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enero/marzo 2000   

 

¡NO MÁS SAQUEO!
El Tercer Mundo es acreedor de una Deuda Ecológica
No cabe duda de que el ambiente del planeta se está deteriorando. Los modelos de producción y los patrones de consumo que orientan y sustentan las economías del Norte han alterado los ciclos naturales en todo el mundo. Científicamente se ha comprobado el cambio climático, producto de emisiones excesivas de anhídrido carbónico. Sus efectos nefastos -tales como modificaciones en el comportamiento del clima, inundaciones, huracanes, incremento del nivel del mar- se hacen sentir diariamente y han arrasado pueblos enteros y sus medios de sustento. La lista continúa: deforestación, contaminación ambiental, extracción intensiva de recursos naturales a un ritmo creciente. Todo esto es producto de un modelo de desarrollo que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría de los seres humanos y la capacidad regenerativa natural del planeta. Según Naciones Unidas, el 20% más rico de la población mundial, que en su gran mayoría habita los países del Norte, consume el 80% de la riqueza natural del planeta.

¿Qué es la Deuda Ecológica?

La "Deuda Ecológica" es la responsabilidad acumulada de los países industrializados por la destrucción que han causado sus modelos de producción y patrones de consumo. La extracción de riquezas naturales realizada por el Norte a expensas de los pueblos del Sur ha provocado la contaminación del patrimonio cultural y la degradación de los medios de sustento de las comunidades. La deuda ecológica incluye también la apropiación ilegítima de la atmósfera y la capacidad de absorción del planeta por parte del mundo industrializado. Esta deuda es el resultado de un modelo de desarrollo que se está diseminando por todo el mundo y que amenaza a las economías locales más sustentables. Concretamente, los principales orígenes de la deuda ecológica son los siguientes:
  • El saqueo, la destrucción y la devastación a manos de los países ricos durante el período colonial.
  • La extracción de recursos naturales (petróleo, minerales y recursos marinos, forestales y genéticos) que continúa destruyendo los medios de sustento de los pueblos del Sur.
  • Términos de intercambio ecológicamente desiguales, teniendo cuenta que se exportan bienes a costos que no internalizan los impactos sociales y ambientales ocasionados por su extracción o producción.
  • La apropiación intelectual y el uso de los conocimientos tradicionales sobre semillas y plantas medicinales en los que se basan la biotecnología y la agroindustria moderna, por los que ahora se pretende que los países del Tercer Mundo paguen regalías.
  • El uso y degradación de las mejores tierras, del agua, el aire y la energía humana, para la producción de cultivos de exportación, poniendo en peligro la soberanía cultural y alimentaria de las comunidades, tanto a nivel local como nacional.
  • La contaminación de la atmósfera por los países industrializados que emiten cantidades desproporcionadamente altas de gases que provocan el cambio climático y el debilitamiento de la capa de ozono.
  • La apropiación ilegítima de la atmósfera y de la capacidad de absorción de carbono propia de los océanos y de la vegetación.
  • La producción de armas y sustancias químicas y nucleares, y los desechos tóxicos que son depositados en el Tercer Mundo.
En efecto, el nivel de vida que disfrutan los países industrializados se debe en gran parte al inmenso flujo de recursos naturales, financieros y de mano de obra (esclava o mal paga) que reciben del Tercer Mundo. Estos flujos no incorporan los daños sociales y ambientales causados por la extracción de recursos. En otras palabras, los países empobrecidos del Sur están subsidiando a los países ricos del Norte!
La extracción de metales preciosos y otros recursos en el período colonial fue realizada en forma abiertamente violenta, pero hoy en día los métodos utilizados para el saqueo son más sutiles. Las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio pretenden dictar políticas económicas que perpetúen este sistema de dominación y control del comercio de recursos financieros y naturales.
Esto lo realizan a través de diversos mecanismos, incluyendo los siguientes: la deuda externa promovida por los países del Norte; la reglamentación del mercado internacional en términos favorables a las economías del Norte; flujos de inversión extranjera; privatización de la energía, las comunicaciones, el agua y el suelo; la revolución verde en la agricultura; la práctica del "libre" comercio; la realidad de la dependencia tecnológica y las leyes de propiedad intelectual.
Los países del Tercer Mundo se encuentran hoy en día presionados a aumentar sus exportaciones con la excusa de que deben cumplir con sus obligaciones respecto a la deuda externa. Los impactos sociales y ambientales consiguientes están bien documentados, y cuanto más exportan menos reciben nuestros países. Por ejemplo, entre 1980 y 1995, el volumen de exportaciones desde América Latina creció en un 245%. Entre 1985 y 1996, se extrajeron y exportaron 2.706 millones de toneladas de recursos básicos, la mayoría no renovables. Sin embargo, esa cifra no incluye la cantidad de recursos que fueron transformados, destruidos o trasladados para producir estas exportaciones y que nadie ha calculado, ni tampoco la cantidad de personas afectadas o desplazadas.
Mientras tanto, entre 1982 y 1996, América Latina devolvió US$ 740 mil millones por concepto de obligaciones de deuda, más del doble de los US$ 300 mil millones que debía en 1982. A pesar de esto la deuda no ha disminuido, sino que se ha incrementado a US$ 607 mil millones debido a un aumento arbitrario en las tasas de interés.
El Sur ya devolvió mucho más de lo que debía-tanto en términos financieros, como en términos del inmenso flujo de recursos de bienes naturales y mano de obra barata que salen del Tercer Mundo-a pesar que esa deuda es ilegítima debido a las condiciones en que se acordaron los préstamos y los créditos, la corrupción en la contratación de los préstamos y la especulación en los mercados financieros. La deuda ecológica agrega una gruesa capa más a las obligaciones de los países industrializados para con el Tercer Mundo.

Aurora Donoso, AT Ecuador

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