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- Info
s972223
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issue
97
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abril/junio
2001
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CARA GANO YO, CRUZ
PIERDES TÚ
El pueblo Embera traicionado en la
construcción de la represa de Urrá
“El desarrollo [de la represa] ha
significado ignorar nuestros derechos,
acabar con los peces, dividir a las
comunidades, la muerte de Lucindo Domico y
otros…”
Kimi Pernia Domico, líder del pueblo
indígena Embera Katio.
Las palabras de Kimi reflejan la tragedia
del pueblo Embera, cuyo territorio está
amenazado desde hace cuatro años por la
construcción de la represa hidroeléctrica
de Urrá con el pretexto de desarrollo para
el pueblo. El drama de los Embera es
similar al de otros pueblos de todo mundo
que se han enfrentado a las represas
hidroeléctricas, que han demostrado ser
totalmente incompatibles con el desarrollo
sustentable.
Son diversos los intereses que intentan
sacar provecho de la represa de Urrá, en
Colombia: empresas transnacionales que
extraen recursos naturales; ingenieros
ansiosos por conservar sus empleos;
políticos tratando de ganar más votos, y
técnicos que resuelven sus complejos con el
mundo natural. El consorcio de la represa
incluye transnacionales suecas, rusas y
colombianas, la Canadian Export Development
Corporation y bancos holandeses y
canadienses. Todos esos intereses son
facilitados por la corrupción que se
manifiesta sin tapujos en toda la sociedad
colombiana.
El caso de la represa de Urrá tiene un
ingrediente específico que la hace más
trágica que otros proyectos de
mega-represas: la violencia. En los últimos
años han desaparecido o fueron asesinados
indígenas, sacerdotes y ambientalistas que
se oponían al proyecto. Sin embargo, a
pesar de esas flagrantes violaciones de los
derechos humanos, las transnacionales
involucradas siguen afirmando que promueven
el desarrollo sustentable y defienden los
derechos humanos.
La historia comienza...
Si bien los estudios para la represa
de Urrá se iniciaron en 1951 y la licencia
ambiental para iniciar la construcción fue
concedida en 1993, la primera vez que se
hizo pública la situación del pueblo de
Embera Katio fue en 1994. "Los ingenieros
han venido a nuestras chozas, pero ....
sólo para tomar fotografías turísticas",
atestiguó Kimi Pernia. "Nosotros, los
Embera, no aparecemos en los estudios de
1951 ni en los subsiguientes. En 1977 la
zona, incluyendo nuestro territorio, fue
declarada de utilidad pública sin
consultarnos... El país se enteró por
primera vez de nuestros problemas por
nuestra declaración contra la represa de
Urrá en 1994.”
Además, aun cuando el gobierno colombiano
ha ratificado una ley que afirma que "Las
personas interesadas deben tener derecho a
decidir sus propias prioridades en el
proceso de desarrollo en cuanto éste afecta
sus vidas, creencias e instituciones, y las
tierras que usan u ocupan", nada de eso se
ha tenido en cuenta en el caso de los
Embera.
En 1994, representantes del pueblo Embera
Katio se trasladaron en balsas por el río
Sinú para denunciar públicamente las
violaciones de sus derechos ambientales y
culturales, y para reclamar su derecho a
sobrevivir. Un mes más tarde se les
concedió una audiencia con el ministro
encargado del medio ambiente, sólo para que
el ministro de entonces les dijera que "la
construcción de Urrá continuará, porque
ofrece más oportunidades de desarrollo que
ecológicas. Nosotros asumimos públicamente
la responsabilidad. Éste es un ministerio
para el desarrollo sustentable, no para la
conservación de recursos."
Desde aquel momento el enfrentamiento ha
sido intenso y constante: el gobierno
colombiano y la compañía que construye
Urrá, contra la población indígena y
pescadora que hace uso del río. El gobierno
colombiano y el consorcio de Urrá han
utilizado varias estrategias, incluyendo
demoras intencionales, corrupción y la
provocación de problemas internos en su
intento de dividir a los Embera Katio.
Kimi Pernia resume las acciones
deshonestas del gobierno hacia su pueblo:
"El Ministro del Medio Ambiente ha actuado
contra nosotros, igual que lo hizo contra
nuestros hermanos U'wa .… Firmó un
documento aceptando la designación de un
territorio especial para los Embera como si
fuera una finca, dividiéndonos. Ignoró las
propuestas de los Embera en la licencia. No
respeta ni entiende nuestras propuestas. Su
corazón está con los bancos y las
transnacionales."
