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enero/marzo 2000   

 

¡VICTORIA EN SEATTLE!
Se disipó la bomba ronda del milenio
El fracaso de la Conferencia Ministerial de la OMC en Seattle a fines del año pasado logró interrumpir el proceso de liberalización comercial por el que tanto han pujado muchos gobiernos y empresas. Esta importante campaña victoriosa nos brinda una oportunidad singular para recapacitar acerca del propósito mismo del comercio internacional: ¿de qué manera puede la gente intercambiar los bienes y servicios que necesita, bajo sistemas justos y sustentables?

La campaña de ATI para Frenar la Ronda del Milenio concluyó abruptamente-bueno, se interrumpió momentáneamente-cuando las conversaciones de la OMC se desplomaron en Seattle a principios de diciembre último. Incluso los más optimistas entre nosotros suponíamos que los gobiernos encontrarían la forma de presentar algunas conclusiones, de producir algún tipo de documento exultante de optimismo y de elaborar una agenda para futuras negociaciones. Pero los antagonismos fueron tales que no se acordó nada en absoluto. Para la gente y el medio ambiente el resultado no podría haber sido mejor.
Fueron cuatro los motivos del fracaso de las negociaciones: la oposición de la sociedad civil; los conflictos entre los países desarrollados y en vías de desarrollo; los desacuerdos entre los propios países desarrollados; y procedimientos asombrosamente pobres.

La Rebelión de la Sociedad Civil

Cerca de 50 mil manifestantes en Seattle dieron fe del grado de oposición a la ronda por parte de los grupos de Estados Unidos y el resto del mundo. La oposición pública era general: la declaración internacional que sirvió de base a la campaña para 'Frenar la Ronda' fue firmada por casi 1500 organizaciones de todo tipo en alrededor de 90 países. ATI estuvo presente en Seattle con una delegación de 40 delegados de 20 países distintos, dando argumentos contundentes en contra de la nueva ronda, esgrimiendo motivos tanto ambientales como sociales y de desarrollo.
La gran mayoría de los manifestantes en Seattle eran pacíficos. Los disturbios se originaron por la respuesta de un cuerpo policial metropolitano falto de entrenamiento para enfrentar la acción directa no-violenta en gran escala y por la acción de un pequeño grupo de individuos menos moderados. La policía al final recurrió a los gases lacrimógenos y las balas de goma para dispersar las protestas e impuso el toque de queda en el centro de la ciudad. Estas acciones represivas enfurecieron aún más a los manifestantes, provocando que las protestas se prolongaran durante toda la semana y concitando gran atención de los medios a nivel mundial. En definitiva, se hizo bastante evidente que las manifestaciones y el retraso consiguiente en la agenda oficial afectaron de manera importante a los negociadores.
Es más, resulta claro que la oposición de la sociedad civil alentó a los gobiernos de distintos países a oponerse a varios de los elementos propuestos en las negociaciones. En otras palabras, les fue más fácil resistirse a las presiones a las que habitualmente están sujetos para conseguir su conformidad. Ese era exactamente el objetivo que nos proponíamos y en ello radicó el éxito de la coalición de ONGs y organizaciones populares que nos oposimos a la Ronda del Milenio.

Conflicto Norte-Sur

Ya desde un principio había algunos países en vías de desarrollo, especialmente en el África y Asia, que rechazaban por varios motivos la inclusión de nuevos temas en las negociaciones: por falta de capacidad, por el historial de la OMC, y por preocupación de que la inversión externa sin restricciones no resultase beneficiosa para sus países. Los acuerdos firmados previamente sobre temas como agricultura y derechos de propiedad intelectual estaban claramente sesgados en beneficio de los países ricos, y su aplicación ha trabajado en contra de los intereses de los más pobres.
A nivel de procedimientos, el presidente del grupo de trabajo sobre nuevos temas tales como normas de competencia o reglamentación de las inversiones, se mostró muy poco favorable a las intervenciones de los países en vías de desarrollo. A algunos de esos países también les fue negado el acceso a algunas de las reuniones clave, llamadas de 'sala verde'. Más en general, Estados Unidos se negó sistemáticamente a tratar los temas de implementación, que eran de máxima prioridad para los países en vías de desarrollo.

Conflicto Norte-Norte

También hubo desacuerdos entre los países desarrollados que nunca fueron resueltos. En particular, Francia, Noruega y Japón mantenían diversos grados de resistencia frente a las propuestas de reducción de los subsidios en la agricultura. Además, el incidente entre la Comisión Europea y sus Estados miembros en torno a la biotecnología fue muy significativo, ya que la mayoría de ellos se oponía a la constitución de un grupo de trabajo sobre biotecnología, algo que constituía una exigencia clave de los Estados Unidos.

