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“Tengo dos opciones con mi cosecha de
algodón: puedo guardarla hasta que se pudra,
o la quemo; aun cuando pierda el dinero y el
trabajo invertidos, es referible a vendérsela
a Monsanto.”
Bako, campesino de la aldea Manyampa,
Sulawesi del Sur.
Indonesia es un gran importador de
algodón, la materia prima para su inmensa
industria textil. En 1999 el gobierno de
Indonesia aprobó el algodón Bt y declaró que
su cultivo en el país era ambientalmente
seguro.
algodón bt en sulawesi del
sur
En el año 2000, llegaron cuarenta
toneladas de semillas de algodón transgénico
al aeropuerto de Makassar en Sulawesi del
Sur, provenientes de Sudáfrica. Las semillas
fueron importadas por la empresa PT Monagro
Kimia, la subsidiaria de Monsanto en
Indonesia. La semilla, desarrollada por
Monsanto, es conocida como ‘Bollgard', y el
‘Bt' se refiere al gen de una toxina
insecticida aislado de la bacteria del suelo
conocida como Bacillus Thuringiensis (Bt) que
fue introducido en la semilla de algodón. Las
semillas fueron transportadas en camiones
escoltados por guardias armados, para su
venta a los campesinos en siete distritos de
la provincia. La oposición fue fuerte desde
el principio. Los activistas de ONGs locales
que se oponían a la importación trataron de
impedir la salida de los camiones del
aeropuerto y protestaron contra el empleo de
la policía militar indonesia para la
protección de los camiones y su cargamento.
Los activistas manifestaron que las semillas
debían ser puestas en cuarentena y someterse
a exámenes minuciosos antes de su
distribución, y acusaron a la empresa de
intentar esconder lo que estaban haciendo, al
utilizar camiones rotulados con la leyenda
‘distribución de arroz'. Las protestas
continuaron en 2001 y cientos de campesinos y
activistas de ONGs se unieron en una
manifestación liderada por la Federación de
Sindicatos Campesinos de Indonesia (FSPI),
que hacía un llamado al boicot de las
semillas y los productos transgénicos.
En 2001 una coalición de ONGs indonesias
en campaña por la bioseguridad y la seguridad
alimentaria recurrieron a acciones legales
contra el decreto que autorizó la venta de
semillas de algodón transgénico para el
cultivo en Sulawesi del Sur, argumentando que
los estudios de impacto ambiental habían sido
inadecuados y que no existió participación
pública. Desafortunadamente, la coalición de
ONGs perdió el caso en los tribunales en
septiembre de 2001.
preferencia por el algodón
convencional
Monsanto promovió su algodón Bt entre los
campesinos sosteniendo que era ambientalmente
benigno, que necesitaba menores cantidades de
agroquímicos, que les garantizaría cosechas
abundantes, que era apto para la exportación
y que mejoraría el bienestar de los
campesinos.
Por lo general, sin embargo, el algodón Bt
fue un fracaso, ya que sucumbió a la sequía y
a las pestes. Muchos campesinos se quejaron
de las pretensiones de superioridad y
rendimiento del algodón transgénico. El
gobierno reveló que más del 70% de los
cultivos de algodón Bt no habían producido
los rendimientos esperados. Algunos
cultivadores de algodón Bt confirmaron que
habían cosechado cerca de 500 kilos por
hectárea, mientras Monsanto alardeaba
reiteradamente que su algodón transgénico
rendiría 3 toneladas por hectárea
monsanto se retira de sulawesi del
sur
En diciembre de 2003 el Ministerio de
Agricultura de Indonesia finalmente anunció
que Monsanto se retiraba de Sulawesi del Sur
después de haber realizado allí ensayos de
campo durante tres años. En realidad la
empresa ya había dejado de proveer semillas a
los agricultores en febrero de ese año. Uno
de los motivos de la retirada de Monsanto fue
que su negocio de algodón en Sulawesi del Sur
dejó de ser económicamente viable.
