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declaración de
cartagena
La Conferencia Internacional
de Derechos Ambientales y Derechos Humanos
realizada en Cartagena, Colombia, los días
del 16 al 18 de septiembre de 2003, convocada
por Amigos de la Tierra Internacional,
Transnational Institute y la red Oil Watch,
declara:
Doscientos cincuenta
delegados de organizaciones ambientalistas,
ONGs y movimientos sociales de todo el
Planeta hemos examinado concienzudamente cómo
muchos gobiernos pregonan las virtudes del
libre mercado, que benefician principalmente
a las grandes empresas transnacionales y a
las elites económicas del Planeta, mientras
se acrecienta la guerra y se empobrecen cada
vez más los pueblos y las naciones del Sur,
principalmente.
Acudimos a Cartagena
convocados por el son de los tambores
africanos que todavía retumban en la
geografía de América, como lo han hecho
durante los últimos trescientos años,
llamando a la emancipación y a la resistencia
contra la esclavitud y el destierro que se
padecen.
Reconocemos que aunque ha
habido avances significativos en el
reconocimiento internacional de derechos
humanos individuales, muchos dictadores y
torturadores aún gozan de impunidad y
violaciones de derechos colectivos y derechos
ambientales, causadas por un modelo económico
depredador, prevalecen y crecen.
A los pueblos desheredados de
todo el Planeta, negros indígenas,
campesinos, y habitantes de las barriadas, se
les arrebata el aire, el agua y la tierra, se
les arrincona en los lugares más insalubres,
se les somete a la hambruna, se les ahuyenta
de los lugares turísticos, se les persigue y
se les encarcela. A los negros en Colombia,
se les asesina y se les impide enterrar a sus
muertos en contra de su tradición. Nosotros
afirmamos que estas son injusticias sociales
cometidas por unos pocos en contra de casi
toda la humanidad.
Las injusticias ambientales
son el pan diario de los trabajadores en las
fábricas, de los vendedores ambulantes en las
calles, de las mujeres, niños y niñas que
cargan el agua escasa desde distancias
inmensurables. La contaminación urbana se
concentra en los lugares que habitan los más
empobrecidos, allí se localizan los efluentes
de las aguas servidas y las gentes se
disputan con las aves de rapiña las sobras en
los basureros.
En Colombia, las fumigaciones
que persiguen exterminar los cultivos de coca
y amapola, base para las sustancias
psicoactivas que son la escapatoria de
jóvenes desesperanzados en todo el mundo, se
llevan a cabo a sangre y fuego y en contra de
toda razón jurídica, médica o social. Pero,
así como se fumiga la Amazonía también se
fumigan grandes extensiones de cultivos
agrícolas dejando una gran huella tóxica e
infertilizando las tierras.
Hemos venido de África, de
Asia, de Europa, de Australia, de Oceanía, de
toda América, citados por quenas y zampoñas y
las gaitas fiesteras de los indígenas. Hemos
afirmado nuestro compromiso de resistir a la
injusticia de los codiciosos del Sur y
mayoritariamente del Norte, que destruyen los
valores ancestrales y las culturas, que
ocupan los lugares sagrados, que instalan
máquinas que horadan y mancillan la Tierra
para sustraer los metales, los minerales, el
petróleo, y las aguas prístinas. Los
codiciosos polucionan las aguas e inundan las
tierras fértiles y despojan a los débiles y
extinguen la vida y desaparecen los peces y
llenan represas para generar energía que
dilapidan. Los codiciosos invaden la
cotidianidad de los pueblos con torres
petroleras y diseminan las modernas pestes
transgénicas; ellos talan selvas y bosques
para hacer envolturas de papel para objetos
inútiles.
Es por su voracidad que
surgen los problemas ambientales. Y es por la
existencia de estos problemas que nuestras
sociedades padecen, por lo que estamos
decididos a fortalecer y multiplicar nuestras
organizaciones. Los defensores de los
derechos ambientales y los derechos humanos
existimos porque a la Naturaleza y a los
seres Humanos se nos niegan los derechos.
Porque hay injusticias ambientales es que
procuramos la justicia ambiental.