Procedimientos de la OMC

Los procedimientos que se emplearon durante las reuniones fueron la gota que colmó el vaso para muchos gobiernos. Fue muy inoportuno e inconveniente que Charlene Barshefsky presidiera las negociaciones siendo al mismo tiempo la negociadora principal por los Estados Unidos. Su gestión dejaba muchas veces la impresión de que manipulaba la agenda para ajustarla a los intereses de su gobierno, a la vez que rechazaba dar cabida a las objeciones presentadas por los países en vías de desarrollo respecto al procedimiento. Cuando se la cuestionó, amenazó con emplear procedimientos aún más restrictivos en caso que los grupos de trabajo no llegasen a un acuerdo.

ATI en Acción

Con una delegación de 40 activistas de todo el mundo, Amigos de la Tierra Internacional pudo mantener una presencia muy visible tanto adentro como afuera del centro de conferencias de Seattle. Nuestra presencia numerosa nos permitió conformar grupos de trabajo para cubrir lo que sucedía tanto en el centro de conferencias como en los distintos locales donde se desarrollaban actividades de ONGs; para participar en las manifestaciones y en reuniones informativas claves convocadas por los gobiernos en el centro de conferencias; para celebrar varias conferencias de prensa y para publicar oportunamente comunicados de prensa periódicos y muy bien informados, e incluso para iniciar acciones publicitarias sobre los bosques y los alimentos genéticamente modificados en el interior mismo del centro oficial de prensa (acciones que fueron bien recibidas por la prensa, pero no así por la CIA!). La mayoría de nuestros activistas mantuvieron contacto permanente con sus delegaciones oficiales durante toda la semana, constituyendo una fuente de información muy importante que nos permitió incluso estar entre los primeros en saber del colapso de las negociaciones y reaccionar inmediatamente frente al hecho.
ATI también organizó durante las negociaciones el primer concurso anual de los mayores destructores de la OMC, laureando con certificados a gobiernos y empresas específicas que se han destacado por promover incansablemente políticas de comercio perjudiciales. Los premiados este año fueron Canadá y la Monsanto (por su ahínco en forzarnos a comer alimentos transgénicos); Estados Unidos y la American Forest and Paper Association (por traicionar a los bosques del mundo); y la Unión Europea y la Nestlé (por forzar inversiones indeseadas sobre los países en vías de desarrollo).

La OMC y el Futuro

Tras las fallidas negociaciones se vienen dando pronunciamientos de toda índole y procedencia acerca de la continuación de la ronda, pero todos ellos parecen definitivamente débiles y vacilantes. Con la Unión Europea y Estados Unidos todavía peleando por los resultados de la conferencia ministerial --discutiendo si hay que archivarlos por completo o si deben constituir la base para futuras negociaciones-- se rumora que nada pasará antes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en noviembre.
El grado de oposición a la Ronda del Milenio y sus nuevos temas devela la necesidad de una reforma sustancial del sistema de comercio internacional. El sistema actual es inequitativo, insostenible y está diseñado para que las grandes multinacionales se beneficien mediante la desreglamentación y un mayor acceso a los mercados.
Una reforma sustancial del sistema podría incluir los siguientes aspectos: una revisión exhaustiva de los efectos sociales y ambientales de la liberalización del comercio; la incorporación de normas vinculantes (de cumplimiento obligatorio) para controlar las actividades de las empresas multinacionales; excluir de la OMC a la agricultura; eliminar las disposiciones que obligan a patentar las variedades vegetales y los procesos microbiológicos bajo el Acuerdo de la OMC sobre Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC -en inglés TRIPS); excluir del ADPIC al conjunto de la diversidad biológica; un nuevo convenio de la ONU que esclarezca la jerarquía de los acuerdos ambientales multilaterales; fondos frescos y cuantiosos para fortalecimiento institucional de los países en vías de desarrollo; una moratoria sobre las controversias en la OMC referidas al medio ambiente y el desarrollo; y la creación de una corte internacional alternativa de carácter vinculante que no priorice al comercio sobre el medio ambiente.
El éxito alcanzado en Seattle significa que ATI y otros grupos ahora tienen una oportunidad sin precedentes para presionar por cambios positivos en el sistema mundial de comercio. Nosotros seguiremos luchando por un sistema basado en la equidad, los límites ambientales, la precaución y el control de las actividades de las multinacionales. Lograrlo no será una tarea fácil, pero ATI está en óptimas condiciones de asumir esa responsabilidad.

Ronnie Hall, AT Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

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