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EN POS DE ECONOMÍAS SUSTENTABLES Desafiando la globalización económica neoliberal

"El comercio existe, pero los flujos de intercambio actuales no son los que anhelamos para nuestros pueblos. El comercio debe ser equitativo, ambientalmente sustentable y justo -también desde le punto de vista de género. Tenemos que redistribuir los recursos y el poder de los ricos a los pobres"
ATI Asia, Pacífico y Oceanía

Índice

Introducción

Romper el tabú: reconocer los errores y falacias de la economía neoliberal
  • Los problemas de la globalización económica neoliberal
  • La teoría economía neoliberal es anacrónica y obsoleta
  • La economía neoliberal también tiene impactos reales negativos...
  • ...pero cuestionarla es tabú
  • Necesitamos un nuevo enfoque de la economía

Cambiar el rumbo: fijar nuevas metas económicas

  • Las sociedades sustentables necesitan economías saludables
  • Diversidad económica
  • Subsidiaridad económica
  • Nuevas metas de las economías sustentables
  • Principios no lucro
  • El principio de precaución

 

 

 

Seamos inteligentes: evaluemos el bienestar económico en forma precisa

  • Índices de bienestar económico en el siglo XXI
  • Valorar el trabajo de manera justa
  • Incluir los costos reales del transporte

 

 

Planificar para el futuro: usar menos recursos y disminuir la conflictividad

  • Los recursos son limitados...
  • ... pero el infraconsumo también es un problema
  • Usar menos recursos, disminuir la conflictividad
  • Usar menos recursos y generar nuevas fuentes de trabajo
  • El derecho a restringir el empleo de recursos
  • Usar menos, reutilizar y reciclar
  • Políticas de suficiencia y manejo de la demanda

 

 

Compartir los recursos: erradicar la pobreza y las desigualdades

  • El acceso a los recursos y un ambiente sano son derechos humanos
  • Revertir la maldistribución
  • Deuda ecológica y anulación de la deuda externa

 

 

Cambiar de prioridades: invertir en la verdadera economía

  • Promover la estabilidad económica
  • Controlar el flujo de inversiones
  • Preferencia por la verdadera economía

 

 

Equilibrar el comercio: revitalizar las economías locales

  • Equilibrar el comercio
  • Fortalecer las economías y las comunidades locales
  • Preferencia por las leyes nacionales y locales relativas a la salud y el medio ambiente
  • Poner fin al desarrollo centrado en las exportaciones

 

 

Regular a las empresas: disminuir su poder de influencia

  • La erosión de la democracia
  • Revisar el papel de las empresas
  • Responsabilidad social de las empresas
  • Reglamentar la actividad empresarial
  • Responsabilidad jurídica y económica del fabricante
  • Competencia y legislación antimonopólica internacional
  • Quien contamina debe pagar

 

 

Liberar la información: garantizar la transparencia y la democracia

  • Democratizar la toma de decisiones económicas
  • Responsabilidad pública de los gobiernos
  • Un voto por país

 

 

Actualizar la estructura institucional: rediseñar las normas y las instituciones

  • Se requieren normas más estrictas
  • Nuevo enfoque, nueva arquitectura institucional
  • Incorporar las instituciones económicas y de comercio internacionales a la órbita de la ONU
  • Economías Sustentables y la Organización Mundial de Comercio
  • Las economías sustentables también requieren cambios en el FMI y el Banco Mundial
  • Los tratados multilaterales sobre el ambiente deben primar sobre el comercio
  • Incentivar a los gobiernos a que cooperen entre sí
  • Resolución de controversias

 

 

Lecturas recomendadas

 


Resumen

La teoría económica neoliberal -el modelo económico hoy predominante en el mundo-se basa en varias premisas falsas y es por lo tanto insustentable. Peor aún, en contraste al mundo para todos ventajoso que nos prometen sus partidarios, conduce a una realidad en la que algunos pocos se benefician mientras que las grandes mayorías salen perjudicadas por sus efectos negativos, ocasionando el sufrimiento de millones de personas.Vivimos en un mundo en que las disparidades son cada vez mayores y donde muchos millones de seres humanos no tienen satisfechas ni siquiera sus necesidades básicas más elementales. Los bosques, los minerales y los combustibles fósiles están siendo explotados a ritmos absolutamente insustentables para abastecer con recursos naturales a la 'economía globalizada'. La democracia se debilita cada vez más, a medida que el poder se concentra cada vez en menos manos. La diversidad biológica y cultural están desapareciendo a ritmos alarmantes, y muchas conquistas sociales y ambientales trabajosamente logradas se encuentran seriamente amenazadas.Sin embargo, Amigos de la Tierra Internacional cree que un futuro diferente, democrático, equitativo y sustentable está al alcance de nuestras manos. Este documento "En Pos de Economías Sustentables" pretende sentar los lineamientos y principios básicos para el desarrollo de economías justas y sustentables.

Introducción

Amigos de la Tierra Internacional (ATI) lucha por instaurar sociedades justas y ambientalmente sustentables que satisfagan las necesidades de la población. Sin embargo, para llevar adelante ese propósito, ATI se ve en la necesidad de cuestionar y desafiar la globalización económica neoliberal, que opera en sentido contrario impidiendo la sustentabilidad.

La globalización económica neoliberal está frustrando las aspiraciones de la gente de muchas y variadas maneras. Vivimos en un mundo en que las disparidades son cada vez mayores y donde muchos millones de seres humanos no tienen satisfechas ni siquiera sus necesidades básicas más elementales. Los bosques, los minerales y los combustibles fósiles están siendo explotados a ritmos absolutamente insustentables para abastecer con recursos naturales a la 'economía globalizada'. La democracia se debilita cada vez más, a medida que el poder se concentra cada vez en menos manos. La diversidad biológica y cultural están desapareciendo a ritmos alarmantes, y muchas conquistas sociales y ambientales trabajosamente logradas se encuentran seriamente amenazadas.

Si mantenemos el mismo rumbo, las perspectivas para las generaciones presentes y futuras son realmente aterradoras. El gran desafío para la humanidad consiste en brindarle una calidad de vida digna a una población estimada de 10 mil millones de personas para el año 2050, disminuyendo al mismo tiempo los impactos sobre el medio ambiente a niveles sustentables. La globalización económica neoliberal magnifica el desafío, pero aun así, el discurso oficialista sigue sosteniendo que 'no existen alternativas'.

ATI discrepa con esa visión. Creemos que un futuro diferente, democrático, equitativo y sustentable está al alcance de nuestras manos. Este documento sienta las pautas para el desarrollo de economías justas y sustentables, y plantea nuevas metas económicas, entre ellas:

  • El uso sustentable y equitativo de los recursos limitados y el reconocimiento de la importancia de la diversidad económica.
  • Nuevos procesos de toma de decisiones transparentes y participativos, basados en el principio de la subsidiaridad económica.
  • Economías locales y regionales más fuertes, que ejerzan mayor control local sobre los recursos.
  • Invertir en la verdadera economía productiva.
  • Establecer controles efectivos a la actividad de las corporaciones, incluyendo instrumentos que las hagan responsables ante el público, mecanismos de indemnización de daños, y legislación internacional antimonopólica.
  • Acuerdos multilaterales más fuertes sobre aspectos del comercio no estrictamente económicos, incluyendo la equidad y la sustentabilidad.

 

Este documento es el resultado de un proceso de discusión de dos años entre miembros de ATI que viven y trabajan bajo circunstancias políticas y económicas muy disímiles en el Norte, Sur, Este y Oeste. Esperamos que nuestro aporte contribuya a un debate público constructivo sobre el porvenir de nuestras economías.

