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- Info
s970401
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issue
97
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abril/junio
2001
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CRÍMENES CONTRA EL
AMBIENTE, CRÍMENES CONTRA LA GENTE
El medio ambiente es un espacio continuo en
donde interactúan una multiplicidad de
especies entre sí, conformando el tejido de
la vida. No existe ninguna especie animal o
vegetal que puede proclamarse independiente
de ese todo; las acciones de cualquiera de
ellas afecta al resto. Es por eso que el
concepto de “derechos” se encuentra
plenamente inmerso en el medio
ambiente.
Cada vez que se infligen daños a los ríos
o se destruyen los bosques, con justicia se
clasifica a esos actos como un crimen
contra el ambiente; pero eso es
insuficiente, porque el deterioro del medio
ambiente implica inevitablemente daños a
todas las especies, incluida la humanidad;
por lo tanto, se trata también de
violaciones a los derechos humanos.
Hoy en día la explotación y uso de
recursos se encuentra más y más
directamente vinculado a violaciones de los
derechos humanos, a menudo a gran escala.
Nuevos pozos petroleros, autopistas,
represas hidroeléctricas, oleoductos y
gasoductos –ya sea en Nigeria, Paquistán o
Colombia—afectan siempre el sustento y el
modo de vida de esos pueblos. Su gente está
en legítimos derecho de oponerse a esos
proyectos, más aún cuando los beneficios
que se derivan de ellos se desvanecen con
destino a centros económicos lejanos.
Esa oposición genuina y legítima a
proyectos que traen costos pero no
beneficios a las comunidades corrientemente
es contestada con la violencia criminal de
grupos militares, con mucha frecuencia
miembros de los ejércitos gubernamentales.
Es imposible olvidar el asesinato de miles
de personas del pueblo Ogoni, en el delta
del Níger, que se oponían a la extracción
de petróleo que contaminaba sus vidas. Ni
de la masacre de más de 400 campesinos
indígenas de Guatemala que se oponían a la
construcción de la represa hidroeléctrica
de Chitzoy que inundaría sus tierras. El
pueblo U'wa de Colombia se enfrentan hoy a
la violencia de grupos paramilitares por
hacer ejercicio de su legítimo derecho a
decidir qué debería ocurrir con sus tierras
y en su territorio ancestral.
La conclusión de todo esto es clara: es
imposible explotar el medio ambiente sin
violar los derechos de los respectivos
pueblos y su gente. El vínculo entre la
gente y su medio siempre ha existido, pero
se está tornando más profundo a medida que
los recursos se hacen más escasos y las
economías más grandes. La globalización
económica, además de ser la sentencia de
muerte para los bienes naturales y el medio
ambiente en todo el mundo, es también una
violación a gran escala de los derechos
humanos alrededor del mundo.
Ricardo Navarro
,
Presidente, Amigos de la Tierra
Internacional
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