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abril/junio 2001   

 

¡MANOS FUERA DE NUESTRAS SEMILLAS!
La industria de la biotecnología amenaza los derechos de los agricultores
"Llevo años usando mis propias semillas, y ahora nos dicen a los agricultores como yo, que no podemos seguir haciéndolo si nuestros vecinos siembran cultivos (genéticamente modificados) cuyo polen se esparce con el viento.... Básicamente, nos han quitado el derecho a usar nuestras propias semillas.”
Percy Schmeiser, agricultor canadiense


A fines de marzo un juez canadiense ordenó al agricultor Percy Schmeiser pagar miles de dólares a Monsanto porque se encontró que en su campo crecía una variedad de colza genéticamente modificada (GM) patentada por Monsanto. Se llegó a esa decisión a pesar de que Schmeiser siempre mantuvo que él no había sembrado voluntariamente esas semillas, sino que sus cultivos habían sido polinizados por plantas modificadas, procedentes de otro campo. En Norteamérica se han presentado varias demandas similares contra agricultores, pero este es el primer caso que termina en juicio.

El derecho consuetudinario de los agricultores a guardar, usar e intercambiar sus semillas y otros materiales de cultivo es una de las piedras fundamentales de la agricultura. Tradicionalmente, los agricultores guardan sus mejores semillas para usarlas al año siguiente. Sin embargo, ahora las compañías venden semillas GM bajo el acuerdo de que sólo se usarán en una temporada, obligando a los agricultores a comprar las semillas cada año. Por primera vez en la historia los agricultores corren peligro de perder el derecho a guardar sus semillas, y junto con eso su autonomía.

El caso de Percy Schmeiser destaca la creciente tensión entre los agricultores y las grandes empresas de biotecnología, que mediante la introducción de genes patentados se proponen cambiar definitivamente los patrones tradicionales de la producción agropecuaria. Los impactos de esos cambios para las comunidades agrícolas de todo el mundo podrían ser tremendos. En el Sur, donde es probable que las personas no puedan comprar semillas de alta tecnología y los insumos químicos correspondientes año tras año, la introducción de variedades de semillas GM representa una amenaza particularmente grave para la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria de millares de comunidades agrícolas locales e indígenas.

La diversidad de las semillas está desapareciendo
Más del 90% de la biodiversidad que aún se conserva en el planeta está en los países del Sur. Las comunidades agrícolas locales han preservado y reutilizado por generaciones sus variedades indígenas de semillas. Las mujeres han sido las principales contribuyentes a esa forma de manejo de la biodiversidad, identificando y guardando semillas cada año. La industrialización de la agricultura, iniciada con la Revolución Verde, ha hecho a un lado a las mujeres y minado los recursos genéticos y el conocimiento asociado a ellos, a través de la promoción de un puñado de cultivos comerciales. Las variedades tradicionales de semillas también recibieron un duro golpe durante ese proceso, que impulsó además el uso intensivo de agroquímicos en el medio ambiente.

En lugar de aprender de los errores del pasado, ahora nos han impuesto la Revolución Genética. Esta sofisticada forma de agricultura impulsa la plantación de millones de hectáreas de tierra con unos pocos cultivos, como la soya Round-Up Ready de Monsanto, genéticamente modificada para resistir al herbicida químico de la misma compañía. La introducción de unos pocos cultivos GM a partir de 1996 amenaza con desplazar a variedades tradicionales en forma aún más agresiva que la Revolución Verde.

La seguridad de las semillas es seguridad alimentaria
Los recursos genéticos vegetales, como el maíz sacado del corazón de México, constituyen actualmente la base de la alimentación y la producción agrícola en todo el mundo. Comunidades locales e indígenas y agricultores de todas partes del mundo han hecho una contribución enorme a la difusión de la agricultura. La práctica habitual de las comunidades indígenas y locales de guardar semillas es un elemento clave de su seguridad alimentaria, que garantiza que en cualquier momento tengan acceso a los alimentos que necesitan. Poner el control de las semillas en manos de empresas multinacionales minaría la seguridad alimentaria de esas comunidades.

Fortalecer los derechos de los agricultores
En 1989, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) aprobó una resolución que introdujo el concepto de derechos de los agricultores. Esa resolución reconocía que los agricultores han conservado y mejorado durante milenios los recursos genéticos vegetales, en su mayoría procedentes de países en vías de desarrollo. Además señalaba que nunca se ha reconocido ni recompensado suficientemente la importancia de esa contribución de los agricultores. La resolución dice que los derechos de los agricultores están "depositados en la Comunidad Internacional, como fideicomisaria de las generaciones presentes y futuras de agricultores, con el objeto de garantizaran a los agricultores sus plenos beneficios y asegurar la continuidad de sus contribuciones".

Sin embargo, la aplicación práctica de esos derechos en la última década ha sido muy lenta, y la revisión del Compromiso Internacional sobre Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura bajo la FAO no ha aportado medidas enérgicas para proteger los derechos de los agricultores.

Es necesario fortalecer los derechos de los agricultores, y es necesario que ellos conserven su derecho a guardar sus semillas. Los agricultores que prefieran no cultivar semillas genéticamente modificadas no deben ser castigados por empresas que están tratando de controlar recursos tradicionales, y no debemos dejar que se repitan casos como el de Percy Schmeiser.

Juan López Villar , AT Europa, Programa ATI sobre OGMs

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