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- Info
s92victory
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issue
92
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enero/marzo
2000
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¡VICTORIA EN
SEATTLE!
Se disipó la bomba ronda del
milenio
El fracaso de la Conferencia
Ministerial de la OMC en Seattle a fines
del año pasado logró interrumpir el proceso
de liberalización comercial por el que
tanto han pujado muchos gobiernos y
empresas. Esta importante campaña
victoriosa nos brinda una oportunidad
singular para recapacitar acerca del
propósito mismo del comercio internacional:
¿de qué manera puede la gente intercambiar
los bienes y servicios que necesita, bajo
sistemas justos y sustentables?
La campaña de ATI para Frenar la Ronda
del Milenio concluyó abruptamente-bueno, se
interrumpió momentáneamente-cuando las
conversaciones de la OMC se desplomaron en
Seattle a principios de diciembre último.
Incluso los más optimistas entre nosotros
suponíamos que los gobiernos encontrarían
la forma de presentar algunas conclusiones,
de producir algún tipo de documento
exultante de optimismo y de elaborar una
agenda para futuras negociaciones. Pero los
antagonismos fueron tales que no se acordó
nada en absoluto. Para la gente y el medio
ambiente el resultado no podría haber sido
mejor.
Fueron cuatro los motivos del fracaso de
las negociaciones: la oposición de la
sociedad civil; los conflictos entre los
países desarrollados y en vías de
desarrollo; los desacuerdos entre los
propios países desarrollados; y
procedimientos asombrosamente pobres.
La Rebelión de la Sociedad Civil
Cerca de 50 mil manifestantes en Seattle
dieron fe del grado de oposición a la ronda
por parte de los grupos de Estados Unidos y
el resto del mundo. La oposición pública
era general: la declaración internacional
que sirvió de base a la campaña para
'Frenar la Ronda' fue firmada por casi 1500
organizaciones de todo tipo en alrededor de
90 países. ATI estuvo presente en Seattle
con una delegación de 40 delegados de 20
países distintos, dando argumentos
contundentes en contra de la nueva ronda,
esgrimiendo motivos tanto ambientales como
sociales y de desarrollo.
La gran mayoría de los manifestantes en
Seattle eran pacíficos. Los disturbios se
originaron por la respuesta de un cuerpo
policial metropolitano falto de
entrenamiento para enfrentar la acción
directa no-violenta en gran escala y por la
acción de un pequeño grupo de individuos
menos moderados. La policía al final
recurrió a los gases lacrimógenos y las
balas de goma para dispersar las protestas
e impuso el toque de queda en el centro de
la ciudad. Estas acciones represivas
enfurecieron aún más a los manifestantes,
provocando que las protestas se prolongaran
durante toda la semana y concitando gran
atención de los medios a nivel mundial. En
definitiva, se hizo bastante evidente que
las manifestaciones y el retraso
consiguiente en la agenda oficial afectaron
de manera importante a los
negociadores.
Es más, resulta claro que la oposición de
la sociedad civil alentó a los gobiernos de
distintos países a oponerse a varios de los
elementos propuestos en las negociaciones.
En otras palabras, les fue más fácil
resistirse a las presiones a las que
habitualmente están sujetos para conseguir
su conformidad. Ese era exactamente el
objetivo que nos proponíamos y en ello
radicó el éxito de la coalición de ONGs y
organizaciones populares que nos oposimos a
la Ronda del Milenio.
Conflicto Norte-Sur
Ya desde un principio había algunos países
en vías de desarrollo, especialmente en el
África y Asia, que rechazaban por varios
motivos la inclusión de nuevos temas en las
negociaciones: por falta de capacidad, por
el historial de la OMC, y por preocupación
de que la inversión externa sin
restricciones no resultase beneficiosa para
sus países. Los acuerdos firmados
previamente sobre temas como agricultura y
derechos de propiedad intelectual estaban
claramente sesgados en beneficio de los
países ricos, y su aplicación ha trabajado
en contra de los intereses de los más
pobres.
A nivel de procedimientos, el presidente
del grupo de trabajo sobre nuevos temas
tales como normas de competencia o
reglamentación de las inversiones, se
mostró muy poco favorable a las
intervenciones de los países en vías de
desarrollo. A algunos de esos países
también les fue negado el acceso a algunas
de las reuniones clave, llamadas de 'sala
verde'. Más en general, Estados Unidos se
negó sistemáticamente a tratar los temas de
implementación, que eran de máxima
prioridad para los países en vías de
desarrollo.
Conflicto Norte-Norte
También hubo desacuerdos entre los países
desarrollados que nunca fueron resueltos.
En particular, Francia, Noruega y Japón
mantenían diversos grados de resistencia
frente a las propuestas de reducción de los
subsidios en la agricultura. Además, el
incidente entre la Comisión Europea y sus
Estados miembros en torno a la
biotecnología fue muy significativo, ya que
la mayoría de ellos se oponía a la
constitución de un grupo de trabajo sobre
biotecnología, algo que constituía una
exigencia clave de los Estados Unidos.
