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- Info
s971011
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issue
97
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abril/junio
2001
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PLANES
INQUIETANTES
El anteproyecto de la nueva política
del Banco Mundial sobre
reasentamientos
En marzo pasado el Banco Mundial hizo
públicas las pautas provisorias de su nueva
política de reasentamientos. A pesar que el
proceso de revisión –que insumió dos años,
entre 1997 y 1999—incluyó prolongadas
consultas públicas, las inquietudes de las
ONGs, las organizaciones comunitarias y
otros actores han sido en gran medida
ignoradas en los nuevos lineamientos. En
realidad, dicho nuevo anteproyecto de
política es aun más débil que la política
vigente del Banco en esta materia, y los
grupos de derechos humanos ya han advertido
que si se la aprueba tal y cual como está
planteada, la nueva política distará mucho
de garantizar los derechos humanos
fundamentales.
Hace tiempo que los activistas vienen
subrayando que el Banco Mundial debe
funcionar con base en estándares de
desarrollo de alta calidad, puesto que sus
proyectos y políticas afectan directamente
la vida de millones de personas en los
países en vías de desarrollo. En un intento
por impedir que el Banco adoptase políticas
que significan un retroceso, los activistas
lanzaron una campaña a último momento
instando al Presidente del Banco y a su
Junta Directiva a rechazar el anteproyecto,
exigiendo que cualquier nueva política debe
ser coherente y compatible con la
legislación internacional sobre derechos
humanos y que debe incorporar nuevas normas
de alta calidad referidas a
reasentamientos.
¿Contragolpe del Banco?
La presión al interior del Banco
Mundial para rebajar sus propio estándares
puede venir en parte como contragolpe a la
controversia pública que obligó al Banco a
encarpetar en julio del 2000 su Proyecto
Occidental de Reducción de la Pobreza en
China, después que se comprobara que
violaba las políticas de salvaguarda y
hasta sus propias políticas de
reasentamiento y sobre pueblos indígenas.
Las ONGs sospechan que quienes redactaron
el anteproyecto en discusión han estado
sujetos a presiones por parte de
influyentes gobiernos prestatarios, que
quieren ver que aquellos que constituían
estrictos requisitos obligatorios sean
reclasificados como extras optativos, y que
se permita un amplio margen de
interpretación con respecto a la aplicación
de las pautas. Según de dice, esas fuerzas
corrosivas se nutren de los reclamos de
algunos prestatarios y algunos altos
funcionarios del Banco, que se quejan de
que insume mucho tiempo y es muy costoso
cumplir con las normas vigentes en las
políticas del Banco.
Las ONGs temen que esos argumentos
perjudiciales y erróneos puedan socavar la
producción de mejores políticas ambientales
y sociales para el Grupo Banco Mundial en
su conjunto. En el caso del anteproyecto de
marzo del 2001 sobre reasentamientos, las
ONGs señalaron múltiples áreas en las que
la política había sido debilitada en lugar
de fortalecida. Argumentaron con éxito que
el anteproyecto introducía un enfoque
discriminante que les negaba derechos de
indemnización y de consulta adecuada a
aquellos desplazados que no contasen con
derechos legalmente reconocidos a propiedad
sobre la tierra y otros bienes. El
anteproyecto también introducía nuevas
disposiciones ambiguas acerca del trato a
dársele a las personas adversamente
afectadas por parques y otras áreas
protegidas, a quienes –de acuerdo con
algunos acápites del anteproyecto—no sería
necesario consultarlas hasta que el
proyecto ya estuviera aplicándose. La
política propuesta excluía además a
aquellos que se estimase estuvieran
utilizando recursos naturales
“ilegalmente”. Las Organizaciones de los
Pueblos Indígenas (OPIs) y los activistas
de los derechos humanos denunciaron que esa
cláusula amenazaba con excluir a millones
de indígenas cuyo uso de los recursos
naturales no está reconocido por la
legislación ambiental y sobre parques
naturales en los países prestatarios. El
examen detallado también reveló que la
política propuesta presentaba graves
lagunas que permitirían el reasentamiento
forzoso de pueblos indígenas, aun cuando
ello significará riesgos para su
“supervivencia cultural”.
Los activistas enseguida subrayaron que el
anteproyecto no se ajustaba a las normas de
algunos instrumentos claves sobre derechos
humanos como la Convención para la
Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación Racial, y el Convenio 169 de
la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales.
También protestaron porque las
disposiciones propuestas contravenían
múltiples normas sobre reasentamientos
establecidas bajo la Comisión de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Replicaron asimismo que la política
propuesta ni siquiera condecía con las
normas de otros bancos multilaterales de
desarrollo como el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), que reconoce el derecho
al consentimiento previo informado para las
comunidades indígenas amenazadas de
reasentamiento.
Las ONGs también se mostraron
sensiblemente frustradas porque las pautas
propuestas por el Banco sobre
reasentamientos no incorporaran las
recomendaciones emanadas por consenso del
informe de la Comisión Mundial sobre
Represas (WCD, por su sigla en inglés).
