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© greenpeace

El ‘éxito' de la soja transgénica en Argentina debe en buena medida retribuírsele a la estrategia de comercialización de las empresas semilleras implicadas, más que a evidencias científicas o a la experiencia de los agricultores.
Walter Pengue, Ingeniero Agrónomo especializado en mejoramiento genético en la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Argentina es el segundo productor mundial de cultivos transgénicos, en particular soja. Después de transcurridos ocho años de la introducción de la soja transgénica, la pretensión de la industria de la biotecnología que sus cultivos son ambiental y socialmente benignos aún debe ser demostrada. Cada vez hay mayores evidencias de que la soja transgénica exacerba los impactos del actual modelo agrícola que genera aumento de la pobreza, daña el medio ambiente y amenaza la seguridad alimentaria de la gran mayoría de la población argentina.

En los últimos veinticinco años la superficie cultivada con soja creció aceleradamente de un área de 38 mil hectáreas en 1970 a cerca de 13 millones de hectáreas en 2003. Aproximadamente el 70% dela soja cosechada se procesa como aceite, la mayor parte del cual se exporta. Argentina es el país de origen del 81% del aceite de soja del mundo y del 36% de la harina de soja.

La soja transgénica se introdujo a la Argentina en la segunda mitad de la década de los '90. Los agricultores argentinos empezaron a utilizar en 1996 la soja transgénica ‘Roundup Ready' vendida por Monsanto, y transcurridos algunos pocos años prácticamente toda la soja producida en el país es transgénica.

rendimientos menores y más herbicidas

Dos de los argumentos principales de la industria de la biotecnología son que los cultivos transgénicos dan mejores rendimientos y que requieren menores cantidades de herbicidas.

La experiencia en Argentina demuestra exactamente lo contrario. La soja Roundup Ready no tiene mejor rendimiento. El aumento de la producción sojera argentina es el resultado de incrementos en la superficie cultivada, por ejemplo mediante la sustitución de otros cultivos por soja o mediante el avance de la frontera agrícola sobre los bosques, contribuyendo así a la deforestación.

La soja Roundup Ready ha demostrado necesitar más y no menos herbicidas que la soja convencional. En 2001 se utilizó una cantidad superior a los 9,1 millones de kilogramos de herbicidas más para la soja transgénica que para la soja convencional. El uso de glifosato (vendido por Monsanto) se duplicó de 28 millones de litros en el período 1997-98 a 56 millones de litros en 1998-99, y llegó a 100 millones de litros en la zafra de 2002.

Además en Argentina ya se han identificado malezas que son resistentes al Roundup, y eso está contribuyendo también a un uso mayor de herbicidas. Esta resistencia de las malezas ha motivado el uso de herbicidas altamente tóxicos para el cultivo de soja Roundup Ready, y los agricultores incluso han empezado a utilizar herbicidas prohibidos en otros países (entre ellos 2,4-D, 2,4-DB, Atrazina, Paraquat y Metsulfurón metilo).

más pobreza

Los promotores de los cultivos transgénicos fomentan constantemente el mito de que éstos constituyen la clave para resolver los problemas del hambre y la pobreza mundiales. El caso de la Argentina, el segundo productor mundial de cultivos transgénicos demuestra lo contrario.

Millones de argentinos se van a dormir con hambre todas las noches. La situación actual de la Argentina responde a muchas causas, pero es claro que la producción de soja transgénica está potenciando y fortaleciendo el actual modelo de agricultura orientado a la exportación. Este modelo está enriqueciendo a unos pocos y relegando a la mayoría de los argentinos a la pobreza. En la última década 160.000 familias campesinas fueron expulsadas de sus tierras, incapaces de competir con los grandes establecimientos agropecuarios. La soja transgénica ha exacerbado esta tendencia hacia el crecimiento de la agricultura industrializada de gran escala, agravando por ende la pobreza.

riesgos potenciales para la salud

Ante el aumento de la pobreza y de la producción de soja, y la carencia de otros productos agrícolas, el gobierno argentino empezó a promover la soja como una alternativa saludable a alimentos tradicionales tales como la carne y la leche. Se lanzó una campaña denominada ‘soja solidaria' a partir de la cual los comedores populares empezaron a servir alimentos a base de soja y se escribieron libros de cocina con recetas a base de soja, por eso mucha gente está consumiendo diariamente este grano.

Esto implica riesgos potenciales para la salud de los sectores empobrecidos de la población. Aún cuando la soja puede hacer parte de una dieta sana, hay un extenso cuerpo de pruebas científicas que demuestran que el uso excesivo de la soja en la alimentación puede acarrear efectos nutricionales nocivos. La ingesta excesiva de soja puede inhibir la absorción de calcio, hierro, zinc, vitamina B12 y puede ocasionar problemas como la pubertad precoz en las niñas

 

 

 

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