Procedimientos de la OMC
Los procedimientos que se emplearon durante
las reuniones fueron la gota que colmó el
vaso para muchos gobiernos. Fue muy
inoportuno e inconveniente que Charlene
Barshefsky presidiera las negociaciones
siendo al mismo tiempo la negociadora
principal por los Estados Unidos. Su
gestión dejaba muchas veces la impresión de
que manipulaba la agenda para ajustarla a
los intereses de su gobierno, a la vez que
rechazaba dar cabida a las objeciones
presentadas por los países en vías de
desarrollo respecto al procedimiento.
Cuando se la cuestionó, amenazó con emplear
procedimientos aún más restrictivos en caso
que los grupos de trabajo no llegasen a un
acuerdo.
ATI en Acción
Con una delegación de 40 activistas de todo
el mundo, Amigos de la Tierra Internacional
pudo mantener una presencia muy visible
tanto adentro como afuera del centro de
conferencias de Seattle. Nuestra presencia
numerosa nos permitió conformar grupos de
trabajo para cubrir lo que sucedía tanto en
el centro de conferencias como en los
distintos locales donde se desarrollaban
actividades de ONGs; para participar en las
manifestaciones y en reuniones informativas
claves convocadas por los gobiernos en el
centro de conferencias; para celebrar
varias conferencias de prensa y para
publicar oportunamente comunicados de
prensa periódicos y muy bien informados, e
incluso para iniciar acciones publicitarias
sobre los bosques y los alimentos
genéticamente modificados en el interior
mismo del centro oficial de prensa
(acciones que fueron bien recibidas por la
prensa, pero no así por la CIA!). La
mayoría de nuestros activistas mantuvieron
contacto permanente con sus delegaciones
oficiales durante toda la semana,
constituyendo una fuente de información muy
importante que nos permitió incluso estar
entre los primeros en saber del colapso de
las negociaciones y reaccionar
inmediatamente frente al hecho.
ATI también organizó durante las
negociaciones el primer concurso anual de
los mayores destructores de la OMC,
laureando con certificados a gobiernos y
empresas específicas que se han destacado
por promover incansablemente políticas de
comercio perjudiciales. Los premiados este
año fueron Canadá y la Monsanto (por su
ahínco en forzarnos a comer alimentos
transgénicos); Estados Unidos y la American
Forest and Paper Association (por
traicionar a los bosques del mundo); y la
Unión Europea y la Nestlé (por forzar
inversiones indeseadas sobre los países en
vías de desarrollo).
La OMC y el Futuro
Tras las fallidas negociaciones se vienen
dando pronunciamientos de toda índole y
procedencia acerca de la continuación de la
ronda, pero todos ellos parecen
definitivamente débiles y vacilantes. Con
la Unión Europea y Estados Unidos todavía
peleando por los resultados de la
conferencia ministerial --discutiendo si
hay que archivarlos por completo o si deben
constituir la base para futuras
negociaciones-- se rumora que nada pasará
antes de las elecciones presidenciales de
los Estados Unidos en noviembre.
El grado de oposición a la Ronda del
Milenio y sus nuevos temas devela la
necesidad de una reforma sustancial del
sistema de comercio internacional. El
sistema actual es inequitativo,
insostenible y está diseñado para que las
grandes multinacionales se beneficien
mediante la desreglamentación y un mayor
acceso a los mercados.
Una reforma sustancial del sistema podría
incluir los siguientes aspectos: una
revisión exhaustiva de los efectos sociales
y ambientales de la liberalización del
comercio; la incorporación de normas
vinculantes (de cumplimiento obligatorio)
para controlar las actividades de las
empresas multinacionales; excluir de la OMC
a la agricultura; eliminar las
disposiciones que obligan a patentar las
variedades vegetales y los procesos
microbiológicos bajo el Acuerdo de la OMC
sobre Derechos de Propiedad Intelectual
relacionados con el Comercio (ADPIC -en
inglés TRIPS); excluir del ADPIC al
conjunto de la diversidad biológica; un
nuevo convenio de la ONU que esclarezca la
jerarquía de los acuerdos ambientales
multilaterales; fondos frescos y cuantiosos
para fortalecimiento institucional de los
países en vías de desarrollo; una moratoria
sobre las controversias en la OMC referidas
al medio ambiente y el desarrollo; y la
creación de una corte internacional
alternativa de carácter vinculante que no
priorice al comercio sobre el medio
ambiente.
El éxito alcanzado en Seattle significa
que ATI y otros grupos ahora tienen una
oportunidad sin precedentes para presionar
por cambios positivos en el sistema mundial
de comercio. Nosotros seguiremos luchando
por un sistema basado en la equidad, los
límites ambientales, la precaución y el
control de las actividades de las
multinacionales. Lograrlo no será una tarea
fácil, pero ATI está en óptimas condiciones
de asumir esa responsabilidad.
Ronnie Hall, AT Inglaterra, Gales e
Irlanda del Norte.
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