introduccion
ronnie hall, amigos de la tierra
inglaterra, gales e irland del norte
“Debe obrarse con prudencia respecto
de todas las especies vivas y todos los
recursos naturales. Sólo así podremos
preservar la incalculable riqueza que hemos
heredado de la naturaleza y transmitirla a
nuestros descendientes. Es preciso
modificar las actuales pautas insostenibles
de producción y consumo en interés de
nuestro bienestar futuro y en el de
nuestros descendientes”.
Declaración
del Milenio, Naciones Unidas, 2000.
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La Evaluación de Ecosistemas del
Milenio reconoce que “la degradación
de los servicios de los ecosistemas
está dañando a mucha de la gente más
pobre y más vulnerable del planeta, y
representa en ocasiones el principal
factor generador de pobreza.”
El informe “La Riqueza de los
Pobres: Administrando los Ecosistemas
para Combatir la Pobreza”,
recientemente publicado por el World
Resources Institute, el Banco
Mundial, el Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente y el
Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo, también argumenta que
los recursos naturales representan
una salida para los sectores
empobrecidos: “tres cuartas partes de
ellos viven en zonas rurales; el
ambiente es de lo único que pueden
depender.
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Los recursos ambientales son
absolutamente esenciales, y no secundarios,
si queremos tener alguna esperanza de
lograr nuestros objetivos de reducción de
la pobreza”.
¿tan solo más palabras lindas?
¿Acaso algún negociador de la
Organización Mundial del Comercio (OMC)
leyó esos informes? Se nos podría perdonar
por presumir que no lo hicieron. Las
negociaciones actuales de comercio en la
OMC incluyen propuestas para liberalizar
completamente los mercados de los productos
forestales, la pesca y los productos de la
pesca, las piedras y metales preciosos, el
aluminio primario y el petróleo,
escasamente mencionando los potenciales
impactos ambientales y sociales
posiblemente generalizados que esto podría
tener. Los mercados de la exploración y
distribución de energía, extracción y
distribución de agua y el manejo de los
parques naturales (en especial los sitios
de mayor biodiversidad) también están sobre
la mesa, al igual que normas ambientales,
de salud y seguridad que estiman
inconvenientes, y el destino de acuerdos
ambientales multilaterales decisivos. El
acuerdo de la OMC sobre Aspectos de los
Derechos de Propiedad Intelectual
Relacionados con el Comercio (ADPIC, mejor
conocido como TRIPs por su sigla en inglés)
impide a los pueblos el acceso y uso de los
recursos naturales de los cuales han
dependido tradicionalmente.
Lo que está en juego son las formas de
vida y de sustento de literalmente millones
de personas. Las mujeres son especialmente
vulnerables ya que dependen más del acceso
a los recursos naturales y a la tierra para
procurar los alimentos, medicinas y
combustible para sus familias, y en
numerosas culturas son las responsables del
manejo de los recursos y la producción de
alimentos.
comercio desleal perjudica a los
pequeños agricultores
Las normas de comercio y las
negociaciones actuales generan condiciones
de intercambio comercial crecientemente
injustas para los pequeños agricultores de
todo el mundo, en especial de los países en
desarrollo, donde casi la mitad de la
población está vinculada a la agricultura.
Esas normas están forzando la caída de los
precios en finca (si bien los precios de
venta a menudo permanecen iguales), a la
vez que permiten a los países
industrializados continuar subsidiando sus
productos y volcándolos en forma de dumping
en los mercados del Sur, socavando la
situación de los productores locales. El
aumento de las exportaciones agrícolas
también empeora la desertificación, que ha
sido largamente reconocida como un problema
ambiental de magnitud, con impactos
adversos en el sustento de los pueblos de
las zonas afectadas en todo el mundo.
pesca y bosques afectados por recortes
arancelarios
La pesca y los bosques también brindan
sustento así como alimentos y medicinas
esenciales para millones de personas en
todo el mundo. El 90% de los pescadores del
mundo - aproximadamente 40 millones de
personas- está empleado en la pesca
artesanal de pequeña escala, y esos hombres
y mujeres están tremendamente empobrecidos.
Otros 13 millones están empleados en el
sector forestal formal y más de 1.600
millones dependen de los bosques para su
sustento (recogiendo combustible, plantas
medicinales y alimentos, por ejemplo). Las
propuestas de la OMC de eliminar por
completo los aranceles en esos dos sectores
podrían tener efectos muy graves para esas
personas, entre ellos la destrucción y
pérdida de acceso a los recursos naturales
de los cuales dependen
tradicionalmente.
