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A principios de 1994, la Secretaría de
Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por
su sigla en inglés) anunció que el ‘Flavr
Savr', un nuevo tomate modificado
genéticamente producido por Calgene, era tan
seguro como los tomates obtenidos por medios
convencionales. Por lo tanto el Flavr Savr se
convirtió en el primer cultivo fresco
modificado genéticamente vendido en el
mundo.
Calgene, una joven y pequeña empresa de
biotecnología radicada en California,
modificó genéticamente a los tomates para que
se pudieran cosechar maduros sin sufrir
magulladuras ni estropearse al ser
transportados. Creían que Flavr Savr duraría
más que los tomates convencionales y
proporcionaría tomates más sabrosos a
procesadores y consumidores.
La FDA aprobó el producto. En términos más
generales, decidió reglamentar los alimentos
transgénicos del mismo modo que los alimentos
convencionales, de modo tal que no necesiten
aprobación previa a la comercialización, con
el argumento de que ambos son iguales o
sustancialmente equivalentes. Sin embargo, no
había pruebas científicas de que los tomates
fueran seguros para el consumo humano. De
hecho, la FDA ignoró los consejos de sus
propios científicos preocupados por unos
estudios que demostraban que los tomates
transgénicos potencialmente podrían causar
lesiones en el estómago. En uno de los
estudios se observaron lesiones grandes en
cuatro de las veinte ratas (hembras)
alimentadas con una de las dos líneas de
tomate transgénico. En otro estudio, las
ratas presentaban lesiones grandes y también
lesiones microscópicas. La FDA, sin embargo,
desestimó estos hallazgos y no se los
comunicó al público.
En 1994, los tomates Flavr Savr fueron
etiquetados como transgénicos y se vendieron
con la marca MacGregor's. Al principio se
vendieron relativamente bien, y hacia 1995
podía encontrárselos en 2.500 comercios de
toda la nación. Pero al fin, sin embargo, la
combinación de las inquietudes de los
consumidores en cuanto a la salud, el costo
de los tomates transgénicos (cerca del doble
del precio de los tomates comunes) y la
tendencia de los tomates a estropearse llevó
a que fueran retirados del mercado en
1997.
Finalmente, el primer cultivo transgénico
comercializado fue un fracaso. Eso significó
también la ruina de Calgene, que había
acumulado grandes deudas con el desarrollo de
ese tomate. Finalmente, la gigantesca empresa
de biotecnología Monsanto compró Calgene,
pero nunca ha intentado introducir un tomate
similar al malogrado Flavr Savr.
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