La resistencia y la lucha continúan
La resistencia a la represa de Urrá ha
tenido un precio muy alto en los últimos
años. Dieciocho Emberas han sido
asesinados, además de un profesor de la
Universidad de Córdoba y dos
ambientalistas. Además han desaparecido
alrededor de diez indígenas. En 1998 el
dirigente espiritual de los Embera, Alonso
Domico Cabrera, fue asesinado en su propia
casa por el consorcio de la represa. Otro
dirigente y vocero, Lucindo Domico Cabrera,
fue muerto poco después. En otra ocasión,
fuerzas paramilitares detuvieron a una
docena de Emberas, los amenazaron y
quemaron sus canoas antes de matar a
Alejandro Domico. Y la lista continúa …
Los pueblos indígenas y los pescadores
han organizado varias marchas de larga
distancia, incluyendo una a la sede central
del consorcio de Urrá para protestar por la
desaparición del bocachico (un pez del
río), y otra al Ministerio del Medio
Ambiente para exigir que se detenga el
proyecto. También ocuparon la embajada de
Suecia, país que es sede de algunas de las
empresas que componen el consorcio.
En 1996, los Embera Katio ocuparon la
embajada de España para solicitar asilo
político debido al exterminio de su
comunidad y el desalojo de sus tierras.
Según Kimi Pernia, una carta de los
paramilitares a los impulsores de la
represa calificaba a los Embera de
"guerrilleros" debido a su oposición a la
represa. El consorcio de la represa pidió
permiso para llenar el lago de inmediato, y
cinco días más tarde se le concedió la
licencia necesaria.
A fines de 1998 los tribunales colombianos
finalmente anunciaron su decisión en favor
de los Embera Katio, exigiendo al consorcio
de Urrá que hiciera las consultas
prometidas con los afectados antes de
conceder la licencia para llenar el embalse
y poner en funcionamiento la represa. Sin
embargo –y no sorprende— las consultas no
tuvieron ningún significado y no se tomó en
consideración ninguna de las propuestas
indígenas. A fines de 1999 se empezó a
llenar el embalse de la Represa de
Urrá.
El 12 de diciembre de 1999, 160 indígenas
Embera llegaron a Bogotá después de caminar
700 kilómetros. Se instalaron en los
jardines del Ministerio del Medio Ambiente
y exigieron más diálogo antes de proceder a
la inundación. Cuatro meses más tarde,
todavía acampados en el jardín, los
dirigentes Embera llegaron a un acuerdo con
el consorcio de la represa y los
Ministerios del Medio Ambiente, de Minas y
de Asuntos Internos.
Los Embera regresaron a sus territorios
ancestrales el 26 de abril del 2000,
esperando ver los resultados del acuerdo en
pocas semanas. Sin embargo, un año después
los acuerdos todavía no se han cumplido,
los asesinatos de dirigentes Embera
continúan y más de 250 familias Embera han
sido trasladadas de sus tierras a la
población más cercana.
Bajo voltaje
Toda esta masacre y etnocidio
ambiental ha ocurrido para producir apenas
el 2% (340 MW) del total de la electricidad
producida en Colombia. Esto evoca otros
ejercicios de construcción de represas
inútiles, por ejemplo la represa Balbina en
Brasil, que al precio de mil millones de
dólares convirtió alrededor de 250,000
hectáreas de selva tropical en un lago
inerte lleno de vegetación pútrida, mató a
millones de animales silvestres, desplazó a
varias tribus e introdujo en la región
diversas enfermedades. Y todo eso para
generar alrededor de 80 MW de energía.
Inventario de derechos humanos
El proceso de la represa de Urrá
constituye una vergonzosa violación de los
derechos humanos. Y eso a pesar de que el
gobierno colombiano se jacta de su avanzada
legislación nacional de derechos humanos y
ambientales, y ha ratificado varias
convenciones internacionales de derechos
humanos. Pese a todas las declaraciones,
los tribunales colombianos no han
reconocido ningún derecho a los Embera, y
ya se han aprobado nuevas leyes para
garantizar la continuación del proyecto de
la represa sin problemas. También los
gobiernos europeos son culpables por
financiar megaproyectos como el de la
represa de Urrá, que violan todos los
derechos fundamentales a la vida, la
cultura, el medio ambiente y la
autodeterminación.
Javier Marín
, AT
Colombia
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