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- Info
s92protocolo
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issue
92
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enero/marzo
2000
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EL NUEVO PROTOCOLO
DE BIOSEGURIDAD
La lucha por el derecho a decir NO a
los transgénicos
"Pas d'OGM dans mon assiette! No GMOs on my
plate!" "No quiero OGMs en mi plato!"
cantaban cientos de personas que marcharon
por las calles de Montreal en enero de este
año. Un puñado de activistas de Amigos de
la Tierra (AT), provenientes de los grupos
de Canadá, Inglaterra, Gales e Irlanda del
Norte, Alemania, Paraguay, Estados Unidos,
Uruguay y de la oficina de AT Europa, se
encontraba entre los manifestantes
desafiando el día más frío del invierno,
con una temperatura que llegó a 38 grados
Celsius bajo cero. Ellos vinieron a
Montreal para exigirle a los gobiernos del
mundo allí reunidos que impidiesen que las
empresas de la biotecnología nos obliguen a
consumir OGMs (Organismos Genéticamente
Modificados) en la comida y la agricultura.
Los gobiernos estaban reunidos en un último
intento por llegar a un acuerdo sobre un
Protocolo de Bioseguridad-un conjunto de
normas internacionales para proteger la
biodiversidad y el bienestar humano de los
riesgos muy serios que supone la
importación y exportación de OGMs. Los
delegados oficiales debían decidir a quién
darle prioridad a la hora de reglamentar
los OGMs: ¿a la gente y el medio ambiente o
al libre comercio?
Si decimos que el fracaso del Acuerdo
Multilateral de Inversiones fue la entrada
en el contexto del debate sobre comercio y
medio ambiente que hizo ebullición en los
últimos días del pasado milenio, y que el
colapso de las negociaciones de la OMC en
Seattle fue el plato principal, bien
podríamos decir entonces que el Protocolo
de Bioseguridad fue el postre. Mientras que
en Seattle se manifestaron miles de
personas para detener las negociaciones de
la OMC, ATI y las ONGs reunidas en Montreal
estaban decididas a que surgiera un
Protocolo de Bioseguridad, fruto de las
negociaciones que habían ido a monitorear
en esa ciudad.
Los intentos de acuerdo sobre normas para
reglamentar el movimiento internacional de
OGMs estuvo empantanado en controversias
desde que se iniciaron las negociaciones
seis años atrás. En febrero de 1999 se
rompieron por completo las negociaciones en
Cartagena, Colombia, debido a las acciones
de bloqueo del 'grupo de Miami'-un pequeño
grupo de países exportadores de granos
liderados por Estados Unidos. Siguiendo los
pasos aún calientes de la 'batalla de
Seattle' donde el tema de los OGMs ocasionó
importantes divisiones y amenazas de
guerras comerciales entre Estados Unidos y
Europa, las negociaciones sobre
bioseguridad constituyeron el momento
decisivo entre comercio y OGMs.
Lo que estaba en juego era el derecho de
los países a rechazar importaciones de
OGMs, a estar informados acerca de la
intención de ingreso de cargamentos
conteniendo OGMs, y a decidir libremente si
aceptan esos cargamentos, y a hacerlo ya no
sólo en base de una evaluación de riesgos
sino que haciendo uso del principio de
precaución así como de consideraciones
socioeconómicas. Desde luego que ninguna de
estas opciones era popular entre los países
que se han decidido por los OGMs o aquellos
que ya han sacado provecho de la
introducción subrepticia de OGMs en la
agricultura y la comida. Estos países
estuvieron combatiendo los principios de
bioseguridad hasta el último momento,
tratando de debilitar el Protocolo al punto
que este beneficiara el comercio de OGMs en
lugar de controlarlo. Y parecía que iban a
lograr su cometido.
Algunas personas afirmaban que nada sería
igual después de Seattle. Para el Protocolo
sobre Bioseguridad la hora de la verdad
llegó en la madrugada del día siguiente a
la fecha en que supuestamente deberían
concluir las negociaciones. De repente,
después de varios días de tensas
negociaciones, se produjo un viraje
decisivo. Fuimos testigos de la figura de
Teowalde, el delegado etíope y líder del
grupo de países en vías de desarrollo que
representaba a la mayor parte de la
población mundial, moviéndose de un
escenario a otro y finalmente logrando un
acuerdo entre sus colegas en torno a un
último texto de compromiso, teniendo por lo
tanto la última palabra sobre si habría o
no un Protocolo. El texto no era perfecto,
pero constituía sin duda una derrota
importante para los gobiernos del grupo de
Miami, y minutos más tarde el ministro
colombiano que presidía las sesiones
anunció bajo ovaciones el nacimiento del
Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad.