Entre sus diversas propuestas, la WCD
recomienda que los planes de reasentamiento
deben fundarse en pormenorizados estudios
de riesgo sociales y de pobreza, que tengan
en cuenta los impactos tanto directos como
indirectos del reasentamiento. La WCD
propone que los grupos vulnerables como los
pueblos indígenas deben ser facultados con
el derecho a consentimiento previo, libre e
informado. Y lo que es decisivo, que el
reasentamiento sea el producto de una
negociación conjunta con las comunidades
afectadas, respaldadas por derechos
acordados y obligatorios a indemnización y
mejores condiciones de vida tras el
reasentamiento.
Palabras huecas
En la asamblea anual del Banco Mundial
en Praga, el año pasado, su Presidente
James Wolfensohn se declaró “gran
partidario de los derechos humanos”. Siete
años atrás, en una revisión de sus
políticas de reasentamiento, el propio
Banco reconocía que los proyectos de
reasentamiento tienen más potencial de
incurrir en violaciones de los derechos
humanos que cualquier otra actividad de
desarrollo, y que el respeto de los
derechos de las personas afectadas es un
requisito indispensable para atenerse a
buenas prácticas de desarrollo y observar
la ley.
La sociedad civil está presionando y hoy
le reclama al Banco que cumpla y actúe en
conformidad con esas declaraciones.
Sostiene que llegó la hora de que el Banco
adopte un enfoque del desarrollo fundado en
los derechos humanos, tal y como el que se
aplica en las Naciones Unidas. Un primer
paso en esa dirección sería revisar sus
políticas de reasentamientos, sobre pueblos
indígenas, bosques y otras más, de manera
tal de generar instrumentos fortalecidos
que sean coherentes con la legislación
internacional sobre derechos humanos y las
normas sociales y ambientales aceptadas
para el desarrollo. Las ONGs afirman que
ese paso debe ser acompañado de una reforma
profunda del Banco, que aliente a clientes
y funcionarios a observar debidamente y
aplicar las nuevas normas en el terreno.
Sólo así podrá el Banco comenzar a cumplir
con su mandato de reducción de la pobreza y
de impulso al desarrollo sustentable,
dicen. Si el Banco opta por eludir este
desafío, perderá la poca credibilidad que
le queda entre los ciudadanos del
mundo.
Las ONGs están ahora a la expectativa de
ver si sus preocupaciones han producido
cambios positivos en el retrogrado
anteproyecto de marzo del 2001. El Banco
está siendo presionado para que no apure la
reconversión de su política en ésta última
etapa, y que en lugar de un paso atrás para
garantizar que su nueva política constituya
un instrumento sólido y eficaz de
protección y empoderamiento de los grupos
sociales vulnerables amenazados de
reasentamiento por proyectos financiados
por el Banco Mundial.
Extraído de un informe del Forest
Peoples Programme, fechado en abril del
2001. Por información y contactos:
info@fppwrm.gn.pac.org
PROYECTOS CONTROVERSIALES DEL
BANCO MUNDIAL QUE IMPLICARON
REASENTAMIENTO
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Singrauli, India:
Desde 1977,
el Banco Mundial viene dando créditos
para minas de carbón, usinas de
generación eléctrica y líneas de
transmisión que han convertido a una
zona otrora rica en biodiversidad, en
estéril desierto industrial. Unas
300,000 personas han sido
desplazadas, a menudo más de una vez
en la misma generación. Singrauli
constituye un caso típico del
trastorno social que acarrea la
aplicación de malas políticas de
reasentamiento masivo.
Proyecto de Ecodesarrollo,
India:
Se trata de un
proyecto de conservación financiado
conjuntamente por el Banco Mundial y
el Fondo Ambiental Mundial (GEF, por
su sigla en inglés), e incluye siete
parques nacionales de la India.
Mientras que el Banco y los
funcionarios del gobierno aseguran
que sólo se reasentó a quienes habían
así optado voluntariamente, los
afectados en el Parque Nacional
Nagarhole sostienen haber sido
coaccionados y finalmente obligados a
mudarse. En 1998, el Panel de
Inspección del Banco Mundial confirmó
las denuncias de los habitantes de
Nagarhole, que afirmaban que el Banco
no los había consultado debidamente
en la etapa de diseño del
proyecto.
Minera Yanacocha,
Perú:
Se trata de un proyecto
de explotación minera de oro
parcialmente financiado por la
Corporación Financiera Internacional
(el brazo privado del Banco Mundial
–IFC, por su sigla en inglés). El
proyecto desplazó a una cantidad de
familias campesinas en un proceso que
careció de planes de reasentamiento y
que no involucró a la población local
en el diseño del proyecto. Una
federación campesina local está ahora
entablando una demanda formal ante el
nuevo
ombudsman
(defensoría
del pueblo) de la IFC, por
violaciones a múltiples políticas de
salvaguarda, entre ellas la Política
del Banco Mundial sobre
Reasentamiento Involuntario.
Proyecto de Rehabilitación
Forestal, Uganda:
Es un
importante proyecto de conservación
de bosques, financiado conjuntamente
con la Unión Europea, que implicó el
desalojo de 130,000 personas de una
zona que habría de constituir un
corredor biológico entre dos parques
nacionales. Años después de la
culminación del proyecto en 1993, los
desplazados se encuentran en peores
condiciones que antes, en precarias
aldeas de reasentamiento que no
cuentan con los servicios básicos. La
población reasentada sufre índices
más altos de mortalidad infantil, y
las enfermedades contagiosas como el
paludismo constituyen un problema
grave. En el año 2000, la justicia
ugandesa dictaminó que el
reasentamiento había sido ilegal.
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