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Durante todos estos diez años de comercialización la industria de biotecnología estadounidense ha sostenido incansablemente que los cultivos transgénicos son inocuos, que no representan ningún riesgo para el medio ambiente ni para la salud humana y que brindan muchos beneficios para los agricultores y los consumidores, tales como rendimientos más altos y mejor calidad de los alimentos.

Los alimentos modificados genéticamente se han vendido en las góndolas de los supermercados de Estados Unidos durante una década. Más del 50% de los alimentos procesados en EE.UU. contiene algún ingrediente transgénico, y más de 70 millones de acres de suelo estadounidense han sido plantadas con cultivos transgénicos. No obstante, el debate sobre los cultivos transgénicos ha sido relativamente tímido en EE.UU. en contraste con las fuertes protestas que se han dado a nivel internacional, donde la introducción de alimentos transgénicos ha generado gran alboroto, oposición generalizada y rechazo rotundo.

estados unidos: país libre para los transgénicos

En Estados Unidos los alimentos transgénicos se consideran sustancialmente equivalentes a los alimentos convencionales respectivos. El sistema normativo está basado en la noción de que los alimentos transgénicos no representan ninguna alteración y que por eso son inocuos, y que por lo tanto no requieren ser sometidos a pruebas obligatorias de bioseguridad ni regulaciones específicas. No sorprende entonces que el gobierno de EE.UU. haya destinado tan poca financiación para la investigación sobre los impactos ambientales y para la salud que potencialmente pueden acarrear los alimentos genéticamente modificados. El Departamento de Agricultura de EE.UU., por ejemplo, destina apenas 3,6 millones de dólares de su presupuesto de investigación de 193 millones de dólares, a estudios que examinan los posibles impactos ambientales de los transgénicos.

Una de las razones principales del sistema normativo tan laxo de los EE.UU. en esta materia es la enorme influencia de la industria de biotecnología, y especialmente de la Monsanto, sobre el gobierno.

poniendo en cuestión la inocuidad de los cultivos transgénicos

En los últimos años el debate sobre los cultivos transgénicos se ha avivado en los EE.UU., y su sistema normativo ineficiente ha estado sujeto a críticas crecientes. Por ejemplo, la política de la Secretaría de Medicamentos y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés) para evaluar la inocuidad de los cultivos transgénicos ha sido juzgada como inadecuada. Un informe de 2003 del Center for Science in the Public Interest concluyó que el proceso regulatorio no le permite a la FDA garantizar que la ingestión de los cultivos transgénicos es inocua: no siempre evalúa las toxinas y los antinutrientes que pueden afectar el valor nutritivo y la seguridad de los alimentos; los métodos para determinar la alergenicidad son inadecuados y los resúmenes de datos a menudo carecen suficientes detalles o información como para determinar que los transgénicos son inocuos.

Que el gobierno de los EE.UU. siga rechazando imponerle pruebas de seguridad y etiquetado obligatorio para los cultivos y alimentos transgénicos, está enfureciendo a un número creciente de ciudadanos estadounidenses. Se han entablado varias acciones legales, y cientos de miles de personas han reclamado pruebas y etiquetados. Además varios incidentes, entre ellos el escándalo del maíz StarLink y la contaminación generada por los cultivos biofarmaceúticos, han puesto de manifiesto las fallas y debilidades del sistema normativo estadounidense.

el escándalo del maíz starlink

“Creo que estamos actuando sobre la punta del iceberg solamente. Sencillamente no sabemos qué es lo que hay en los silos, y apenas esto salga de aquí y se lo someta a pruebas, esto se va a poner peor.”
Operador de silos en Iowa, The Washington Post, 25 de octubre de 2000 .

StarLink es una variedad de maíz transgénico autorizada en EE.UU. solamente como alimento para animales. No se lo autorizó para el consumo humano debido al potencial alergénico de la proteína Cry9C presente en el maíz manipulado mediante ingeniería genética. No obstante, en el 2000 los campañistas de Amigos de la Tierra descubrieron la presencia de StarLink en las tortillas tostadas de maíz de la marca ‘Taco Bell'. Esto significaba que el maíz StarLink había ingresado a la cadena alimentaria humana.

