paraguay ¿la vida como comercio?
mbaracayú: tierra de los aché
El pueblo
Aché ha vivido en los bosques subtropicales
de Paraguay durante siglos, sobreviviendo a
violentas invasiones de sus territorios,
incluso las de los Bandeirantes, los
cazadores de esclavos de los siglos
dieciocho y diecinueve, y los misioneros
jesuitas y sus infames “reducciones”. Los
Aché estaban perfectamente adaptados al
bosque, y en tanto éste sobrevivió, también
lo hicieron ellos.
Desde 1945, sin embargo, se han talado
más de 8 millones de hectáreas de bosque
subtropical húmedo en el este de Paraguay
–el corazón del territorio ancestral de los
Aché- para abrir camino a establecimientos
ganaderos y a la agricultura mecanizada.
Las comunidades Aché que sobrevivieron a
467 años de explotación y colonización
fueron repentinamente devastadas. Hoy, la
última de las comunidades Aché irónicamente
está amenazada por una organización para la
conservación de la naturaleza.
En 1988, una fábrica de madera laminada
al borde de la bancarrota cerró sus
operaciones en el área de la Reserva
Natural del Bosque Mbaracayú, hogar de las
últimas comunidades Aché. El principal
acreedor de la compañía era la Corporación
Financiera Internacional (IFC) del Banco
Mundial , que tomó la propiedad como
garantía y luego la vendió a The Nature
Conservancy (TNC), institución con sede en
EE.UU. por US$ 2 millones.
Para proteger este último tramo de
bosque cerrado, la poderosa organización de
conservación creó la Reserva Natural del
Bosque Mbaracayú. En el proceso, se deshizo
de los Aché, colocándolos en asentamientos
en los márgenes del bosque y dándoles sólo
derechos limitados a la tierra. Allí, los
Aché han estado expuestos a una
evangelización agresiva, y viven como
forasteros y mendigos junto a la tierra que
los sostuvo durante siglos. Mientras tanto,
las organizaciones de conservación de la
naturaleza dueñas de la reserva se
enriquecen a partir de subvenciones
privadas y públicas.
el papel de las instituciones
financieras internacionales
Desde el principio, la IFC del Banco
Mundial trabajó en conjunto con TNC,
relegando los derechos de los Aché y dando
prioridad a la conservación de la tierra.
La IFC devaluó el precio de la tierra de
US$ 7 millones a US$ 2 millones, una cifra
más accesible, muy probablemente como
respuesta al lobby ejercido por TNC sobre
los directores del Banco Mundial y a la
intervención de altos funcionarios de los
EE.UU. En 2002, el Fondo Mundial para el
Medio Ambiente (FMAM) otorgó US$ 998.513
para la conservación de la biodiversidad a
la Fundación Moisés Bertoni (FMB), la
fundación privada que gestiona la reserva.
El Banco Interamericano de Desarrollo
contribuyó con alrededor de US$ 580.000
para desarrollar un complejo agroindustrial
en el área, diseñado para adquirir y
procesar la producción regional a precios
convenientes para los productores.
Líderes Aché, que prefieren permanecer
anónimos, dicen que no saben exactamente
cuánto dinero se ha recaudado, pero es
obvio que las inversiones en los
asentamientos Aché son, en el mejor de los
casos, magras y ni siquiera una fracción de
lo que se ha recaudado para el manejo del
parque.
corporaciones: TNC gana puntos en los
negocios de carbono – los aché pierden
Una de las principales amenazas a los
bosques del mundo es el cambio climático.
No sorprende entonces que dos de los
mayores donantes corporativos a la Reserva
Natural del Bosque Mbaracayú sean egregios
emisores de gases de efecto invernadero en
busca de una mejora de imagen: British
Petroleum (BP) y AES Corporation, un
gigante estadounidense de la generación y
distribución de energía eléctrica.
El “Programa para la conservación de
Mbaracayú” de AES Corporation fue diseñado
para neutralizar las emisiones de dióxido
de carbono de su planta en Hawaii, una
planta de co-generación a carbón de
180-megawatts en la isla de Oahu. En el
marco de los acuerdos climáticos, las
corporaciones pueden neutralizar, o
“secuestrar”, sus emisiones de carbono
plantando árboles en otro lugar. Cuando TNC
abordó a AES con su idea de “créditos de
emisiones por bosques protegidos”, AES
adhirió rápidamente a la idea, a pesar de
que el tema de los derechos de los Aché
seguía pendiente. El proyecto era demasiado
atractivo como alternativa menos costosa
que las normas sobre aire limpio de EE.UU.,
y además le permitía mejorar su imagen
pública. La compañía plantó árboles
frutales y árboles indígenas, de valor
comercial, pagó US$ 500.000 a la IFC en
1991 para ayudar a adquirir la reserva, y
contribuyó además con US$ 1,5 millones para
el fondo fiduciario de la reserva.