La mayoría de los campesinos están
satisfechos con la partida de Monsanto, ya
que sufrieron pérdidas con el algodón
transgénico. De hecho, muchos grupos de
campesinos ya habían dejado de cultivar los
productos de Monsanto mucho antes de que la
empresa dejara de proveer semillas en febrero
de 2003.
más información:
Asociación de Consumidores Orgánicos:
www.organicconsumers.org/
gefood/IndonesiaCotton.cfm
testimonio de ibu santi, una
campesina indonesia que quemó sus campos de
algodón
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“Me llamo Santi. Soy campesina y
presidenta de un grupo de campesinas en
Bulukumba, en Sulawesi del Sur. Hace un
año, los funcionarios de la oficina de
plantaciones acudieron a mi casa y me
convencieron de sembrar semillas de
algodón Bt en nuestras 25 hectáreas de
tierra cultivable. Me dijeron que daría
una buena cosecha, con un rendimiento de
4 a 7 toneladas por hectárea. Me dijeron
que la empresa que nos provee de semillas
y fertilizantes –Branita Sandhini,
subsidiaria de Monsanto- a través de un
sistema de créditos nos compraría la
cosecha a buen precio, de modo que
pudiéramos pagar nuestras deudas con la
empresa y mejorar nuestro bienestar.
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Así que a pesar de las dudas de nuestro
grupo de campesinas y nuestra poca
experiencia en el cultivo del algodón, yo las
alenté para que sustituyéramos nuestro
cultivo de maíz por cultivo de algodón Bt en
aras de nuestro bienestar y para mejorar
nuestro futuro.
Pero fue una mentira. Lo de una buena
cosecha no fue más que una ilusión. La
cosecha fue muy pobre, nada más que dos o
tres sacos (alrededor de 70 a 120 kilos) por
hectárea. Lejos de ayudarnos, la empresa
subió el precio de las semillas y de los
fertilizantes justo antes de la zafra y nos
obligó a aceptar esa decisión unilateral
mediante la firma de un acuerdo por escrito.
Si nos negábamos a firmar el acuerdo, la
empresa no nos pesaría ni compraría la
cosecha. La empresa no le dio a los
campesinos ninguna opción, su intención nunca
fue mejorar nuestro bienestar, simplemente
nos metieron en un círculo vicioso de deudas,
nos arrebataron nuestra independencia y nos
convirtieron para siempre en sus esclavos. La
empresa trata de monopolizarlo todo, las
semillas, los fertilizantes, los canales de
comercialización e incluso nuestras
vidas.
Yo me opuse a eso. Nosotras, mis
compañeras del grupo y yo, no merecíamos esa
suerte. Muchos otros campesinos y sus
organizaciones optaron por renunciar a su
independencia, pero nosotras no lo hicimos.
En lugar de firmar el acuerdo nosotras
quemamos nuestro algodón. Nosotras estábamos
enojadas por las trampas sucias de la
empresa, su trato injusto y sus promesas
vacías. Exigimos justicia y quemamos nuestro
algodón para que no cupieran dudas acerca de
nuestro mensaje. Nosotras no hablamos por
hablar, no estamos jugando. Al adoptar esta
posición sabemos que arriesgamos nuestras
vidas, ya que sufrimos una ola de
intimidación y amenazas del gobierno local y
las fuerzas de seguridad, pero preferimos
morir protegiendo nuestros derechos antes que
rendirnos ante la empresa que nos engañó.
Este es mi testimonio. Un testimonio que
está basado en mi amarga experiencia, una
experiencia traumática. El cultivo de algodón
Bt nos perjudicó más que lo que nos
benefició. Muchas de mis compañeras
campesinas han experimentado las mismas
cosas. Sus voces no fueron escuchadas, fueron
acalladas por las mentiras de la empresa, por
el repudio de nuestro gobierno local que nos
culpó por nuestra falta de conocimiento y de
experiencia. Yo hablo por ellas, las voces
silenciadas, por la injusticia a la que están
siendo sometidas, para que aprendamos de la
verdad.”
Fuente: Konphalindo
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