La magnitud y gravedad de la contaminación con StarLink fue pasmosa. Más de 300 productos alimenticios derivados del maíz fueron retirados del mercado en todo EE.UU.. A pesar del hecho que el StarLink sólo representaba el 0,4% del total de la superficie de maíz plantado en los EE.UU. la cantidad de hectáreas contaminadas fue mucho mayor. Más sorprendente aún, fue que la proteína Cry9C que supuestamente debía encontrarse solamente en las semillas de maíz StarLink se encontró en otras ochenta variedades de semillas de maíz amarillo, y más inesperadamente incluso en un producto derivado del maíz blanco, puesto que previamente se creía que la contaminación sólo podía ocurrir entre variedades de maíz amarillo.

La contaminación con StarLink no se limitó solamente a EE.UU. sino que su presencia también fue detectada en 2000 y 2001 en embarques de maíz destinados a Japón y Corea del Sur. Eso condujo a que en esos países también se retiraran productos del mercado. Durante la Cumbre Mundial de la Alimentación organizada en Roma por las Naciones Unidas, ONGs latinoamericanas denunciaron que se había encontrado StarLink en la ayuda alimentaria estadounidense para Bolivia (véase página 21). Y a finales de 2002 se volvió a descubrir StarLink en Japón.

El caso del StarLink brinda pruebas claras de que la contaminación transgénica es uno de los problemas más urgentes que plantea la liberación de transgénicos en el medio ambiente. Una vez que se libera un organismo genéticamente modificado las consecuencias son impredecibles y los impactos desconocidos. Las autoridades estadounidenses han minimizado e ignorado el hecho que es muy difícil sacar de circulación un organismo genéticamente modificado una vez que se lo ha liberado, pero los problemas de contaminación ocurridos en la vida real ponen dejan en evidencia que los sistemas normativos de EE.UU. para los transgénicos son claramente inadecuados.

“Cualquiera pensaría que la industria agrícola de exportación norteamericana no tendría más opción que someterse a las exigencias de la demanda: mantener segregadas las semillas transgénicas lejos de sus pares no modificadas genéticamente, y en general dejar de lado los cultivos controvertidos. Pero no ocurre así. La verdadera estrategia es introducir tanta contaminación genética que satisfacer la demanda de los consumidores con alimentos libres de transgénicos sea percibido como una tarea imposible. La idea, simplemente, es contaminar antes y más rápido que los países puedan legislar, y luego cambiar la legislación para adecuarla al hecho consumado de la contaminación.”
The Guardian, 21 de enero de 2001 contaminación con biofarmaceúticos

“Los planes de añadirle genes farmacéuticos a los cultivos alimentarios indican que no hemos aprendido nada. […] ¿Por qué diablos las empresas le están añadiendo genes a las plantas que podrían llegar a la cadena alimentaria humana a través de la polinización o la simple mezcla de semillas?”
The New Scientist, junio de 2002.

La experiencia estadounidense con transgénicos ofrece otro ejemplo más de gran riesgo para el medio ambiente: ‘los biofarmaceúticos'. La biofarmaceútica es una aplicación experimental de la biotecnología en la cual se manipulan genéticamente las plantas para que produzcan proteínas y sustancias químicas farmacéuticas que no podrían producir naturalmente. Entre los pocos ejemplos conocidos se cuentan un anticonceptivo, poderosas hormonas de crecimiento, un coagulante sanguíneo, anticoagulantes sanguíneos, enzimas industriales y vacunas.

