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- Info
s971201
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issue
97
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abril/junio
2001
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LUCHA PEHUENCHE POR
LA TIERRA
La represa de Ralco sigue su marcha de
acuerdo al plan.
En marzo pasado un grupo de indígenas
Pehuenche del Alto Biobío, al sur de Chile,
ocuparon pacíficamente la sede de la
Comisión Nacional del Medio Ambiente
(CONAMA), exigiendo la detención total de
las obras de construcción de una
mega-represa de ENDESA sobre el río Biobío,
alegando que la empresa española “no cuenta
con la autorización de cada una de las
familias afectadas”, tal y como exigió la
CONAMA en 1997. También denunciaban el
hecho que su pedido ante la corte nacional
de apelaciones para acceder a los permisos
oficiales de la ENDESA había sido pospuesto
una vez más.
Por estas fechas, la construcción de la
represa de Ralco se encuentra en una etapa
muy avanzada. Ya se han invertido unos U$S
180 millones y la ENDESA espera poner Ralco
en funcionamiento a mediados del 2003.
ENDESA-Chile, subsidiaria de ENDESA-España,
monopoliza actualmente el 60% del
suministro de energía eléctrica y 75% de
los derechos sobre el agua potable del
país.
Profanando a los muertos...
Los manifestantes Pehuenche también
reclamaban que la CONAMA detuviera las
obras de Endesa en la represa, hasta que se
investigase y resolviese la profanación
continuada de sitios sagrados de entierro
de los Pehuenche sobre las orillas del río.
Las 91 familias Pehuenche que viven en los
600 kilómetros cuadrados que serán
inundados por la represa de Ralco suman
unas 700 personas. Hay veinte cementerios
indígenas que serán inundados por la
construcción de la represa en el Alto
Biobío, y los Pehuenche han levantado la
profanación de sus sitios sagrados como uno
de los argumentos centrales en contra de la
construcción de Ralco. “ENDESA está
moviendo tierra y sacando esqueletos,
profanando las tumbas de nuestros abuelos y
nuestros padres”, afirma Nicolasa
Quintreman.
Nicolasa y su hermana crearon una
organización de mujeres denominada 'Mapu
Domuche Nehuen' (Mujeres con la Fuerza de
la Tierra), que defiende los derechos
culturales y la tierra de los Pehuenche.
Con el apoyo de la coalición de ONGs
chilenas del Grupo de Acción por el Biobío
(GABB) y el jefe de su propia comunidad,
las dos hermanas y su organización
presentaron en 1992 una estrategia para
proteger las tierras que serían inundadas y
destruidas por la represa de Ralco. Han
cabildeado al gobierno y el Parlamento, y
se han hecho presentes en las asambleas
anuales de ENDESA en los últimos cuatro
años para tratar de convencer a los
accionistas de que cancelen ese proyecto.
Este año, junto con abogados y ONGs
españolas, las hermanas Quintreman
entablaron una acción legal contra los
directores de ENDESA-España, alegando que
éstos violan las estrictas leyes del Estado
Español que condenan los actos
genocidas.
...y también a los vivos
Este megaproyecto sobre el segundo río
más grande de Chile, de 380 kilómetros de
longitud, constituye un desastre en
diversos sentidos y frentes. No sólo que la
zona que será destruida forma parte de un
singular ecosistema que alberga los índices
más altos de biodiversidad y especies
endémicas del país, sino que la represa
modificará muy seriamente la hidrología y
el lecho del río, al crear en su curso un
lago de 35 kilómetros cuadrados. Hasta los
fundamentos económicos y de desarrollo de
la represa son débiles: el país ya cuenta
con otras fuentes de energía como las
usinas termales de gas natural, que son más
baratas y menos perjudiciales para el medio
ambiente que Ralco.
A pesar que los Pehuenche disponen de los
títulos de propiedad sobre sus tierras,
existen pruebas que el ex-presidente
Eduardo Frei manipuló los acuerdos para
favorecer a ENDASA, en perjuicio de los
indígenas afectados, y de que los permisos
requeridos para aprobar el proyecto habían
sido falsificados. Las hermanas Quintreman
están preparando un recurso de amparo en
contra del gobierno, por violaciones del
Estatuto Indígena chileno de 1993, que
supuestamente debe proteger las tierras de
los pueblos indígenas en todo el país. Si
se hubiesen respetado sus normas, el
proyecto hidroeléctrico sólo podría haberse
ejecutado con el consentimiento y apoyo
pleno de la comunidad, y las tierras que
les ofrecían para su reasentamiento
tendrían que haber sido de igual o superior
valor a las que ocupaban ancestralmente.
Legalmente, la oposición de una sola
familia podría haber impedido la
continuación del proyecto.
Aun cuando las obras de construcción de la
represa prosiguen, después de la ocupación
de la CONAMA en marzo, los Pehuenche
consiguieron que el organismo se
comprometiera por escrito a informarles
acerca de la inspección que había realizado
anteriormente en sus tierras. También les
aseguraron que se nombraría una comisión
compuesta por miembros de la comunidad
afectada y funcionarios de diversas
dependencias estatales, para estudiar la
relocalización de los cementerios
indígenas. ¿Será ésta suficiente
compensación para las desgracias de los
Pehuenche?
Inge Lamberz , CODEFF-AT
Chile
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