ocurrió, y qué significado tiene? El esfuerzo invertido por las ONGs en el Protocolo marcó una diferencia; de hecho, es probable que parte del texto haya sido originalmente redactado por Dan Leskien de ATI. El equipo de ATI trabajó con ahínco en Montreal: logró persuadir al ministro de medio ambiente canadiense para que se hiciera presente en las negociaciones, colocando afiches con su figura en puntos claves de la ciudad con la leyenda 'se busca'; informó a la prensa y cabildeó a los delegados oficiales; y ofreció recepciones y menús sorpresa-repletos de OGMs-para los ministros participantes. Las presiones políticas al viejo estilo aplicadas en todo el mundo aseguraron la asistencia de más de 40 ministros a la reunión, pero fueron las campañas locales de una variedad muy amplia de ONGs las que colocaron firmemente sobre la mesa de negociaciones las preocupaciones acerca de los OGMs, particularmente en Europa.
Al final dio la impresión que la mayoría de los gobiernos del mundo, fortalecidos en su postura resuelta por el resultado de Seattle, no estaban dispuestos a aceptar la táctica de intimidación aplicada por Estados Unidos y sus compinches. El grupo de Miami supo leer el mensaje en las paredes: sabían que tenían que conformarse con reducir al mínimo sus pérdidas, debido a la creciente fricción interna, al desmembramiento de sus bases de apoyo a nivel nacional y la caída de las acciones de sus principales cabildantes como la Monsanto. Sabían que si aplazaban el Protocolo durante un año más, la oposición se haría aún más fuerte y el resultado aún peor desde su punto de vista.
A pesar de la omnipresencia de la OMC y la insistencia de algunos países en que los OGMs no son diferentes de otros productos, este nuevo acuerdo ambiental multilateral confirma implícitamente que sí son diferentes y que existen motivos justificados para establecer normas firmes de control por fuera del sistema de comercio. No obstante, el Protocolo sólo es un comienzo. A pesar que no se aplica a todo tipo de OGMs, las commodities están incluidas en el Protocolo y los países tienen derecho a negar su ingreso con base al principio de precaución, cuya redacción es más enérgica que en otros casos. Si bien el Protocolo no exige que los OGMs sean automáticamente segregados de otras commodities, ese bien puede ser el resultado de muchas de sus normas. Otro asunto de extrema importancia que tampoco queda completamente claro es si un país que quiere prohibir el ingreso de OGMs puede ser sancionado según las normas del comercio internacional. El texto puede ser interpretado de cualquiera de las dos maneras, lo que al menos deja espacio para dar la pelea, y además representa un obstáculo más para el primer país que se atreva a iniciar una guerra comercial en torno a los OGMs.
Las cosas sí que han cambiado. La balanza se inclina ahora a nuestro favor y podemos presentar al mundo el primer acuerdo ambiental multilateral del nuevo milenio. Pero la lucha no ha terminado. El debate sobre OGMs, comercio y medio ambiente se desplazará a otros foros: el panel del Codex Alimentarius sobre alimentación segura discutirá los OGMs este mes en el Japón; la OCDE está organizando una conferencia en Escocia a fin de generar apoyo para los OGMs; la Unión Europea y Estados Unidos están instalando en Bruselas una serie de 'diálogos' sobre biotecnologia; las negociaciones sobre agricultura están por comenzar en la OMC; la seguridad alimentaria y la agricultura sustentable serán parte de la agenda de la Comisión de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable a fines de abril, ...
Entretanto, ATI esta planificando una campaña que involucra a toda la red, y deberíamos ser capaces de mantener el ímpetu generado en Seattle y Montreal. El desafío que enfrentamos es llevar los temas de comercio y medio ambiente a la realidad cotidiana de la gente y ayudar a los ciudadanos a ejercer su derecho a decirle NO a los OGMs, y conseguir así apoyo público para nuestra campaña. Todavía tenemos mucho por delante en nuestros platos-y cuidado con los OGMs!!

Liana Stupples, AT Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte
Para un informe más técnico y mayor información sobre la campaña, por favor diríjase al sitio de AT Europa en la Internet (www.foeeurope.org).

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