Amigos de la Tierra Internacional (ATI) es una federación de organizaciones ecologistas independientes en 66 países del África, Asia, Europa, América Latina y Norteamérica. El Programa 'Comercio, Sustentabilidad y Medio Ambiente' de ATI inició actividades en 1992 y está coordinado por grupos miembros de ATI en cada continente, que definen de común acuerdo las políticas y estrategias a seguir.


Romper el tabú: reconocer los errores y falacias de la economía neoliberal

Los problemas de la globalización económica neoliberal
Vivimos en un mundo que cambia vertiginosamente. El fenómeno de la globalización, especialmente el advenimiento de comunicaciones rápidas a nivel mundial y la difusión de nuevas tecnologías, está modificando el modo en que las personas viven su propia vida y se relacionan con los demás. La globalización tiene muchas facetas: económica, política, social, cultural y tecnológica. Este documento se refiere sólo a una de esas facetas, la globalización económica neoliberal, cuyos efectos negativos sobre la gente en todo el mundo y su ambiente son muy significativos.

La globalización económica neoliberal estimula el afán de lucro sin hacer caso de los costos sociales y ambientales que acarrea, y se la asocia con:

  • Niveles crecientes de iniquidad, tanto dentro cada país como entre los países.
  • La concentración de recursos y poder en cada vez menos manos (debilitando la democracia).
  • La exclusión económica, social, política y la inestabilidad económica.
  • El incremento exponencial de la explotación de recursos naturales y la pérdida de diversidad biológica y cultural.
  • Impide mantener y/o desarrollar sistemas de comercialización local apropiados y sustentables.
  • Conduce a acuerdos internacionales más débiles en áreas claves como el ambiente y el desarrollo, por ejemplo.

 


Es más, haciendo uso de los recursos del Sur global a precios irrisorios, el Norte ha incurrido en una deuda ecológica con el Sur. Pero a pesar de esto, los países empobrecidos del Sur se ven obligados a jugar el juego neoliberal -exportando más y más-para poder pagar las únicas deudas que aparentemente cuentan: las financieras. Irónicamente, esto conduce a la saturación de los mercados mundiales, a la caída de los precios de las materias primas y a ganancias cada vez menores para las exportaciones del Sur. Con este empeoramiento de los términos de intercambio se torna cada vez más difícil para el Sur pagar sus deudas financieras.

Al final, el tema clave e ineludible es que debido a esos impactos, las políticas promovidas por los partidarios de la economía neoliberal atentan contra aquellas necesarias para establecer sociedades sustentables. Las sociedades justas y sustentables requieren por definición, equidad, democracia, diversidad, y sistemas de producción y consumo sustentables. Requieren, además, comunidades y economías locales fuertes y relaciones internacionales más cooperativas.

El gran desafío para la humanidad consiste en brindarle una calidad de vida digna a una población estimada de 10 mil millones de personas para el año 2050, disminuyendo al mismo tiempo los impactos sobre el medio ambiente a niveles sustentables, es decir, dentro de los límites de tolerancia de la biosfera. La globalización económica neoliberal magnifica el desafío, pero aún así, el discurso oficialista sigue sosteniendo que no hay alternativas.

Algo tiene que cambiar, y puesto que las sociedades sustentables son la única opción de futuro que tenemos, ese algo tiene que ser el neoliberalismo. Ha llegado el momento de elaborar enfoques alternativos, de diseñar la arquitectura fundamental de las economías sustentables: eso es lo que este documento pretende hacer.

La teoría economía neoliberal es anacrónica y obsoleta
La teoría económica neoliberal tiene varios errores importantes. Quizás el más significativo de ellos sea la teoría de las ventajas comparativas supuestamente beneficiosas para todos.

La teoría de las ventajas comparativas sostiene que todos los países se beneficiarán si cada uno de ellos invierte solamente en aquellos sectores de la producción de bienes y servicios en los que cada cual es más eficiente, y luego comercian entre sí. Sin embargo, esta teoría fue elaborada en tiempos en que el capital se encontraba firmemente afincado en economías nacionales, mientras que hoy en día, gracias a las nuevas y poderosas tecnologías de la comunicación y la apertura de las fronteras, el capital se puede mover por cualquier parte del mundo de manera prácticamente instantánea. Por eso es que a aquellos países que no tienen las cartas ganadoras (por ejemplo una economía estable, bajos costos y buena infraestructura) les resulta crecientemente difícil retener o atraer inversiones de capitales cada vez más móviles internacionalmente. En otras palabras, es evidente que las ventajas absolutas pesan cada día más y que el sistema no es igualmente ventajoso para todo el mundo.

Peor aún, los beneficios y ganancias quedan cada vez más en manos de las compañías y sus dueños, en lugar que en manos de los países y sus ciudadanos. Por un lado, los inversionistas potenciales (tanto nacionales como extranjeros) suelen enfrentar a los gobiernos entre sí para lograr mayores exenciones de impuestos u otros alicientes, y generalmente exigen reducciones en la carga impositiva y las normas vigentes que afectan su actividad; las compañías transnacionales pueden minimizar sus obligaciones impositivas trasladando sus ganancias a países con bajos impuestos. Por otro lado, los gobiernos disponen cada vez de menor capacidad y/o voluntad para fijarle obligaciones o requisitos de desempeño a los inversionistas extranjeros y, por lo tanto, para beneficiarse de los flujos de inversión extranjera; además, hoy se hace evidente que la riqueza no se redistribuye 'por chorreo' (trickle down) ni se transfiere automáticamente a la población como se nos a querido hacer creer.

Un hecho de central importancia es que la globalización económica neoliberal es también insustentable. Quienes primero propusieron el libre mercado como solución a los problemas económicos del mundo posiblemente no fueran concientes de que la demanda creciente de recursos naturales finitos constituiría un factor limitante significativo en el siglo XXI. Nuestro modelo económico actual se basa en niveles crecientes e insustentables de empleo de recursos. No hay una mano invisible que guíe el mercado hacia la sustentabilidad. Estos recursos necesitan ser cuidados y las economías sustentables necesitan ser gestionadas. Por todas estas razones la globalización económica neoliberal constituye, para muchos millones de personas, una apuesta en la que pocos ganan y muchos pierden, y no aquel juego que nos prometen sus partidarios en el que todos supuestamente ganamos. Sin embargo, estos errores teóricos están siendo soslayados. Eso quizás se deba a que los países que tienen la fortuna de tener ventajas absolutas, son frecuentemente aquellos que han desarrollado sus economías y sociedades mediante la explotación de los pueblos y recursos del resto del mundo -esos mismos que hoy tendrían que responder por la deuda ecológica incurrida con el resto del mundo. Irónicamente, esos países suelen ser los más acérrimos defensores de los mitos neoliberales.

La economía neoliberal también tiene impactos reales negativos...
La globalización económica neoliberal falla tanto en la práctica como en la teoría. La aplicación de políticas neoliberales tiene efectos negativos reales y diversos en la vida diaria de millones de personas y su ambiente, en todas las regiones del mundo: desde los campesinos que no pueden competir con los alimentos importados desde países "más eficientes", y comunidades desplazadas de sus hogares por actividades mineras de exportación, hasta la gente en el Norte que enfrenta mayor inseguridad laboral y la erosión de normas ambientales y de salud por las que tuvieron que luchar [1]. Esta es la razón por la que tanta gente de tan diversas procedencias y de distintas partes del mundo unieron fuerzas para protestar contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle en 1999.

Para detener este proceso de segregación -en el que unos pocos se benefician en forma significativa mientras muchos pierden-es necesario reconocer que el actual proceso de globalización económica neoliberal ha conducido a un uso excesivo de los recursos, a un incremento de las iniquidades y a condiciones de vida cada vez peores para mucha gente. Esto exige un enfoque alternativo.