EL VIRAJE DECISIVO
¿Cómo fue entonces que este pequeño milagro
ocurrió, y qué significado tiene? El
esfuerzo invertido por las ONGs en el
Protocolo marcó una diferencia; de hecho,
es probable que parte del texto haya sido
originalmente redactado por Dan Leskien de
ATI. El equipo de ATI trabajó con ahínco en
Montreal: logró persuadir al ministro de
medio ambiente canadiense para que se
hiciera presente en las negociaciones,
colocando afiches con su figura en puntos
claves de la ciudad con la leyenda 'se
busca'; informó a la prensa y cabildeó a
los delegados oficiales; y ofreció
recepciones y menús sorpresa-repletos de
OGMs-para los ministros participantes. Las
presiones políticas al viejo estilo
aplicadas en todo el mundo aseguraron la
asistencia de más de 40 ministros a la
reunión, pero fueron las campañas locales
de una variedad muy amplia de ONGs las que
colocaron firmemente sobre la mesa de
negociaciones las preocupaciones acerca de
los OGMs, particularmente en Europa.
Al final dio la impresión que la mayoría
de los gobiernos del mundo, fortalecidos en
su postura resuelta por el resultado de
Seattle, no estaban dispuestos a aceptar la
táctica de intimidación aplicada por
Estados Unidos y sus compinches. El grupo
de Miami supo leer el mensaje en las
paredes: sabían que tenían que conformarse
con reducir al mínimo sus pérdidas, debido
a la creciente fricción interna, al
desmembramiento de sus bases de apoyo a
nivel nacional y la caída de las acciones
de sus principales cabildantes como la
Monsanto. Sabían que si aplazaban el
Protocolo durante un año más, la oposición
se haría aún más fuerte y el resultado aún
peor desde su punto de vista.
A pesar de la omnipresencia de la OMC y la
insistencia de algunos países en que los
OGMs no son diferentes de otros productos,
este nuevo acuerdo ambiental multilateral
confirma implícitamente que sí son
diferentes y que existen motivos
justificados para establecer normas firmes
de control por fuera del sistema de
comercio. No obstante, el Protocolo sólo es
un comienzo. A pesar que no se aplica a
todo tipo de OGMs, las commodities están
incluidas en el Protocolo y los países
tienen derecho a negar su ingreso con base
al principio de precaución, cuya redacción
es más enérgica que en otros casos. Si bien
el Protocolo no exige que los OGMs sean
automáticamente segregados de otras
commodities, ese bien puede ser el
resultado de muchas de sus normas. Otro
asunto de extrema importancia que tampoco
queda completamente claro es si un país que
quiere prohibir el ingreso de OGMs puede
ser sancionado según las normas del
comercio internacional. El texto puede ser
interpretado de cualquiera de las dos
maneras, lo que al menos deja espacio para
dar la pelea, y además representa un
obstáculo más para el primer país que se
atreva a iniciar una guerra comercial en
torno a los OGMs.
Las cosas sí que han cambiado. La balanza
se inclina ahora a nuestro favor y podemos
presentar al mundo el primer acuerdo
ambiental multilateral del nuevo milenio.
Pero la lucha no ha terminado. El debate
sobre OGMs, comercio y medio ambiente se
desplazará a otros foros: el panel del
Codex Alimentarius sobre alimentación
segura discutirá los OGMs este mes en el
Japón; la OCDE está organizando una
conferencia en Escocia a fin de generar
apoyo para los OGMs; la Unión Europea y
Estados Unidos están instalando en Bruselas
una serie de 'diálogos' sobre
biotecnologia; las negociaciones sobre
agricultura están por comenzar en la OMC;
la seguridad alimentaria y la agricultura
sustentable serán parte de la agenda de la
Comisión de las Naciones Unidas para el
Desarrollo Sustentable a fines de abril,
...
Entretanto, ATI esta planificando una
campaña que involucra a toda la red, y
deberíamos ser capaces de mantener el
ímpetu generado en Seattle y Montreal. El
desafío que enfrentamos es llevar los temas
de comercio y medio ambiente a la realidad
cotidiana de la gente y ayudar a los
ciudadanos a ejercer su derecho a decirle
NO a los OGMs, y conseguir así apoyo
público para nuestra campaña. Todavía
tenemos mucho por delante en nuestros
platos-y cuidado con los OGMs!!
Liana Stupples, AT Inglaterra, Gales
e Irlanda del Norte
Para un informe más técnico y mayor
información sobre la campaña, por favor
diríjase al sitio de AT Europa en la
Internet (www.foeeurope.org).
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