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abril/junio 2001   

 

VENDIENDO NUESTROS DERECHOS HUMANOS Y AMBIENTALES
Lanzamiento del Área de Libre Comercio de las Américas

En abril, 34 jefes de Estado y ministros de comercio de todas las naciones del hemisferio occidental, con excepción de Cuba, discutieron una propuesta que Estados Unidos viene impulsando desde 1994. La propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que se abrirá para su firma en 2005, combina aspectos del TLCNA (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica), elementos de algunos de los compromisos de la OMC y partes del fallido Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI). El ALCA anulará efectivamente la capacidad de los gobiernos de generar políticas en interés público, y aumentará el poder de las empresas a expensas de los derechos de los ciudadanos en toda América Latina y el Caribe.

La mayoría de los habitantes de las regiones afectadas nunca han oído hablar de ALCA, a pesar de que el acuerdo ciertamente impactará profundamente la vida de todos nosotros. Las negociaciones se han conducido en estricto secreto, con grupos industriales asesorando a los negociadores. Muchos miembros de los parlamentos nacionales ignoraban que esas negociaciones estuvieran en marcha, o se les negó acceso a la información. Sindicatos y ONGs han intentado expresar sus opiniones a negociadores de varios países, pero no hay nada que indique que han sido escuchados.

Manifestaciones por derechos
Muchas personas de todo el mundo viajaron en abril a Quebec, Canadá, para tomar parte en las manifestaciones que pedían a los gobiernos que "dejen de vender los derechos de nuestros pueblos y del medio ambiente". Temiendo una repetición de manifestaciones de la magnitud de las de Seattle, el gobierno canadiense gastó alrededor de 30 millones de dólares estadounidenses para construir una cerca de seguridad y mantener a los manifestantes lejos de la reunión de dos días. Para comparar, cuando el huracán Mitch devastó Centroamérica, Canadá ofreció a Nicaragua apenas 4.5 millones de dólares, con 1.4 millones de esa suma condicionados al pago de la deuda del país.

La reunión fue un gran éxito desde el punto de vista de los gobiernos. Mientras se firmaba la declaración final la policía empleaba gas lacrimógeno para silenciar las voces de los miles que protestaban afuera. Si durante la firma del documento se producen semejantes violaciones de los derechos humanos ¿qué nos espera cuando el acuerdo entre en vigor en 2005? No hay duda de que ALCA reforzará los efectos negativos de las políticas impuestas en nuestros países por el Banco Mundial y el FMI, políticas que ya han conducido a severas carencias de acceso a atención médica, escuelas y empleos para habitantes de toda la región. Se abrirán aún más las puertas a las empresas transnacionales, y la privatización del agua será uno de los peores resultados, ya que es un recurso que en muchos países los pobres todavía reciben gratis.

El comercio por encima de todo
El ALCA contradice muchos otros acuerdos internacionales ratificados por nuestros países. Derechos sociales y necesidades básicas relacionados a la alimentación, el agua, la salud y la seguridad quedarán limitados por reglas comerciales. Los gobiernos ya no podrán asegurar la alimentación como derecho humano fundamental –estableciendo o manteniendo políticas que salvaguarden a campesinos, pequeños agricultores, economías rurales y la soberanía alimentaria—si esas políticas actúan como "barreras" al comercio. Las empresas transnacionales podrán demandar a cualquier gobierno nacional que intente impedir la importación de semillas genéticamente modificadas, o la explotación de bosques primarios, o la comercialización agresiva del tabaco, con el objetivo de proteger a sus ciudadanos y el medio ambiente.

La promoción del llamado "desarrollo" controlado por las ETN impedirá el surgimiento de instrumentos políticos que impulsen el desarrollo sustentable y equitativo, como la restricción del capital extranjero en algunos sectores, la reinversión de beneficios o las limitaciones a la adquisición de tierras arables y otras propiedades. Además, más personas quedarán excluidas del proceso de desarrollo, incluyendo a las mujeres, los pueblos indígenas, los discapacitados y otras minorías.

Las personas de todo el continente americano que están monitoreando esas negociaciones deben mantenerse firmes en su oposición a la aplicación práctica de ALCA. El concepto de derechos humanos debe permitirnos aumentar los niveles de bienestar social y económico, y no seguir extendiendo el libre comercio que está destruyendo vidas humanas y el medio ambiente.

Magda Lanuza , AT Nicaragua

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