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calentamiento global y refugiados
climáticos en las naciones del pacífico
amigos de la tierra
australia
Los aproximadamente siete millones de
habitantes de los 22 pequeños Estados
insulares del Pacífico tienen una
preocupación común: que el cambio climático
torne inhabitable su tierra natal. El cambio
climático y el ascenso del nivel del mar son
amenazas graves para estos pueblos, y los
efectos sobre la seguridad alimentaria y el
abastecimiento de agua potable ya se están
sintiendo, al igual que en la esfera de la
salud humana. La potencial desaparición total
de Tuvalu en las próximas décadas, cuestiona
el valor que le da el mundo al derecho
soberano de las naciones insulares bajas a
existir. Éste es uno de los derechos humanos
fundamentales, y mientras el mundo discute
sobre reducciones menores de las emisiones
globales de gases de efecto invernadero, el
destino de los habitantes de las islas del
Pacífico se juega a la ruleta.
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La nación de Tuvalu, en el Pacífico,
donde los atolones sobresalen en
promedio 2,5 metros sobre el nivel del
mar, ha ganado notoriedad a nivel
mundial como una de las naciones más
vulnerables al cambio climático. Sin
embargo, todas las islas del Pacífico
han sido arrasadas por un incremento
sostenido en la frecuencia y severidad
de los ciclones en los últimos años,
como el ciclón Heta, por ejemplo, que
en enero de 2004 destruyó casi
completamente la infraestructura de
Niue cerca de Papua Nueva Guinea.
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Las inundaciones cada vez más extendidas,
que ya se experimentan en Tuvalu durante la
marea alta, así como los impactos de los
eventos climáticos extremos sobre la
infraestructura, la seguridad alimentaria y
el abastecimiento de agua potable pueden
potencialmente tornar inhabitables a algunas
naciones en un futuro cercano. Resulta
evidente que las consecuencias del cambio
climático no son simplemente ambientales,
sino sociales, culturales y económicas.
El cambio climático también nos enfrenta a
dos problemas nuevos que requieren atención
inmediata: ¿qué suerte corre la gente
desplazada por el calentamiento global?. Y
¿qué suerte corre la soberanía de las
naciones cuyos suelos deben ser abandonados?
A medida que más y más gente ve como su
tierra natal se torna inhabitable, muchos
tendrán que huir y se convertirán en
“personas y pueblos ecológicamente
desplazados”.
las dimensiones sociales del
cambio climático
Si bien el concepto de refugiados
ambientales no es nuevo (el término ha estado
en uso desde finales de la década de 1940),
los refugiados climáticos son un fenómeno
emergente. En su Informe sobre Desastres
Mundiales de 2001, la Cruz Roja Internacional
sugería que 25 millones de personas (casi un
58% de los refugiados existentes en el mundo)
podían ser refugiados ambientales. Estas
personas escapan de una multitud de
alteraciones, y al parecer el calentamiento
global es una de ellas.
Sin embargo, si los modelos y tendencias
actuales son acertados, incluso estas cifras
intimidantes serían insignificantes en
comparación con lo que posiblemente pueda
ocurrir en el futuro cercano. Norman Myers,
un experto de la Universidad de Oxford en el
tema de los refugiados climáticos, sostiene
que podría haber 150 millones de refugiados
ambientales en movimiento en un plazo de 50
años, hasta 1 millón de los cuales podrían
ser de las islas del Pacífico. Otros
investigadores han sugerido cifras más altas,
con algunos estimativos que alcanzan los 400
millones de personas desplazadas para mitad
de siglo. Estas personas no son actualmente
reconocidas como tales por el Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados (ACNUR), y por ende no recibirán
ninguna protección o apoyo particular una vez
que se vean desplazadas.
ampliar los derechos
Si bien la definición consagrada en la
Declaración Universal de Derechos Humanos es
aún un punto de referencia vital para
asegurar la dignidad básica de todas las
personas, es necesario ampliar el concepto de
derechos humanos para incluir nuevos temas y
problemas en evolución en el siglo XXI, tales
como el reconocimiento del concepto de deuda
ecológica y de la deuda de carbono que le
adeuda el Norte hiper-consumista al resto del
mundo. En términos prácticos, esto
significará el reconocimiento del fenómeno de
los refugiados climáticos por parte de los
gobiernos nacionales y de entidades como el
ACNUR.
