Obama, ganate tu Nobel
En vez de cooperar para solucionar la crisis climática de forma efectiva, la administración estadounidense está minando los acuerdos existentes y eludiendo la responsabilidad de los países industrializados en liderar el camino para frenar el cambio climático. Además, se siguen poniendo trabas para resolver la crisis climática de una manera justa y equitativa, minando la paz y los derechos humanos en nuestro mundo. Mientras que la buena voluntad del Presidente de cara a las negociaciones internacionales no vaya acompañada de acciones tangibles, no podremos hablar de un cambio positivo.
“El cambio en el que creemos no es una continuación de la política climática de Bush”, afirma Kate Horner, analista política de Amigos de la Tierra USA,
“para ganar el Nobel, el Presidente Obama tiene que poner fin al aislamiento absurdo y confiar en que trabajar de forma conjunta resolverá la crisis climática”.
“El resto del mundo parece haber sufrido un severo caso de amnesia, olvidando que ya hemos permitido que Estados Unidos debilitase los acuerdos internacionales del clima”, declara Antje von Broock, responsable de clima de Amigos de la Tierra Alemania, refiriéndose a las posiciones políticas tomadas por Estados Unidas durante las negociaciones para establecer el Protocolo de Kioto en 1997. “La Unión Europea no debe caer en la misma trampa otra vez”.
Vanessa María Gálvez Hernández, de Amigos de la Tierra Guatemala dijo:
“La gente de Centro América está combatiendo para defender nuestros territorios en la lucha contra el cambio climático. Las grandes corporaciones y las élites son las responsables de la crisis y de promover falsas soluciones como actividades de extracción, monocultivos, agronegocios, mercados de carbono y acuerdos de libre comercio”.
Amigos de la Tierra está llevando a cabo un petición internacional para exigir a los países industrializados que transformen la justicia climática en una realidad, incluyendo los nuevos objetivos de al menos un 40 % de reducción de emisiones respecto a los niveles de 1990, además de proveer suficiente financiación pública para la adaptación y la protección climática del Sur Global.