Por eso, organizaciones como
Environmental Rights Action de Nigeria,
germinan y luchan para que las empresas no
violen sus derechos y no se alíen con las
dictaduras; Madreselva, en Guatemala, en
alianza con la red Oilwatch, luchan porque
han visto que el lugar sagrado de Tikal, en
las selvas del Petén, está siendo profanado,
como han sido profanados la desembocadura del
Níger, del Orinoco y las costas de Galicia,
Alaska y de Brasil por la industria
petrolera.
Porque los Bancos
Multilaterales y las Agencias de Crédito y
todos sus congéneres no se responsabilizan de
las consecuencias sociales, políticas y
ecológicas de sus operaciones financieras es
que existen campañas y redes que las
confrontan. En Cancún, campesinos y
movimientos sociales se alían con los países
que se oponen a las reglas de comercio
injustas, y protestaron contra la OMC, porque
saben que esta institución trata de
garantizar derechos para Corporaciones
Transnacionales en vez de derechos colectivos
y ambientales para los pueblos.
Porque la comercialización de
la producción y la distribución del agua y la
energía dejan a miles de personas sin acceso
a estos servicios, como es evidente en la
Costa Caribe Colombiana, donde los habitantes
de las barriadas sacrifican sus ingresos para
pagar los crecientes costos, es que existen
iniciativas como la Plataforma de Energía que
crea escenarios para la confluencia de
organizaciones que levantan reivindicaciones
comunes sobre las condiciones de operación,
el acceso y la calidad de los servicios de
energía.
En Estados Unidos han surgido
organizaciones que luchan por la Justicia
Ambiental y contra la discriminación
ecológica y aún, que sepamos, no las han
llamado terroristas. Algunas de nuestras
organizaciones han surgido en Europa, en Asia
y en Oceanía, luchando ante las catástrofes
ocasionadas por las centrales nucleares y la
explotación de materiales radiactivos; otros
para oponerse desde su condición de
habitantes de los bosques a la capacidad
destructiva de los monocultivos forestales y
las plantaciones de árboles. También nos
hemos organizado frente a las amenazas sobre
las comunidades rurales y los consumidores en
todo el mundo debidas a la introducción de
Organismos Genéticamente Modificados –OGM-
que destruyen prácticas agrícolas
tradicionales y minan la soberanía
alimentaria.
Nuestras organizaciones no
han surgido como fruto de una conspiración,
ni de un complot terrorista ni pasado ni
reciente, sino que existen porque los
derechos ambientales y humanos y de los
pueblos son conculcados y negados. Nuestras
organizaciones son reconocidas, premiadas y
apoyadas, local e internacionalmente por su
profundidad argumentativa, por su tesón, su
compromiso, su equidad y su búsqueda de la
justicia ambiental. Muchos gobiernos deberían
aprender a defender los derechos y la
soberanía frente a la explotación desmesurada
de su patrimonio y sus ciudadanos por el gran
capital; deberían aprender de las
organizaciones ambientales y de derechos
humanos a defender los derechos de sus
pueblos, contra las actitudes imperiales de
las instituciones, las naciones codiciosas y
las Compañías Transnacionales.
Para lograr la seguridad,
palabra que en latín se refiere a la paz, ha
de combatirse la inseguridad. La inseguridad
viene de que muchos gobiernos, especialmente
del llamado Grupo de los Ocho, instituciones
multilaterales y el gran capital buscan la
seguridad de unos pocos, sacrificando la
seguridad de las mayorías.
Nos proponemos que la palabra
seguridad recobre su significado, queremos
seguridad ecológica, alimentaria y
energética. La seguridad de que no vendrán a
expropiarnos el agua. La seguridad de que no
nos desaparecerán los nevados, de que no
desertizarán nuestras selvas y tierras, que
no continuarán alterando el clima; la
seguridad que los campesinos no serán
desplazados, que la Amazonía no será
fumigada, que la Banca Multilateral (Banco
Mundial, Fondo Monetario Internacional, etc.)
no seguirá financiando el saqueo y la
destrucción del Planeta. Queremos seguridad
de que no se seguirá criminalizando ni
persiguiendo a los defensores de derechos
humanos, a los ambientalistas, ni a quienes
se manifiestan contra las injusticias y la
guerra.
Nosotros queremos la paz y la
seguridad para todos. Queremos la seguridad
de que tendremos un Planeta habitable para
ofrecer a las generaciones presentes y
futuras. Por ello nos comprometemos a
articular nuestros propósitos y nuestras
acciones para construir un mundo con justicia
ambiental y social.
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