Mientras tanto, el gigante petrolero BP
contribuyó con un proyecto de investigación
conjunta entre FMB y la Universidad de
Cambridge sobre un sitio de cerrado de
excepcional importancia global dentro de la
reserva. Cuando se los cuestionó por
aceptar dinero de estas corporaciones, los
oficiales de FMB respondieron que todas las
contribuciones eran bienvenidas, incluso
las provenientes de fuentes cuyas
actividades cotidianas destruyen los
bosques en todo el mundo. Los Aché tienen
una perspectiva diferente: ven como se
recolectan millones de dólares para ayudar
a plantas y animales, pero muy poco para
ayudarlos a ellos– el pueblo que ha vivido
sustentablemente durante siglos en esa
tierra a la que llaman hogar.
riqueza biológica y biopiratería
La Reserva Natural del Bosque Mbaracayú
es un excelente ejemplo de un bosque
primario mínimamente alterado que alberga
aproximadamente el 48 por ciento de todas
las especies de mamíferos y el 63 por
ciento de todas las especies de aves que
habitan en el este de Paraguay. El estado
prístino de la reserva significa también
que es campo fértil para la biopiratería,
la explotación de las especies de potencial
valor comercial. Actualmente, la FMB está
extrayendo los conocimientos tradicionales
de los Aché, empleando a hombres Aché en
actividades de investigación. Se les pidió
ayuda a los Aché para inventariar la fauna
y la flora, pero ellos no tienen control
sobre la información que comparten, ni
sobre su manejo en los círculos académicos,
de investigación y comerciales. Las
organizaciones de pueblos indígenas y los
grupos de apoyo constantemente cuestionan
la falta de equidad y justicia de estas
prácticas, pero hasta el momento no han
sido escuchados.
impactos ambientales
Teniendo en cuenta la desvergonzada
destrucción de los bosques de Paraguay, la
Reserva Natural del Bosque Mbaracayú es
considerada en general un esfuerzo de
conservación exitoso. Irónicamente, sin
embargo, su éxito es también su fracaso.
Según la propia FMB, la reserva y su zona
de amortiguación se están convirtiendo
rápidamente en una “isla de árboles en un
mar de deforestación”. Las propias
investigaciones de la FMB muestran que la
reserva no es suficiente para mantener la
viabilidad de la población de especies
fundamentales como el águila arpía. Y al
tiempo que las áreas circundantes
desaparecen, es posible que también los
Aché deban convertirse en hiperdependientes
de este último bosque remanente, usándolo
no sólo para la caza y la recolección, sino
para el pleno desarrollo de su estilo de
vida tradicional. En otras palabras, crear
islas de ambiente prístino no es una
solución real para proteger el medio
ambiente ni el estilo de vida tradicional
de los pueblos indígenas. Sólo un manejo
sustentable de los bosques, basado en la
unidad que los Aché lograron con el bosque
durante siglos, puede proteger a los
bosques para las generaciones de hoy y de
mañana.
Las inversiones en la reserva y en la
infraestructura local - salud, escuelas,
compras de tierras, etc.- han sobrepasado
los US$ 15 millones según los informes de
la FMB. Desde un punto de vista
convencional del desarrollo, las
inversiones son bienvenidas. Pero no para
los Aché. Los misioneros y los intereses de
conservación han tomado decisiones por
ellos, forzándolos a aceptar una vida
sedentaria y marginal en el umbral de lo
que les pertenece por derecho. Muchos Aché
afirman que ahora están atrapados entre la
expansión de la agricultura y la posición
conservacionista estática: los Aché se ven
obligados a abandonar ahora sus costumbres
tradicionales, convertirse en agricultores,
y aceptar el estilo de vida moderno sin
opción de retorno.
por más
información:
El estudio de caso completo será publicado
en el libro "La vida como mercancía”
editado por la Coalición Mundial por los
Bosques y CENSAT Agua Viva / Amigos de la
Tierra de Colombia. Se puede descargar de:
www.wrm.org.uy/GFC/
© miguel lovera