...pero cuestionarla es tabú
Sin embargo, a pesar de todos esos defectos teóricos y prácticos, en la mayoría de los círculos gubernamentales y académicos sigue siendo un verdadero tabú criticar la economía neoliberal. Más aún, aquellos que osan insinuar sus dudas arriesgan perder su empleo y credibilidad (tal como lo muestran los cambios de personal en el Banco Mundial durante el año 2000, por ejemplo), ya que constituyen una amenaza para los triunfadores del neoliberalismo -aquellas personas, empresas y países cuyo poder y riquezas les permiten beneficiarse en forma significativa con el comercio internacional y las inversiones. Nada podrá cambiar hasta que no se rompa ese tabú.

Necesitamos un nuevo enfoque de la economía
Es necesario actualizar la economía a las realidades del siglo XXI, hacerla flexible, justa y sustentable, y que involucre otros aspectos que no sean el dinero, el lucro y el crecimiento. La economía sustentable requiere el desarrollo de economías diversas; y debe ampliar su esfera para incluir asuntos ambientales y relativos a la sustentabilidad. Más aún, es indispensable abrir la economía y hacerla transparente, democratizarla: la gente tiene que conocer, entender y poder influenciar el desarrollo de sus economías sustentables.

Los gobiernos, específicamente, deben fijar nuevas metas para las economías sustentables, en términos de un conjunto de principios sociales, económicos y ambientales coherentes, acordados internacionalmente (ver más adelante). Esa mentalidad neoliberal según la cual una única receta sirve para todos debe ser sustituida por una comprensión cabal de los beneficios que supone la diversidad económica (ver más adelante); asimismo, es necesario incorporar el concepto y la práctica de la subsidiaridad económica, para que las decisiones se tomen en el nivel más local que sea posible, con la participación plena de la sociedad o las comunidades involucradas (ver más adelante).

Esto no significa que el comercio internacional y las inversiones no puedan desempeñar un papel en las economías sustentables. Pueden formar parte de una sociedad sustentable, pero esto siempre dependerá de sus impactos en los niveles y patrones de producción y consumo, la internalización de costos y la distribución de los beneficios. (En realidad, es importante distinguir entre la ideología del libre mercado y la libertad para intercambiar, ya que de ninguna manera son la misma cosa).


Cambiar el rumbo: fijar nuevas metas económicas

Las sociedades sustentables necesitan economías saludables
Casi no hace falta decir que un nivel saludable de actividad económica es esencial para cualquier sociedad sustentable. Sin embargo, es sumamente importante definir la naturaleza de esa actividad económica. Un nivel óptimo de actividad económica debe satisfacer las necesidades reales de la población y disminuir el empleo de recursos a niveles sustentables. El acceso a los recursos y los beneficios derivados de su uso deben estar repartidos equitativamente en cada país y entre las diversas regiones.

El logro de estas metas no siempre exige crecimiento: en realidad, el afán indiscriminado por el crecimiento económico generalmente actúa en perjuicio de las mismas. Siempre y cuando produzca resultados acordes a las metas de sustentabilidad y equidad, puede considerarse legítimo aspirar al crecimiento económico, tanto en los países del Sur como en los del Norte, pero la preocupación central de los diseñadores de políticas (especialmente en los países del Norte donde el uso de recursos ya es excesivo) deberá ser mejorar la calidad de la actividad económica, y no tanto incrementarla en términos de cantidad.

Diversidad económica
El modelo económico neoliberal predominante disminuye la autosuficiencia y genera un alto grado de dependencia con la economía global. Existe muy poco o ningún espacio para la diversidad: los políticos fomentan el mismo modelo de una única receta para todos, aplicado por las instituciones económicas más influyentes. Este enfoque inflexible ha resultado particularmente problemático para muchos países empobrecidos que aspiran desarrollar su propia industria naciente, promover el empleo local, proteger la diversidad cultural y/o restringir la exportación de sus recursos. Además favorece niveles indeseables de dependencia con la economía global -basta ver el impacto de la crisis financiera asiática de 1997, que se contagió rápidamente de país en país. El modelo de una única receta para todos desconoce el valor y la importancia de la diversidad económica.

La diversidad forma parte integral de la sustentabilidad, ya sea en la economía como en cualquier otra esfera. La diversidad económica implica diversidad de actores y estrategias económicas, economías diversificadas (o sea una variedad de sectores y actividades, en lugar de una economía dependiente de sólo una o dos mercancías particulares) y variedad de actores dentro de un mismo sector (es decir, eliminar los monopolios). Los países y las comunidades deberían tener la opción de elegir en cualquier momento aquellos mecanismos y estrategias económicas que consideren más adecuados para satisfacer sus necesidades económicas, sociales, culturales y ambientales. Esas decisiones deberían tomarse teniendo en cuenta la necesidad de optimizar la actividad económica y preservar algún grado de autosuficiencia, a fin de alentar el desarrollo de economías fuertes y diversas, capaces de enfrentar y adaptarse a impactos externos.

En otras palabras, las naciones deberían tener el derecho a timonear sus economías dentro de los parámetros acordados internacionalmente (referidos a la equidad, los derechos humanos y los límites al uso de recursos, por ejemplo) y sobre la base de mecanismos democráticos y participativos para la toma de decisiones (lo que excluye efectivamente las economías centralmente planificadas por el Estado a la vieja usanza).

Subsidiaridad económica
La economía nos afecta a todos. Los acuerdos y reglas del comercio internacional conllevan muchos efectos secundarios significativos muy difundidos. Por ejemplo, las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio (OMC) pueden incidir sobre los patrones de producción y consumo, la estabilidad económica nacional, las tasas de cambio, el comercio regional y nacional, la viabilidad de las pequeñas y medianas empresas, el empleo, y el gasto público en salud, educación y el medio ambiente -todos ellos factores que a la postre afectan directa o indirectamente a las personas.

El mundo de la economía debe abrirse al escrutinio público: la gente necesita estar directamente involucrada en la toma de decisiones económicas. Esto se puede lograr, en parte, devolviendo el poder de decisión a la base social, aplicando el principio de la subsidiaridad económica (la toma de decisiones al nivel más local que sea posible). Es conveniente, además, que intervengan diversos niveles en la toma de decisiones, contribuyendo a establecer controles y equilibrios entre las diversas instancias de decisión para así reducir la posibilidad de que ocurran abusos de poder en cualquiera de las distintas esferas.

¿Qué podría significar la subsidiaridad económica en la práctica? Un objetivo central es devolverle a la gente la posibilidad de decidir localmente cuáles son sus propias necesidades, y en qué medida necesitan del comercio internacional, regional ó simplemente fuera de sus propias fronteras para satisfacerlas. En otras palabras, las economías locales deberían tener la posibilidad de elegir hasta qué punto quieren ser autosuficientes y generar su propia riqueza y fuentes de trabajo, al mismo tiempo que mantienen abierta la opción al comercio. Este tipo de mecanismos de decisión por supuesto requieren de sistemas democráticos y participativos de toma de decisiones económicas, tanto a nivel nacional como internacional (ver más adelante). Otro objetivo importante es que la toma de decisiones en cuestiones económicas claves (desde la apertura de los mercados a la asignación de recursos públicos para la salud, la educación y el medio ambiente) retorne a manos de gobiernos elegidos democráticamente.

Al mismo tiempo, sin embargo, resulta absolutamente esencial lograr mayor eficacia en la toma de decisiones a nivel internacional, con relación a un amplio espectro de temas que son vitales para las economías sustentables, pero que no pueden ser resueltos por los países operando en forma aislada. Esto incluye, por ejemplo, la erradicación de la pobreza, el logro de la equidad compartiendo las responsabilidades, fijar límites globales al empleo de los recursos, fijar metas de producción y consumo sustentable y controlar la contaminación transfronteriza, entre otros.

Nuevas metas de las economías sustentables
La diversidad y la subsidiaridad económicas no niegan la necesidad de metas y reglas económicas, sociales y ambientales compartidas. De hecho, muchas de ellas ya fueron acordadas en el marco de las Naciones Unidas, pero nunca han sido aplicadas a la economía (ó en algunos casos, nunca llegaron a implementarse).

