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enero 2005   

 

paraguay ¿la vida como comercio? mbaracayú: tierra de los aché

El pueblo Aché ha vivido en los bosques subtropicales de Paraguay durante siglos, sobreviviendo a violentas invasiones de sus territorios, incluso las de los Bandeirantes, los cazadores de esclavos de los siglos dieciocho y diecinueve, y los misioneros jesuitas y sus infames “reducciones”. Los Aché estaban perfectamente adaptados al bosque, y en tanto éste sobrevivió, también lo hicieron ellos.

Desde 1945, sin embargo, se han talado más de 8 millones de hectáreas de bosque subtropical húmedo en el este de Paraguay –el corazón del territorio ancestral de los Aché- para abrir camino a establecimientos ganaderos y a la agricultura mecanizada. Las comunidades Aché que sobrevivieron a 467 años de explotación y colonización fueron repentinamente devastadas. Hoy, la última de las comunidades Aché irónicamente está amenazada por una organización para la conservación de la naturaleza.

En 1988, una fábrica de madera laminada al borde de la bancarrota cerró sus operaciones en el área de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, hogar de las últimas comunidades Aché. El principal acreedor de la compañía era la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial , que tomó la propiedad como garantía y luego la vendió a The Nature Conservancy (TNC), institución con sede en EE.UU. por US$ 2 millones.

Para proteger este último tramo de bosque cerrado, la poderosa organización de conservación creó la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú. En el proceso, se deshizo de los Aché, colocándolos en asentamientos en los márgenes del bosque y dándoles sólo derechos limitados a la tierra. Allí, los Aché han estado expuestos a una evangelización agresiva, y viven como forasteros y mendigos junto a la tierra que los sostuvo durante siglos. Mientras tanto, las organizaciones de conservación de la naturaleza dueñas de la reserva se enriquecen a partir de subvenciones privadas y públicas.

el papel de las instituciones financieras internacionales

Desde el principio, la IFC del Banco Mundial trabajó en conjunto con TNC, relegando los derechos de los Aché y dando prioridad a la conservación de la tierra. La IFC devaluó el precio de la tierra de US$ 7 millones a US$ 2 millones, una cifra más accesible, muy probablemente como respuesta al lobby ejercido por TNC sobre los directores del Banco Mundial y a la intervención de altos funcionarios de los EE.UU. En 2002, el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM) otorgó US$ 998.513 para la conservación de la biodiversidad a la Fundación Moisés Bertoni (FMB), la fundación privada que gestiona la reserva. El Banco Interamericano de Desarrollo contribuyó con alrededor de US$ 580.000 para desarrollar un complejo agroindustrial en el área, diseñado para adquirir y procesar la producción regional a precios convenientes para los productores.

Líderes Aché, que prefieren permanecer anónimos, dicen que no saben exactamente cuánto dinero se ha recaudado, pero es obvio que las inversiones en los asentamientos Aché son, en el mejor de los casos, magras y ni siquiera una fracción de lo que se ha recaudado para el manejo del parque.

corporaciones: TNC gana puntos en los negocios de carbono – los aché pierden

Una de las principales amenazas a los bosques del mundo es el cambio climático. No sorprende entonces que dos de los mayores donantes corporativos a la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú sean egregios emisores de gases de efecto invernadero en busca de una mejora de imagen: British Petroleum (BP) y AES Corporation, un gigante estadounidense de la generación y distribución de energía eléctrica.

El “Programa para la conservación de Mbaracayú” de AES Corporation fue diseñado para neutralizar las emisiones de dióxido de carbono de su planta en Hawaii, una planta de co-generación a carbón de 180-megawatts en la isla de Oahu. En el marco de los acuerdos climáticos, las corporaciones pueden neutralizar, o “secuestrar”, sus emisiones de carbono plantando árboles en otro lugar. Cuando TNC abordó a AES con su idea de “créditos de emisiones por bosques protegidos”, AES adhirió rápidamente a la idea, a pesar de que el tema de los derechos de los Aché seguía pendiente. El proyecto era demasiado atractivo como alternativa menos costosa que las normas sobre aire limpio de EE.UU., y además le permitía mejorar su imagen pública. La compañía plantó árboles frutales y árboles indígenas, de valor comercial, pagó US$ 500.000 a la IFC en 1991 para ayudar a adquirir la reserva, y contribuyó además con US$ 1,5 millones para el fondo fiduciario de la reserva.

