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- Info
s971701
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issue
97
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abril/junio
2001
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¡MANOS FUERA DE
NUESTRAS SEMILLAS!
La industria de la biotecnología
amenaza los derechos de los
agricultores
"Llevo años usando mis propias
semillas, y ahora nos dicen a los
agricultores como yo, que no podemos seguir
haciéndolo si nuestros vecinos siembran
cultivos (genéticamente modificados) cuyo
polen se esparce con el viento....
Básicamente, nos han quitado el derecho a
usar nuestras propias semillas.”
Percy Schmeiser, agricultor
canadiense
A fines de marzo un juez canadiense ordenó
al agricultor Percy Schmeiser pagar miles
de dólares a Monsanto porque se encontró
que en su campo crecía una variedad de
colza genéticamente modificada (GM)
patentada por Monsanto. Se llegó a esa
decisión a pesar de que Schmeiser siempre
mantuvo que él no había sembrado
voluntariamente esas semillas, sino que sus
cultivos habían sido polinizados por
plantas modificadas, procedentes de otro
campo. En Norteamérica se han presentado
varias demandas similares contra
agricultores, pero este es el primer caso
que termina en juicio.
El derecho consuetudinario de los
agricultores a guardar, usar e intercambiar
sus semillas y otros materiales de cultivo
es una de las piedras fundamentales de la
agricultura. Tradicionalmente, los
agricultores guardan sus mejores semillas
para usarlas al año siguiente. Sin embargo,
ahora las compañías venden semillas GM bajo
el acuerdo de que sólo se usarán en una
temporada, obligando a los agricultores a
comprar las semillas cada año. Por primera
vez en la historia los agricultores corren
peligro de perder el derecho a guardar sus
semillas, y junto con eso su autonomía.
El caso de Percy Schmeiser destaca la
creciente tensión entre los agricultores y
las grandes empresas de biotecnología, que
mediante la introducción de genes
patentados se proponen cambiar
definitivamente los patrones tradicionales
de la producción agropecuaria. Los impactos
de esos cambios para las comunidades
agrícolas de todo el mundo podrían ser
tremendos. En el Sur, donde es probable que
las personas no puedan comprar semillas de
alta tecnología y los insumos químicos
correspondientes año tras año, la
introducción de variedades de semillas GM
representa una amenaza particularmente
grave para la seguridad alimentaria y la
soberanía alimentaria de millares de
comunidades agrícolas locales e
indígenas.
La diversidad de las semillas está
desapareciendo
Más del 90% de la biodiversidad que
aún se conserva en el planeta está en los
países del Sur. Las comunidades agrícolas
locales han preservado y reutilizado por
generaciones sus variedades indígenas de
semillas. Las mujeres han sido las
principales contribuyentes a esa forma de
manejo de la biodiversidad, identificando y
guardando semillas cada año. La
industrialización de la agricultura,
iniciada con la Revolución Verde, ha hecho
a un lado a las mujeres y minado los
recursos genéticos y el conocimiento
asociado a ellos, a través de la promoción
de un puñado de cultivos comerciales. Las
variedades tradicionales de semillas
también recibieron un duro golpe durante
ese proceso, que impulsó además el uso
intensivo de agroquímicos en el medio
ambiente.
En lugar de aprender de los errores del
pasado, ahora nos han impuesto la
Revolución Genética. Esta sofisticada forma
de agricultura impulsa la plantación de
millones de hectáreas de tierra con unos
pocos cultivos, como la soya Round-Up Ready
de Monsanto, genéticamente modificada para
resistir al herbicida químico de la misma
compañía. La introducción de unos pocos
cultivos GM a partir de 1996 amenaza con
desplazar a variedades tradicionales en
forma aún más agresiva que la Revolución
Verde.
La seguridad de las semillas es
seguridad alimentaria
Los recursos genéticos vegetales, como
el maíz sacado del corazón de México,
constituyen actualmente la base de la
alimentación y la producción agrícola en
todo el mundo. Comunidades locales e
indígenas y agricultores de todas partes
del mundo han hecho una contribución enorme
a la difusión de la agricultura. La
práctica habitual de las comunidades
indígenas y locales de guardar semillas es
un elemento clave de su seguridad
alimentaria, que garantiza que en cualquier
momento tengan acceso a los alimentos que
necesitan. Poner el control de las semillas
en manos de empresas multinacionales
minaría la seguridad alimentaria de esas
comunidades.
Fortalecer los derechos de los
agricultores
En 1989, la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) aprobó una resolución que
introdujo el concepto de derechos de los
agricultores. Esa resolución reconocía que
los agricultores han conservado y mejorado
durante milenios los recursos genéticos
vegetales, en su mayoría procedentes de
países en vías de desarrollo. Además
señalaba que nunca se ha reconocido ni
recompensado suficientemente la importancia
de esa contribución de los agricultores. La
resolución dice que los derechos de los
agricultores están "depositados en la
Comunidad Internacional, como
fideicomisaria de las generaciones
presentes y futuras de agricultores, con el
objeto de garantizaran a los agricultores
sus plenos beneficios y asegurar la
continuidad de sus contribuciones".
Sin embargo, la aplicación práctica de
esos derechos en la última década ha sido
muy lenta, y la revisión del Compromiso
Internacional sobre Recursos Filogenéticos
para la Alimentación y la Agricultura bajo
la FAO no ha aportado medidas enérgicas
para proteger los derechos de los
agricultores.
Es necesario fortalecer los derechos de
los agricultores, y es necesario que ellos
conserven su derecho a guardar sus
semillas. Los agricultores que prefieran no
cultivar semillas genéticamente modificadas
no deben ser castigados por empresas que
están tratando de controlar recursos
tradicionales, y no debemos dejar que se
repitan casos como el de Percy
Schmeiser.
Juan López Villar
, AT
Europa, Programa ATI sobre OGMs
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