Hoy en día resulta claro que un índice alto de crecimiento económico no genera necesariamente beneficios sociales y ambientales. En realidad, muchas veces suele suceder lo contrario. La desregulación, combinada con un aumento de la producción y el consumo, está conduciendo al debilitamiento de las normas sociales y ambientales, y a niveles más altos de contaminación y empleo de recursos. Además, la riqueza generada suele ser distribuida inequitativamente.

Ya no sirve fijar como única meta la maximización del producto bruto interno (PBI). Un sistema económico viable y productivo debe fijarse como meta la satisfacción de las necesidades de todas las personas, con base en un uso equitativo de los recursos limitados del planeta. La erradicación de la pobreza, la sustentabilidad social y cultural, la equidad intergeneracional y la dignidad humana deben ser objetivos claves. Es necesario administrar los niveles de producción y consumo; y el trato preferencial y diferenciado para los países y pueblos empobrecidos debería ser un componente integral, permitiendo mayores niveles de consumo para los pueblos empobrecidos.

Principios no lucro
Para lograr esos objetivos, las sociedades del siglo XXI requerirán políticas económicas nacionales e internacionales sofisticadas, que promuevan niveles óptimos de actividad económica, basándose en principios sociales y ambientales claves que deberán ser reconocidos internacionalmente. Los siguientes son algunos de ellos:

  • La obligación de los gobiernos, empresas y otras organizaciones a rendir cuenta de sus actos de manera pública, democrática y transparente, con base en el derecho ciudadano a saber, a participar y a acceder a la justicia./li>
  • Aplicación del principio del contaminador paga, sustentado en normas que consagren la responsabilidad jurídica de las empresas y su obligación de indemnizar los impactos sociales y ambientales de sus actividades.
  • Relaciones internacionales y negociaciones intergubernamentales guiadas por principios de cooperación equitativa, auto determinación y trato preferencial y diferenciado.
  • Respecto por la diversidad biológica, cultural y económica, y cuidado del bienestar de los seres humanos y las especies no humanas.
  • Respeto por los derechos humanos, especialmente el derecho a disfrutar de una vida digna en un ambiente sano, el derecho a la paz y la seguridad y el derecho a la igualdad y un trato equitativo para todos sin consideraciones étnicas, de género, religiosas ni de clase. Tales derechos deben ser extensivos en su totalidad a los pueblos indígenas.
  • Respeto por normas de alta calidad ambiental, de salud y seguridad, sociales y laborales y de salud laboral.
  • Equidad intra e intergeneracional, incluyendo la redistribución del control sobre recursos tales como la tierra, y el pago de la deuda ecológica.
  • Subsidiaridad económica y política, es decir, devolver el poder y la autoridad al nivel más local que sea posible.
  • Aplicación del principio de precaución a todas las políticas y tecnologías, en todos las esferas.

 

 

El principio de precaución
El principio de precaución que con tanto recelo miran muchos de los partidarios del modelo económico actual, merece una mención especial, ya que constituye un componente fundamental de la sustentabilidad.

En un mundo donde los recursos son limitados y la producción compleja, resulta apenas razonable adoptar una actitud prudente frente al comercio. Con la aplicación del principio de precaución se pretende proteger a las generaciones futuras de impactos desconocidos o inciertos sobre el medio ambiente y la salud. El principio de precaución debería dar lugar a que la gente adopte decisiones conjuntas (directamente o a través de organismos electos democráticamente) respecto a su posible exposición a riesgos ambientales o para la salud, con base en información independiente y precisa, y según sus propias normas éticas y preferencias culturales.

Los procedimientos convencionales de evaluación de riesgo no son un sustituto válido del principio de precaución: aún cuando exista suficiente información para llevar a cabo una evaluación de riesgo, de todas formas casi siempre hace falta tomar decisiones (a menudo estrictamente) políticas acerca de los riesgos. Para involucrar a la gente en procesos de toma de decisiones de este tipo se requieren, por lo tanto, mecanismos de decisión genuinamente democráticos.


Seamos inteligentes: evaluemos el bienestar económico en forma precisa

Índices de bienestar económico en el siglo XXI
No podremos empezar a desplegar sistemas económicos más eficaces, equitativos y sustentables hasta que no modifiquemos la manera en que medimos el bienestar económico. Hoy en día el indicador utilizado es el Producto Bruto Interno (PBI), que en realidad no evalúa la calidad de vida, los avances sociales, la erradicación de la pobreza, el desarrollo humano ó la calidad ambiental. De hecho, hay importantes roles sociales -como el cuidado de los niños y de los ancianos y las tareas del hogar-que son generalmente excluidos de ése índice, es decir, a los cuales no se le reconoce ningún valor económico, a menos que sean remunerados. Al mismo tiempo, sin embargo, a las transacciones económicas relacionadas con el crimen, la enfermedad y la degradación ambiental (por ejemplo, el tratamiento médico para víctimas del crimen, o la limpieza de derrames de petróleo, etc.), se les asigna un valor positivo, aun cuando se trate, en realidad, de indicadores del deterioro de la calidad de vida.

Para generar sociedades verdaderamente sustentables en las que disfrutemos vivir, es preciso que adoptemos un enfoque mucho más sofisticado de evaluación del bienestar económico. Si hemos de decidir cómo y cuándo deben mejorar nuestras economías, tendremos que medir nuestra actividad económica de manera mucho más precisa y adecuada. Eso requiere el diseño de nuevos indicadores del bienestar económico.

Valorar el trabajo de manera justa
En una economía sustentable resulta imprescindible valorar el trabajo con justicia. Hoy en día los indicadores formales del crecimiento económico sólo valoran el trabajo remunerado, pero incluso esos valores están determinados por el mercado. Por eso se considera que un banquero contribuye más que un doctor ó una maestra, y se soslayan totalmente los trabajos no remunerados como el cuidado de los niños y la agricultura de subsistencia, mayoritariamente realizados por mujeres. Lo mismo ocurre con el trabajo voluntario en las escuelas y las organizaciones sin fines de lucro, o el de los jueces de paz y jurados no remunerados.

Dichas tareas son esenciales para un buen funcionamiento de la sociedad y contribuyen a la calidad de vida tanto o más que la economía formal. La crianza de los niños y muchas de las necesidades básicas se satisfacen hoy en día en el marco de la economía informal. Sin embargo, los indicadores actuales no sólo valoran estas contribuciones de manera injusta, sino que distorsionan las economías orientándolas hacia los cultivos comerciales, la producción para la exportación y la explotación de recursos naturales, en lugar de asignarle recursos a la educación, la salud y la seguridad social.

Incluir los costos reales del transporte
El transporte (marítimo, fluvial, aéreo y terrestre) está subsidiado directa e indirectamente, principalmente porque los precios de los combustibles no reflejan todos sus impactos sociales y ambientales. Eso favorece formas de producción y comercio altamente contaminantes y destructoras del hábitat, en perjuicio de la producción y el comercio locales. Si los verdaderos costos sociales y ambientales del transporte fuesen incorporados a los precios al consumidor, los patrones de intercambio seguramente virarían en favor del comercio local, vigorizando las economías locales y protegiendo el medio ambiente, tanto global como localmente.


Planificar para el futuro: usar menos recursos y disminuir la conflictividad

Los recursos son limitados...
Muchos recursos naturales, tanto renovables como no renovables, ya han sido severamente sobre-explotados. Citemos algunos ejemplos:

  • En los últimos 45 años se han degradado a tal punto alrededor de 1,200 millones de hectáreas de tierra cultivable, que ahora ya está fuera del alcance del agricultor medio restablecerlas en su capacidad productiva.
  • Trece de las quince especies más importantes a nivel mundial para la pesca industrial y artesanal se encuentran sobre-explotadas o en peligro de extinción;
  • Entre 1990 y 1995 se perdieron 56 millones de hectáreas de bosques en todo el mundo.
  • El uso excesivo de combustibles fósiles está ocasionando alteraciones del clima.
  • La persistencia de metales y sustancias químicas tóxicas tiene fuertes impactos sobre la salud.