Mientras tanto, el gigante petrolero BP contribuyó con un proyecto de investigación conjunta entre FMB y la Universidad de Cambridge sobre un sitio de cerrado de excepcional importancia global dentro de la reserva. Cuando se los cuestionó por aceptar dinero de estas corporaciones, los oficiales de FMB respondieron que todas las contribuciones eran bienvenidas, incluso las provenientes de fuentes cuyas actividades cotidianas destruyen los bosques en todo el mundo. Los Aché tienen una perspectiva diferente: ven como se recolectan millones de dólares para ayudar a plantas y animales, pero muy poco para ayudarlos a ellos– el pueblo que ha vivido sustentablemente durante siglos en esa tierra a la que llaman hogar.

riqueza biológica y biopiratería

La Reserva Natural del Bosque Mbaracayú es un excelente ejemplo de un bosque primario mínimamente alterado que alberga aproximadamente el 48 por ciento de todas las especies de mamíferos y el 63 por ciento de todas las especies de aves que habitan en el este de Paraguay. El estado prístino de la reserva significa también que es campo fértil para la biopiratería, la explotación de las especies de potencial valor comercial. Actualmente, la FMB está extrayendo los conocimientos tradicionales de los Aché, empleando a hombres Aché en actividades de investigación. Se les pidió ayuda a los Aché para inventariar la fauna y la flora, pero ellos no tienen control sobre la información que comparten, ni sobre su manejo en los círculos académicos, de investigación y comerciales. Las organizaciones de pueblos indígenas y los grupos de apoyo constantemente cuestionan la falta de equidad y justicia de estas prácticas, pero hasta el momento no han sido escuchados.

impactos ambientales

Teniendo en cuenta la desvergonzada destrucción de los bosques de Paraguay, la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú es considerada en general un esfuerzo de conservación exitoso. Irónicamente, sin embargo, su éxito es también su fracaso. Según la propia FMB, la reserva y su zona de amortiguación se están convirtiendo rápidamente en una “isla de árboles en un mar de deforestación”. Las propias investigaciones de la FMB muestran que la reserva no es suficiente para mantener la viabilidad de la población de especies fundamentales como el águila arpía. Y al tiempo que las áreas circundantes desaparecen, es posible que también los Aché deban convertirse en hiperdependientes de este último bosque remanente, usándolo no sólo para la caza y la recolección, sino para el pleno desarrollo de su estilo de vida tradicional. En otras palabras, crear islas de ambiente prístino no es una solución real para proteger el medio ambiente ni el estilo de vida tradicional de los pueblos indígenas. Sólo un manejo sustentable de los bosques, basado en la unidad que los Aché lograron con el bosque durante siglos, puede proteger a los bosques para las generaciones de hoy y de mañana.

Las inversiones en la reserva y en la infraestructura local - salud, escuelas, compras de tierras, etc.- han sobrepasado los US$ 15 millones según los informes de la FMB. Desde un punto de vista convencional del desarrollo, las inversiones son bienvenidas. Pero no para los Aché. Los misioneros y los intereses de conservación han tomado decisiones por ellos, forzándolos a aceptar una vida sedentaria y marginal en el umbral de lo que les pertenece por derecho. Muchos Aché afirman que ahora están atrapados entre la expansión de la agricultura y la posición conservacionista estática: los Aché se ven obligados a abandonar ahora sus costumbres tradicionales, convertirse en agricultores, y aceptar el estilo de vida moderno sin opción de retorno.

por más información:
El estudio de caso completo será publicado en el libro "La vida como mercancía” editado por la Coalición Mundial por los Bosques y CENSAT Agua Viva / Amigos de la Tierra de Colombia. Se puede descargar de: www.wrm.org.uy/GFC/

© miguel lovera

 

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