Mientras que el Norte tendrá que trabajar
con las comunidades afectadas en el Sur (a
través del reconocimiento de la deuda
ecológica, más y nuevas formas de ayuda
externa y la transferencia de tecnologías
sustentables y apropiadas), el reconocimiento
de la condición de refugiados climáticos
marcará la “adaptación” definitiva al
calentamiento global. Si bien hay conciencia
creciente de que ésta debe ser una medida a
la que se recurra en última instancia, es
decir una opción para cuando hayan fracasado
todos lo intentos de adaptación a las
condiciones locales alteradas, será necesaria
mucha planificación previa para implementar
estructuras que permitan brindar asistencia a
las personas que necesitan desplazarse, en
caso que el calentamiento global torne su
existencia actual insostenible. En ese
sentido, hay que reconocer el esfuerzo de
Nueva Zelanda/Aotearoa en el programa de
migración que ha negociado con Tuvalu, que le
permitirá a la mayoría de la población
tuvaluana reubicarse en Nueva Zelanda en los
próximos años, según un cronograma pautado
por etapas.
Como lo señalara el activista tuvaluano
Siuila Toloa, cuando el cambio climático
obligue a pueblos enteros a mudarse como
refugiados, esas naciones corren
potencialmente el riesgo de perder su
soberanía y costumbres tradicionales. Los
tuvaluanos son fuertemente dependientes de su
entorno ecológico inmediato para su
subsistencia, y ya están notando una caída
creciente en sus cosechas tradicionales
debido a la invasión del agua salada, así
como capturas menguadas de recursos marinos.
La consecuente dependencia de alimentos
importados procesados –que a su vez están
asociados a enfermedades propias de un estilo
de vida determinado, tales como la
hipertensión y la diabetes—pone en riesgo la
salud y la seguridad alimentaria.
problemas de
soberanía
El activista ambiental samoano Fiu Mataese
Elisara ha puesto de manifiesto el hecho que
todas las naciones del Pacífico tienen
derecho a existir como naciones soberanas
sobre tierras tradicionales, en lugar de ser
forzadas a abandonar sus tierras debido al
calentamiento global. Este derecho está
consagrado en el artículo 15 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos,
donde consta que todos los pueblos tienen
derecho a una nacionalidad.
¿Qué implica para la soberanía el hecho
que las naciones pierdan todo o parte de su
territorio, incluidas sus aguas
territoriales, a manos del cambio climático?.
Si bien un grupo de tuvaluanos ha diseñado un
plan para comprar una isla cercana a Fiji
para reasentarse, ¿qué pasará con su derecho
de soberanía una vez que abandonen sus
tierras tradicionales? Es una práctica común
que los refugiados sean “incorporados” como
ciudadanos de las naciones receptoras en las
que se asientan permanentemente. Pero se
puede argumentar que estamos frente a una
situación sin precedentes en la cual naciones
enteras pueden desaparecer como países
soberanos. Muchos aspectos de la legislación
nacional e internacional tendrán que ser
puestos a prueba y adaptados en los próximos
años para enfrentar este problema.
Tal como lo señala Siuila, “la mayor parte
de los emprendimientos en los países
desarrollados se realizan a costa del
medioambiente”, y en el caso del cambio
climático los impactos se sentirán
fundamentalmente en las comunidades del Sur.
Las decisiones nacionales con relación a los
modelos de desarrollo, infraestructura y
energía tienen por tanto una dimensión
inherente de derechos humanos a tener en
cuenta. Las palabras de Siuila son también un
recordatorio oportuno de que los países del
Norte deben reducir su consumo de recursos
naturales para evitar la pérdida de soberanía
de los pequeños Estados insulares y otras
naciones del Sur sumamente vulnerables.
más información:
Amigos de la Tierra Australia:
www.foe.org.au/climate
www.foe.org.au/population
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