Si toda la gente en el mundo consumiera al mismo nivel al que ya muchos lo hacen en el Norte, en el año 2050 necesitaríamos por lo menos de ocho planetas Tierra para proveernos de los recursos que necesitaríamos entonces.

Enfrentados a hechos de esta magnitud, resulta evidente que debemos reducir sustancialmente el uso de recursos naturales, y que el crecimiento económico sostenido -tal como está prescripto en el modelo económico vigente-es insustentable e incompatible con esa meta. El consumo global de recursos naturales tiene que permanecer dentro de límites sustentables, por el bien y la salud de todos a largo plazo. Eso exigirá cambios importantes en las pautas de producción y consumo (que requerirán de acuerdos internacionales visionarios y eficaces).

... pero el infraconsumo también es un problema
Sin embargo, debemos diferenciar el consumo excesivo que predomina en el Norte, del infraconsumo predominante en el Sur. Las reglas de la Organización Mundial de Comercio y de las Instituciones de Bretton Woods ( el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional) se refuerzan y complementan mutuamente para promover la explotación desenfrenada de recursos naturales destinados a la exportación y fomentar la extracción de recursos naturales biológicamente importantes, avivando así los problemas del consumo excesivo en el Norte y la degradación ambiental tanto en el Norte como en el Sur. Los gobiernos tendrán que abordar conjuntamente temas fundamentales como la distribución y el acceso a los recursos.

Usar menos recursos, disminuir la conflictividad
En cierta forma, la presión actual para abrir los mercados en realidad no es otra cosa que la secular batalla por los recursos. En lugar de dedicar esfuerzos al diseño de un nuevo sistema normativo para regular el modo en que los países habrán de competir por los recursos escasos, deberíamos centrarnos en usar menos recursos y permitir que la gente acceda a ellos mucho más equitativamente. Usar menos recursos, principalmente en el Norte y en el contexto general de economías sustentables, contribuirá más a la paz y a la seguridad mundiales que la globalización económica neoliberal.

Usar menos recursos y generar nuevas fuentes de trabajo
Hay muchas empresas que sostienen que la extracción acelerada de recursos y otras actividades ambientalmente destructivas son necesarias para proteger los empleos, pero no hay nada más ajeno a la verdad. Lo que sí es cierto es que tales actividades pueden generar grandes ganancias. No obstante, es perfectamente factible generar mayores niveles de empleo y contribuir a una mejor calidad de vida si sustituimos, por ejemplo, el aumento del consumo de energía y de materias primas con trabajo humano e inversiones en tareas de conservación de los recursos, en lugar que en su explotación.

Asimismo, el manejo sustentable de los bosques genera más fuentes de trabajo y de mayor duración que la tala. Las tecnologías de eficiencia energética y energías renovables emplean más mano de obra que la minería de carbón y la generación de energía a partir de los combustibles fósiles, además de ser menos costosas para los consumidores. El reciclaje y la reutilización de materiales requieren mano de obra más calificada que la extracción minera y la deposición de desechos.

Valorar y reconocer el trabajo en el sector informal -particularmente en el hogar y la comunidad -resulta vital al evaluar los méritos relativos de diversas actividades económicas. Por ejemplo, los empleos generados por el aumento de la minería para la exportación pueden no resultar atractivos si se los compara con las fuentes de trabajo que se pierden por el desplazamiento forzado de los agricultores de subsistencia en las zonas mineras.

E l derecho a restringir el empleo de recursos
La producción y el consumo sustentable son componentes esenciales de una sociedad ambiental y socialmente sustentable. Las comunidades deberían tener derecho a restringir el uso y la venta de sus recursos, para poder así satisfacer sus propias necesidades. Esto contribuirá a garantizar que la gente en todo el mundo acceda a los recursos en forma equitativa y a reducir el consumo excesivo. Implicará a su vez el fin de la imposición de políticas de desarrollo centradas en las exportaciones (ver más adelante).

Usar menos, reutilizar y reciclar
Las políticas orientadas a reducir el consumo, reutilizar y reciclar resultan indispensables para disminuir el uso de recursos en el Norte. Tales mecanismos podrán dar paso a mejoras significativas en cuanto a la eficiencia en la utilización de los recursos. Los gobiernos deberían introducir en lo posible mecanismos de mercado y/o normativos para estimular estas actividades (tales como impuestos a las fibras vírgenes, ajustes de las tarifas aduaneras, y metas de reciclaje), tanto a nivel nacional como internacional.

Políticas de suficiencia y manejo de la demanda
Reciclar es una de las formas de aumentar la eficiencia con que usamos los recursos. Sin embargo, contener el uso de los recursos en niveles sustentables y permitir al mismo tiempo mayores niveles de consumo para la gente empobrecida requerirá más que un incremento de la eficiencia -implicará también administrar la demanda. Las empresas de energía, por ejemplo, en lugar de vender electricidad podrían prestar servicios de ahorro energético (cuando calefaccionamos la casa o enfriamos una cerveza, por ejemplo) aumentando la aislación y mejorando la distribución y manejo de la energía. En general, debemos centrarnos en estrategias que disminuyan el empleo de recursos, especialmente en el Norte, y que mejoren la calidad de vida. Esas estrategias se conocen como estrategias de suficiencia. Los gobiernos pueden dictar políticas para crear un marco en el que el manejo de la demanda y las estrategias de suficiencia resulten rentables para las empresas.


Compartir los recursos: erradicar la pobreza y las desigualdades

El acceso a los recursos y un ambiente sano son derechos humanos
"Todas las personas tienen derecho a condiciones de vida adecuadas para garantizar la salud y el bienestar propio y de su familia, incluyendo alimentación, abrigo, vivienda y atención médica..." (Artículo 25, Declaración Universal de los Derechos Humanos, ONU, 1948).

Aún así, mucha gente que vive en países empobrecidos está perdiendo el acceso y el control sobre los recursos que necesitan para asegurarse alimentos, agua, vestimenta y vivienda, sin recibir a cambio ningún tipo de compensación, ya sea financiera o en seguridad social. Eso afecta de manera especialmente severa a las mujeres, quiénes son generalmente responsables de la alimentación y la satisfacción de otras necesidades básicas de sus familias. La falta de acceso a la tierra y el crecimiento de los cinturones de miseria en las ciudades del Sur constituyen hoy graves problemas que requieren soluciones urgentes.

En una economía sustentable, el acceso a los recursos y una vida saludable en un ambiente sano serán considerados derechos humanos.

Revertir la maldistribución
Las políticas económicas vigentes como las que impulsan organizaciones intergubernamentales como el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio en efecto redistribuyen los recursos, pero en sentido contrario a la equidad, quitándole a los empobrecidos para darle a los ricos, agravando la pobreza y las desigualdades.

Peor aún, las desigualdades se están acentuando, tanto dentro de cada país como entre diferentes países. En 1960, el 20% de la población mundial que vivía en los países más ricos tenía ingresos treinta veces superiores al 20% más pobre. En 1997 los ricos eran 74 veces más ricos (PNUD, Informe sobre el Desarrollo Humano, 1999). Asimismo se está registrando un crecimiento de los índices de marginación por razones de género y otras características identitarias sociales. Además, el pago de la deuda ha devenido una historia trágica de transferencia de riquezas -inversa a la de Robin Hood-desde los países empobrecidos hacia los acreedores ricos del Norte.

