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23 julio 2001
el protocolo de kyoto esta aun a flote
pero está haciendo agua
El Protocolo de Kyoto ha sobrevivido a los
denodados esfuerzos de George W. Bush y del
Gobierno de los Estados Unidos para matarlo,
pero las tácticas obstruccionistas de los
miembros del llamado "Grupo Sombrilla"
(Japón, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y
Noruega) ha forzado al Señor Jan Pronk,
Presidente de la Conferencia, y a los países
que apoyan el Protocolo, a aguarlo
considerablemente. "Sumideros" de bosques en
los territorios de los países del Anexo 1
(comprometidos por el protocolo a reducir
efectivamente sus niveles de emisión de CO2)
y en los paises en vías de desarrollo; compra
de cupos de emisión y otras facilidades
amenazan con permitir a los países
industrializados a que minimicen su acción
local para disminuir la emisión de gases.
Además, la implementación del mecanismo de
cumplimiento ha sido parcialmente postergada
por una descarada presión por parte del
Japón, principalmente.
Rusia hizo grandes esfuerzos de última
hora para retrasar la adopción del acuerdo,
con el propósito de chantagear a las Partes
de modo que permitan más "aire caliente", un
eufemismo que describe uno de los principales
mecanismos de alivio que el Protocolo concede
a los países industrializados para seguir
emitiendo gases de invernadero: El componente
de comercio de emisiones, lucrativos
"créditos por sumideros" que tendrán valor en
futuros mercados de "créditos de carbono".
Rusia puede fácilmente cumplir con sus
compromisos de Kyoto, puesto que su
decadencia económica ha producido una
reducción efectiva de sus emisiones
industriales de dióxido de carbono. Pero un
uso más liberal de los "sumideros de carbono"
le permitiría vender su capacidad de emisión
no utilizada, a otros estados.
Las organizaciones ambientalistas estarán
exigiendo una pronta ratificación del
Protocolo de Kyoto, pero también exigirán que
los gobiernos consideren al protocolo como
sólo un primer paso para encarar el cambio
climático producido por las actividades
humanas y que no utilicen las facilidades
otorgadas en los acuerdos de Bonn para evitar
acciones nacionales efectivas. También
exigirán que las reglas de cumplimiento sean
aplicadas en forma rápida y aseguren que el
Protocolo sea un acuerdo internacional cuyo
cumplimiento sea efectivamente
controlado.
La supervivencia del Protocolo de Kyoto es
en sí misma un triunfo para los ciudadanos
del mundo que han trabajado duramente para
presionar a los gobiernos a que actúen para
encarar el peligroso proceso de cambios
climáticos. Esta supervivencia se puede
considerar como una derrota política del
Presidente Bush, quien con la arrogancia de
su poder pensó que su decisión para renegar
del Protocolo de Kyoto sería suficiente para
matarlo.
Pero el precio de este triunfo ha sido
extremadamente alto para la población del
planeta. El protocolo ha sido en gran medida
diluído. Su influencia en el futuro del clima
de la Tierra ha sido erosionado enormemente.
No se trata de una cuestión académica de
toneladas y puntos porcentuales. Cada paso
que nos aleje de las acciones efectivas para
encarar efectivamente el cambio climático
traerá más miseria y destrucción a
comunidades de todo el mundo. Dejamos la
Conferencia de Bonn con esperanza para el
futuro, pero advertimos a los gobiernos del
mundo que éste ha sido un paso muy pequeño
hacia delante. Hay todavía un largo camino
que andar.
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