En noviembre de 2002 se registró el primer caso importante de contaminación con biofarmaceúticos. ProdiGene, la empresa implicada, realizaba entonces pruebas de campo a cielo abierto con cultivos que contenían sustancias farmacéuticas e industriales. En el incidente registrado, ProdiGene no retiró todos los remanentes de maíz transgénico de un campo cultivado en 2002. En consecuencia algunas semillas quedaron en el campo, y estas semillas germinaron en el 2003 contaminando por ende a un cultivo de soja. Más adelante cuando la soja ya había sido cosechada y se encontraba en un silo en Nebraska, se descubrió que había sido contaminada por el maíz de ProdiGene. Unas 500 mil toneladas de soja cuyo valor ascendía a 2,7 millones de dólares fueron puestas en cuarentena por el Departamento de Agricultura de EE.UU., que luego ordenó su destrucción.

Este caso debería ser prueba suficiente de que la siembra a cielo abierto de cultivos biofarmaceúticos pone en riesgo la alimentación a nivel mundial amenaza con contaminar a los cultivos no biofarmaceúticos y puede conllevar riesgos potenciales para la vida silvestre y los ecosistemas. En EE.UU. se llevaron a cabo cerca de 300 pruebas de campo a cielo abierto entre 1991 y 2002.

En octubre de 2003 Monsanto anunció que abandonaba la tecnología biofarmaceútica y el cierre de su división integrada por 70 funcionarios. Esto ocurrió tras una amplia labor de cabildeo al gobierno estadounidense a manos de grupos ecologistas y de consumidores que exigían reglamentaciones más severas, así como por la oposición explícita de la industria procesadora de alimentos que estaba preocupada por los riesgos para la salud de sus consumidores por la posible contaminación de sus productos.

mayor uso de agrotóxicos en cultivos transgénicos

Uno de los principales argumentos de la industria biotecnológica siempre ha sido que los cultivos transgénicos implican beneficios ambientales, específicamente que las variedades tolerantes a herbicidas necesitan menores cantidades de agrotóxicos.

Sin embargo, estudios recientes sobre el uso de agrotóxicos en variedades transgénicas indican un aumento progresivo de su aplicación entre 1996 y 2003. Entre 1996-98 y 2001-03, el volumen de agrotóxicos aplicados sobre cultivos de maíz, soja y algodón transgénicos tolerantes a herbicidas aumentó 73,1 millones de libras.

Hay muchos factores que pueden generar un aumento de la cantidad de agrotóxicos aplicados por hectárea, pero el uso de un solo herbicida (que es el método principal de control de las malezas en los campos con variedades transgénicas tolerantes a herbicidas) ha sido identificado como la causa principal.

“El uso de un solo herbicida como el método principal o único de control de las malezas en los campos sembrados con variedades tolerantes a herbicidas, y las respuestas ecológicas resultantes de hecho inevitables a tan intensas presiones selectivas de herbicidas sigue siendo el principal factor que conduce a una necesidad cada vez mayor de herbicidas por hectárea para conseguir el mismo nivel de control de las malezas.”
Charles Benbrook, “Impactos de los cultivos transgénicos sobre el uso de agrotóxicos en EE.UU: los primeros ocho años”, noviembre de 2003.

El Protocolo de Bioseguridad contradice la política de transgénicos estadounidense

El Protocolo de Bioseguridad es un tratado de Naciones Unidas adoptado en el año 2000 en Montreal, Canada que tiene como objetivo proteger el medio ambiente de los riesgos potenciales de los transgénicos. Entró en vigor el 11 de Septiembre del 2003, y a principios del 2004 más de 80 países de todo el mundo son ya partes de este tratado.

Uno de los principales objetivos del Protocolo de Bioseguridad es la regulación de los movimientos transfronterizos de transgénicos. El Protocolo es el primer tratado internacional que claramente muestra que los transgénicos son diferentes que los organismos convencionales y que por lo tanto requieren un tratamiento diferente. El Protocolo entonces contradice la política de otros países como Estados Unidos, que sostienen que estos no son diferentes de las plantas y otros organismos convencionales de los cuales están derivados.

ás información: www.biodiv.org/biosafety/default.aspx

 

más información:
Sitio web de Amigos de la Tierra EE.UU.:
www.foe.org/camps/comm/ safefood/gefood/index.html
Sitio web de GE Food Alert:
www.gefoodalert.org/pages/home.cfm

 

 

 

 

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