Esta redistribución debe revertirse, a fin de lograr un equilibrio en el cual el acceso a los recursos y a los beneficios derivados de su uso esté distribuido equitativamente dentro de los países, entre las regiones y entre la gente. Se le debe exigir a los gobiernos y otros actores introducir medidas que promuevan la equidad en todas las políticas y mecanismos económicos, sobre la base de nuevas metas acordadas internacionalmente (ver arriba).

Deuda ecológica y anulación de la deuda externa
La fuerte carga financiera generada por la deuda externa que pesa sobre los países empobrecidos, empuja a los gobiernos a permitir una mayor explotación de los recursos naturales destinados a la exportación, con el objetivo de generar divisas. Los programas de las instituciones de Bretton Woods centrados en las exportaciones han reforzado este enfoque dañino y de corto plazo, generando así un círculo vicioso en el que los mercados mundiales se saturan, los precios de las materias primas se derrumban y los países que sufren la pobreza se ven obligados a aumentar sus exportaciones. Además, los países fuertemente endeudados con frecuencia se ven forzados a recortar drásticamente el gasto social y ambiental, haciendo que sea muy difícil para los gobiernos plantearse objetivos de sustentabilidad.

Es así como obtienen acceso fácil a suministros baratos de recursos naturales los países ricos importadores, incurriendo en una deuda ecológica con los países del Sur, mucho mayor que la deuda pública financiera de los países del Sur (evaluada en unos U$S 355 mil millones).

El primer paso en el camino hacia la equidad debe ser la anulación de la deuda financiera, a fin de permitir que los países empobrecidos inviertan en políticas de desarrollo más sustentables, y para dar lugar a cambios en los sistemas y patrones de producción y consumo. (Un punto clave a tener en mente es que resulta inadmisible disminuir el uso de recursos en el Norte, al mismo tiempo que los países del Sur son forzados a exportar materias primas para pagar la deuda.) Por otra parte, la anulación de la deuda no debería estar sujeta a políticas de desarrollo centradas en las exportaciones (ver más adelante), tal y como está planteada actualmente la condonación de la deuda.


Cambiar de prioridades: invertir en la verdadera economía

Promover la estabilidad económica
Las crisis financieras de los últimos años evidencian con toda claridad que el desarrollo sustentable es imposible en un clima de inestabilidad financiera marcada por rápidos altibajos de bonanza y recesión. La globalización económica neoliberal y los flujos de inversión especulativa allanaron el camino de crisis en las que se ha incrementado la pobreza y se ha recortado drásticamente el gasto público en programas de bienestar social y protección ambiental (estos sucesos han sido particularmente evidentes en los países asiáticos como Indonesia). Las economías sustentables habrán de contar entre sus componentes centrales con políticas que promuevan la estabilidad económica (y que contribuyan, o al menos que no comprometan en términos generales la sustentabilidad).

Controlar el flujo de inversiones
Los gobiernos deben poder controlar los flujos de inversiones, tanto a nivel nacional como mundial, a fin de promover y acoger inversiones estables en la verdadera economía, la economía productiva. Para darle empuje a las economías sustentables debería ser norma monitorear a los inversionistas externos, establecer requisitos de desempeño decididos localmente, dar trato preferencial a las empresas locales y nacionales, y reglamentar la actividad de los inversionistas nacionales y extranjeros. Los acuerdos intergubernamentales sobre inversiones deben enfocarse en torno a nuevas metas económicas (como las descritas más arriba) y la reglamentación de las acciones y responsabilidades de las corporaciones. (En tal sentido, la Organización Mundial de Comercio resulta un foro totalmente inadecuado para negociar acuerdos de ese tipo).

Preferencia por la verdadera economía
También debemos poner atención en establecer la diferencia entre la economía monetaria y la verdadera economía productiva (la economía 'real'), puesto que la primera es hoy por hoy más lucrativa y espanta las inversiones en la segunda. Todos los procesos de decisión gubernamentales deberían consagrar la preferencia por la economía productiva. Además, se deben establecer normas e incentivos nacionales e internacionales para estimular las inversiones en la economía 'real' o productiva y desalentar aquellas en la economía 'virtual' o monetaria. Específicamente, es necesario darle prioridad a la inversión extranjera directa (IED) y la inversión nacional de carácter productivo, antes que a la inversión especulativa (el así llamado dinero 'caliente'). En segundo lugar, la IED y las inversiones nacionales deberían estar sujetas a normas sociales y ambientales acordadas internacionalmente (y aplicadas, en el caso de la IED, por el Banco Mundial y las Agencias de Crédito a las Exportaciones, por ejemplo). En tercer lugar, se debería introducir la Tasa Tobin (un pequeño impuesto a las transacciones financieras), a fin de frenar la especulación y generar y redistribuir recursos financieros destinados específicamente a medidas que promuevan el desarrollo de sociedades sustentables.


Equilibrar el comercio: revitalizar las economías locales

Equilibrar el comercio
Es imperiosamente necesario equilibrar el comercio, restarle importancia y prioridad al comercio internacional y dársela en cambio al comercio local y regional (y a las pequeñas y medianas empresas), y promover mayor autosuficiencia local.

Un cierto grado de comercio internacional puede ser inevitable y hasta deseable, pero la clave para satisfacer las necesidades básicas de la población reside en disponer de comunidades y economías locales saludables y sustentables. No obstante, unas y otras se están debilitando de diversas maneras, bajo el impacto de los procesos de liberalización comercial. En términos generales, una fijación indebida en el comercio internacional provoca desequilibrios entre el ámbito local y el internacional, en perjuicio de lo local. En particular, a las empresas locales de poco tamaño les resulta imposible competir con las economías de escala de las grandes transnacionales, y en muchos países existen comunidades sustentables que hoy están amenazadas de extinción.

Además, el comercio internacional tiene efectos sociales y ambientales graves, en parte atribuibles al transporte de larga distancia y el alto consumo de combustibles fósiles, y en parte también a la naturaleza misma y el volumen de bienes comerciados.

Fortalecer las economías y las comunidades locales
La gente debe gozar del derecho a reforzar la protección de su ambiente local y nacional a través de gobiernos elegidos democráticamente, a fomentar actividades económicas sustentables de pequeña escala y ejercer control local sobre sus recursos naturales compartidos. Tal como se plantea más arriba, las economías locales deberían tener la posibilidad de elegir hasta qué punto quieren ser autosuficientes y generar su propia riqueza y fuentes de trabajo, al mismo tiempo que mantienen abierta la opción al comercio.

Además, es necesario que las comunidades -incluyendo los pueblos indígenas, los agricultores y campesinos sin tierra y las mujeres-dispongan del derecho al acceso equitativo a la tierra productiva hoy existente, al agua, las semillas y otros recursos productivos; y que cuenten con la posibilidad de tomar decisiones referidas al uso de esos recursos. Para que esto suceda, se deberán reconocer los derechos de las comunidades a tomar decisiones con respecto al uso de sus recursos locales y tradicionales, aun cuando no se les hayan asignado derechos legales previamente; y la gente deberá poder participar en los organismos de toma de decisiones relevantes (ver subsidiaridad económica y democracia económica más arriba).

Con esto no queremos decir que todas las decisiones deban tomarse necesariamente en el ámbito local. La naturaleza misma del tema en cuestión debería determinar si se lo encara local, nacional, regional o internacionalmente. La puesta en práctica de los principios de subsidiaridad y democracia económica, con diversos niveles de toma de decisiones en forma democrática, debería alentar e incrementar la participación y los aportes locales, promover economías diversas y proveer un sistema con controles y equilibrios que desaliente el abuso de poder en cualquiera de las distintas esferas.