Las reducciones arancelarias propuestas
actualmente aumentarían los incentivos a la
pesca a escala internacional, especialmente
para las grandes traineras (buques para la
pesca de arrastre) comerciales, promoviendo
la explotación continuada de un recurso que
ya está gravemente menguado. Los pescadores
locales y las comunidades de pescadores
pobres sufrirían cada vez más el impacto de
los mares agonizantes, cuando las grandes
flotas comerciales se llevan gran parte de
los peces de mayor calidad. También existe
el riesgo que las importaciones baratas de
pescado sean volcadas a precios bajos en
los países costeros, con fuertes mercados
nacionales, con lo cual para los pescadores
será imposible vender su captura
localmente. De manera similar, en el sector
forestal, una evaluación de impacto
elaborada para la Comisión Europea
establece que los países en desarrollo que
tienen industrias forestales protegidas por
aranceles elevados podrían “incurrir en
considerables costos ambientales y sociales
debido a la reducción de la capacidad
industrial y el cierre total de algunas
industrias”.
el agua para los ricos
Los acuerdos regionales y bilaterales
son incluso peores que la OMC. En América
Central y América Latina, por ejemplo, los
nuevos acuerdos están permitiendo el acceso
de poderosas compañías extranjeras de
bebidas y agua embotellada a los sistemas
de agua subterránea. Esto seguramente
reducirá el acceso de las poblaciones
locales a esos importantes recursos
hídricos. En total, el 70% del agua mundial
es utilizada ahora en riego (y el 60% de
eso se desperdicia), el 22% es utilizado
por la industria y apenas queda un 8% para
consumo humano. En contraste con esto,
1.000 millones de personas -una de cada
seis personas del planeta- carecen de
acceso a agua potable segura, y 2.400
millones no tienen gabinetes higiénicos o
alguna otra forma de mejora en el
saneamiento.
comercio y clima, una combinación
peligrosa
Además, el cambio climático, una de las
amenazas ambientales más graves que
enfrenta actualmente el planeta, podría
empeorar por las actuales negociaciones de
liberalización del comercio. Los acuerdos
comerciales y las instituciones como la OMC
tienen el potencial muy real de socavar las
acciones tanto nacionales como
internacionales destinadas a abordar el
cambio climático, a través de poderosos
mecanismos para restringir incluso las
medidas gubernamentales legítimamente
concebidas para limitar las emisiones.
A escala nacional, los acuerdos
comerciales podrían limitar el espacio
político de que disponen los gobiernos para
reducir las emisiones nacionales de gases
de efecto invernadero. Por ejemplo, las
normas comerciales podrían limitar el uso
de una serie de políticas destinadas a
promover industrias nacionales
sustentables. Los acuerdos comerciales
podrían también forzar a los gobiernos a
abandonar leyes o reglamentaciones
destinadas a reducir la dependencia de los
combustibles fósiles. Los acuerdos
comerciales internacionales, en especial la
OMC, también podrían primar en las
controversias que surjan entre el Protocolo
de Kyoto sobre Clima y la OMC, y definir
cómo deben funcionar los programas de
comercio de emisiones.
pero otro mundo es posible
No tenemos por qué continuar por este
camino. Si tan solo se pudiera persuadir a
los negociadores comerciales y a sus
gobiernos a que pensaran por fuera del
compartimento de las “negociaciones
comerciales”, se lograría cierta unión en
torno a una visión a más largo plazo que
podría revertir las tendencias
actuales.
El comercio internacional debe ser
reconocido por lo que es: un medio para un
fin. Un sistema coherente de gobernanza
mundial en el cual la regulación del
comercio esté firmemente inserta en un
sistema de las Naciones Unidas renovado
podría mejorar sustancialmente la
coordinación y ayudar a impedir que las
negociaciones comerciales socaven los
esfuerzos para erradicar la pobreza,
proteger la biodiversidad, impedir el
cambio climático y asegurar la soberanía
alimentaria, tanto a escala nacional como
internacional. Es importante terminar con
el mito del comercio libre irrestricto como
solución a la pobreza.
El reconocimiento del papel que tiene
nuestra herencia natural en la erradicación
de la pobreza debe ser extendido de las
Naciones Unidas a la OMC. Es necesario que
los gobiernos se detengan y evalúen los
impactos reales que podría tener el
Programa de Trabajo de Doha en las personas
más empobrecidas del planeta y en el
ambiente, del cual todos dependemos. No
podemos seguir trabajando para lograr los
Objetivos de Desarrollo del Milenio por un
lado, mientras que por el otro deshacemos
todos los esfuerzos a través de la OMC y
otros acuerdos de libre comercio.