Preferencia por las leyes nacionales y locales relativas a la salud y el medio ambiente
No puede permitirse que las normas del comercio nacionales, regionales e internacionales invaliden las leyes diseñadas para proteger a las comunidades, el medio ambiente y la salud pública. En especial, es necesario que los países preserven el derecho y la capacidad de proteger a las comunidades locales agrícolas y rurales, garantizar la seguridad alimentaria, controlar los flujos de inversión, y exigir que las importaciones estén debidamente etiquetadas. Debería establecerse una preferencia general por las leyes y normas nacionales y locales sobre la salud y el medio ambiente (ya sea que afecten o no al comercio). En particular, debe exigirse que todos los paneles de arbitramiento pertinentes den preferencia a las leyes y políticas nacionales y locales, dando por sentada su validez.

También resulta importante tener en cuenta que las políticas diseñadas y aplicadas en un país pueden tener efectos negativos involuntarios sobre otros países. Los gobiernos deberían estar obligados por ley a ser cuidadosos y analizar si las actividades (actuales o proyectadas) que se desarrollan en su país tienen o tendrán un impacto negativo sobre el ambiente, la salud, o el bienestar económico óptimo de otros países -y a tener eso presente cuando formulan sus políticas.

Poner fin al desarrollo centrado en las exportaciones
Las fuerzas económicas, particularmente el desarrollo centrado en las exportaciones, están conduciendo a una mayor concentración de la tierra y el poder en manos de unos pocos, y a la marginalización y empobrecimiento de las mayorías. El desarrollo centrado en las exportaciones sólo beneficia a una minoría. Si a esto le sumamos la necesidad de equilibrar el comercio en favor de lo local y el hecho que la teoría que lo sustenta ya no es válida, resulta inequívocamente claro que deben abandonarse las políticas que promueven el desarrollo centrado en las exportaciones.


Regular a las empresas: disminuir su poder de influencia

La erosión de la democracia
Las empresas han gozado rienda suelta en las últimas décadas, en la creencia que si se las deja actuar con sus propios instrumentos, ellas generarán crecimiento económico en forma más eficiente. Con base en esa promesa los gobiernos aceptan la desreglamentación, es decir, la eliminación de las normas ambientales, sanitarias, de seguridad laboral y otras; y las compañías tienen cada día más posibilidades de ejercer presión sobre los gobiernos, especialmente sobre aquellos que son débiles o corruptos.

Como resultado de ese enfoque y debido al poder que les da la liberalización económica, las corporaciones empresariales tienen cada día mayor poder de influencia en las negociaciones intergubernamentales y la formulación de normas internacionales. De hecho, las reuniones y cumbres oficiales entre jefes de Estado y directores ejecutivos de grandes empresas son ahora rutina; y el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, ya propuso un Pacto Global entre la ONU y el sector empresarial. Las empresas gozan de un poder desmedido del que abusan con frecuencia. Tal tendencia erosiona la democracia y, por lo tanto, debe revertirse.

Revisar el papel de las empresas
Si las metas de la economía mundial fuesen modificadas en consonancia con las propuestas esbozadas en este documento, el papel y hasta la naturaleza misma de las empresas cambiaría también. Se les exigiría contribuir a un conjunto de objetivos sociales, tanto en términos generales como a través de reglamentaciones nacionales e internacionales (ver más adelante) e incentivos (tales como ajustes de las tarifas aduaneras). Se les exigiría contribuir a generar niveles óptimos de actividad económica y aplicar normas sociales y ambientales de alta calidad (que incluyan, entre otras, normas que disminuyan su utilización de recursos, reduzcan los niveles de contaminación, garanticen los derechos laborales y promuevan la equidad entre los sexos). También se requeriría de ellas responsabilidad social y que rindiesen cuentas de manera amplia ante la ciudadanía. Los cambios en los indicadores con que medimos el bienestar económico deberían alentar a los gobiernos a garantizar que las empresas cumplan con esos objetivos.

Responsabilidad social de las empresas

 

Tanto a las empresas nacionales como a aquellas que quieren iniciar operaciones o abrir filiales en territorio extranjero se les debe exigir adhesión y cumplimiento de los siguientes principios:
  1. Consentimiento previo informado de la comunidad mediante procesos de decisión definidos por la propia comunidad que será afectada por un proyecto o actividad empresarial.
  2. Realizar estudios de impacto social y ambiental.
  3. Responsabilidad financiera y penal por tareas de limpieza y recuperación ambiental y control de la contaminación.
  4. Pagar regalías a las comunidades en cuya jurisdicción la empresa extrae recursos.
  5. Derechos comunitarios frente al desplazamiento forzoso y la destitución social, cultural, física o económica provocada por un proyecto empresarial.
  6. Respeto por los derechos humanos y aplicación de normas sociales (y derechos laborales) y ambientales de alta calidad.

Reglamentar la actividad empresarial
Para instituir este nuevo papel de las empresas y ayudar a mantenerlo, es necesario fijar mecanismos mediante los cuales se les pueda exigir -especialmente a las transnacionales-responder plenamente y con justicia ante las comunidades locales y los gobiernos electos, y rendirles cuentas de sus actividades. Eso supone imponer límites a las fusiones, y medidas para impedir y desmantelar los monopolios y el poder que ellos detentan, además de normas vinculantes que aseguren transparencia, responsabilidad pública y normas de alta calidad sociales, ambientales y relativas a los derechos humanos. Esto debe negociarse en el ámbito de las Naciones Unidas e implementarse a través de las legislaciones nacionales.

Responsabilidad jurídica y económica del fabricante
Las empresas tienen que responsabilizarse por sus productos. Los avances de la técnica pueden ser beneficiosos, pero el peso de la prueba con respecto a la seguridad y sustentabilidad de un producto debe recaer sobre los creadores de nuevos productos y tecnologías y, en última instancia, la responsabilidad jurídica y económica debe corresponderle al fabricante.

Competencia y legislación antimonopólica internacional
Bajo ciertas circunstancias la competencia puede promover el uso eficiente de los recursos y fomentar la sustentabilidad. Pero el actual enfoque neoliberal, que pretende incrementar la competencia a cualquier costo, tiene impactos negativos graves en la economía, la sociedad y el medio ambiente.

Las empresas libran una competencia feroz que resuelven comprando a las empresas competidoras, para reducir así la competencia y los gastos operativos (eliminando secciones gemelas, por ejemplo). El resultado de esa política es un proceso cada vez más rápido de fusiones y adquisiciones con impactos negativos graves, que incluyen la pérdida de puestos de trabajo, la desaparición de muchas pequeñas empresas locales y la creciente concentración del poder en un número cada vez menor de manos. Al mismo tiempo se producen recortes en las normas sociales, ambientales y sanitarias, otra vez con el propósito de reducirle costos a las empresas.

Es crucial que la competitividad internacional deje de ser el objetivo principal de los diseñadores de políticas (que deberían abrazar en cambio los objetivos delineados más arriba). La competencia puede tener un lugar en la actividad económica, pero sólo debería constituir uno entre muchos otros objetivos importantes y, además, debe estar reglamentada; en parte, mediante la introducción de leyes internacionales antimonopólicas para impedir el surgimiento y crecimiento de cárteles y otras prácticas anticompetitivas.

Quien contamina debe pagar
No es justo ni sustentable que las comunidades y los gobiernos carguen con los costos de la contaminación. Quien contamina debe pagar los costos asociados con la prevención o la limpieza de la contaminación y otros daños ambientales. Esto generalmente significa que las empresas deberían hacerse cargo de esos costos a través de impuestos ambientales o como resultado de la imposición de normas ambientales.


Liberar la información: garantizar la transparencia y la democracia

Democratizar la toma de decisiones económicas
Crear economías sustentables y democráticas es una meta ambiciosa que sólo se hará realidad si se garantiza que las políticas internacionales reflejen y respondan auténticamente a los deseos y aspiraciones de la gente por sociedades justas y equitativas a nivel nacional y mundial. Para lograrlo es fundamental la descentralización política. Será absolutamente necesario asegurarse que las naciones y las comunidades constituyan los actores principales en la toma de decisiones; que todos los órganos de decisión pertinentes -desde el ámbito local hasta el internacional-sean genuinamente representativos y participativos; y que la gente disponga de oportunidades reales de participación en la toma de decisiones sobre asuntos económicos.

Responsabilidad pública de los gobiernos
Es legítimo y acertado que los gobiernos negocien acuerdos internacionales aprobados previamente por sus ciudadanos. Sin embargo, los gobiernos deberían hacerse plenamente responsables y dar cuenta de sus actos ante la ciudadanía, y esto sólo sucederá cuando sea posible determinar con claridad cuáles son sus acciones. La transparencia externa de las negociaciones intergubernamentales sobre comercio y otras similares debe aumentar significativamente, a través de diversos medios como la participación de observadores independientes en todas las reuniones relevantes y el establecimiento de una preferencia en favor del levantamiento de las restricciones sobre los documentos oficiales.

Un voto por país
A pesar de la estructura de toma de decisiones vigente en la Organización Mundial de Comercio, basada en un voto para cada nación, las negociaciones son notorias por la forma en que los países más débiles son segregados, al punto que los negociadores de los países en vías de desarrollo muchas veces son excluidos de las reuniones o ignorados. Todas las instituciones intergubernamentales deberían garantizar absoluta transparencia interna en todas las negociaciones y actividades afines, y la participación en las plenarias y/o las comisiones directivas debería ser definida por auto-selección. La participación plena y justa requiere apoyo técnico y financiero.


Actualizar la estructura institucional: rediseñar las normas y las instituciones

Se requieren normas más estrictas
Es necesario fortalecer las leyes y normas internacionales y reforzar su cumplimiento. Hoy en día son los poderosos quienes ejercen el control de la Organización Mundial de Comercio, las instituciones de Bretton Woods y las Naciones Unidas.

En la Organización Mundial de Comercio generalmente se discuten solamente aquellas modificaciones de las normas y se da inicio a aquellas negociaciones que favorecen a los ya poderosos (a pesar de la estructura de toma de decisiones de la Organización Mundial de Comercio basada en un voto por país). Dado que los acuerdos resultantes suelen ser de la conveniencia de los actores más poderosos, los mecanismos de acatamiento de la Organización Mundial de Comercio son fuertes. En las instituciones de Bretton Woods -el FMI y el Banco Mundial-la estructura de votaciones implica por sí misma que los países más ricos y poderosos tienen la sartén por el mango de todas formas, y puesto que los préstamos pueden ser retenidos y se pueden perder puntos en la escala del riesgo-país, lograr acatamiento y cumplimiento de sus 'recomendaciones' resulta bastante fácil.

Dentro de la Naciones Unidas, en cambio, los mismos conflictos de poder se manifiestan y resuelven de manera un poco distinta. Allí se han alcanzado acuerdos muy útiles, pero debido a la influencia de aquellos que se verían perjudicados, los mecanismos de acatamiento son prácticamente inexistentes y son pocos los acuerdos que llegan a aplicarse. El poder de influencia empresarial corporativa está creciendo, más todavía con la propuesta de un Pacto Global entre la ONU y el sector empresarial.

Esta situación no puede continuar. Equilibrar el comercio regional e internacional requerirá un sistema eficaz de reglas y acuerdos de comercio verdaderamente multilaterales (basados en nuevas metas económicas, y la diversidad y subsidiaridad económicas descritas más arriba), que deberán integrarse y complementarse con las legislaciones nacionales e internacionales no referidas al comercio, en lugar de atentar contra ellas. En especial, es muy importante restringir la influencia corporativa de las empresas (ver arriba).

Nuevo enfoque, nueva arquitectura institucional
La estructura institucional regional e internacional es tan obsoleta y anacrónica como el propio neoliberalismo y será necesario actualizarla o sustituirla en consonancia con acuerdos sustantivos como los que han sido esbozados en este documento.

Incorporar las instituciones económicas y de comercio internacionales a la órbita de la ONU
Los conflictos actuales se reflejan en la división institucional entre las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio y las instituciones de Bretton Woods (el FMI y el Banco Mundial). Las instituciones financieras y de comercio regionales e internacionales deberían ser incorporadas plenamente a la estructura de las Naciones Unidas (que requiere de por sí mejoras y fortalecimiento), tal y como se había pensado originalmente.

Economías Sustentables y la Organización Mundial de Comercio
Incluso las economías sustentables basadas en los principios de subsidiaridad y diversidad económica requerirán reglas e instituciones intergubernamentales, pero ellas no estarán fundadas en la obsoleta teoría económica neoliberal. Las polémicas en torno a la existencia futura de la Organización Mundial de Comercio son en consecuencia un mero ejercicio académico. O abandona su cometido de promoción del libre comercio y se adapta para fomentar economías sustentables, o será sustituida por una institución más adecuada e idónea.

Las economías sustentables también requieren cambios en el FMI y el Banco Mundial
El compromiso de la OMC con el libre comercio es fiel espejo de los Programas de Ajuste Estructural (PAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos multilaterales de desarrollo, que obligan a los países en vías de desarrollo a abrir sus mercados (esto también se aplica a las nuevas políticas del Banco Mundial sobre 'Estrategias para la Reducción de la Pobreza'). Esas instituciones de comercio y financieras protegen mancomunadamente los intereses del capital multinacional en lugar de proteger a la mayoría de la población mundial y el medio ambiente.

Generar economías sustentables implicará modificar las formas de funcionamiento del Banco Mundial y el FMI. Más específicamente, equilibrar el comercio y establecer nuevas metas como la subsidiaridad, implicará que la toma de decisiones retorne en parte a los ámbitos locales, nacionales y regionales, y que las decisiones presupuestarias se adopten con base en una escala distinta de prioridades; asimismo, que se ponga fin al desarrollo centrado en las exportaciones y a la apertura de los mercados como condición para la condonación de la deuda.

Los tratados multilaterales sobre el ambiente deben primar sobre el comercio
Los acuerdos multilaterales sobre medio ambiente, desarrollo, salud, derechos humanos y laborales deben primar sobre el comercio. Las reglas mundiales del comercio tendrán que enmendarse para reflejar esta valoración.

Incentivar a los gobiernos a que cooperen entre sí
Dado el carácter competitivo de las relaciones intergubernamentales no debe sorprender que la cooperación multilateral sea escasa. No obstante, esa cooperación resulta indispensable para resolver un amplio espectro de problemas globales urgentes, tales como la condonación de la deuda y el cambio climático.

Los gobiernos deberían tener la posibilidad y ser alentados a cooperar internacionalmente para promover el desarrollo y resolver desafíos ambientales comunes. En ese sentido, que se reduzca y haya menor competencia internacional tendría que ser una ayuda y, asimismo, que se puedan utilizar medidas comerciales para alcanzar nuevas metas económicas (tales como las esbozadas más arriba). Además, los tratados internacionales diseñados para lograr esas metas deberán incluir incentivos para la cooperación y sanciones a la falta de colaboración.

Resolución de controversias
Donde hay reglas siempre habrá disputas y conflictos. Por lo tanto será necesario crear un sistema internacional de arbitramiento eficaz, transparente e independiente. Como ya se ha dicho, los gobiernos deben estar obligados por ley a ser cuidadosos cuando diseñan e implementan políticas nacionales de protección del medio ambiente y promoción de la salud, y analizar si esas políticas pueden generar impactos negativos involuntarios en otros países. Debe investirse a las cortes internacionales de justicia con el mandato de resolver las controversias al respecto en base a principios compartidos (como se plantea más arriba).


Lecturas recomendadas

Para ampliar la información con respecto a los impactos de la globalización económica neoliberal, véase "The World Trade System: how it works and what is wrong with it" y "The World Trade System; winners and losers" . Ambos manuales están disponibles en www.foe.co.uk/campaigns/sustainable_development/publications/trade/

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