La experiencia noruega con energía
hidroeléctrica indica que ni siquiera un
grado relativamente alto de soberanía y
participación de las comunidades locales en
el desarrollo garantiza la creación de
sociedades sustentables. Hoy en día, casi
el 100% del consumo energético del país es
de origen hidroeléctrico. Debido al proceso
intenso de industrialización que en Noruega
se inauguró alrededor del 1900, el consumo
energético per cápita del país se cuenta
hoy entre los más altos del mundo
.
En contraste con lo que ocurre en la
mayoría de los países en vías de
desarrollo, nuestros proyectos de
desarrollo hidroeléctrico son de escala
relativamente pequeña, y las comunidades
locales han obtenido beneficios económicos
bastante decorosos. Ha habido muy pocos
desplazados por las represas, puesto que la
mayor parte de ellas se construyeron arriba
en lo alto de las montañas. Los perjuicios
ocasionales a los pobladores locales fueron
en gran medida indemnizados.
Pero cuando se evalúa el efecto total de
la sumatoria de todos estos proyectos
individuales, resulta claro que el ambiente
natural noruego ha pagado un precio muy
alto. Gran parte de los hábitat que
dependen de la corriente y el caudal
natural de nuestros lagos y ríos fueron
afectados irreversiblemente. Debido a que
no existen estudios que comparen la
situación antes y después del
establecimiento de las represas, es difícil
saber con exactitud cuáles especies fueron
erradicadas. Es por supuesto inevitable que
los seres humanos modifiquen su ambiente
para vivir, pero hay una gran diferencia
entre garantizar condiciones de vida
básicas y financiar estilos de vida de
superabundancia, como ocurrió en Noruega en
las últimas décadas.
Los promotores de las hidroeléctricas
aprovechan el argumento de la soberanía
local de las comunidades cuando tienen que
enfrentarse a los reclamos del movimiento
ecologista –y el sistema bastante
descentralizado de gobiernos locales en
Noruega se presta para darle mayor fuerza a
esos argumentos. Sin embargo, el
razonamiento de que no hace mucho daño
represar un pequeño río aquí y allá tenía
mucho más legitimidad a principios del
siglo XX, que hoy en día cuando ya se
explotó el 63% de toda la energía
hidroeléctrica potencialmente viable desde
el punto de vista económico en Noruega.
Amigos de la Tierra de Noruega considera
que una vía posible para asegurar los
derechos de las comunidades locales y al
mismo tiempo proteger los ecosistemas de
todo el país en su conjunto sería permitir
que las comunidades emprendan aquellos
proyectos que puedan desarrollarse con
recursos y conocimientos locales. Así se
evitarían en gran medida los proyectos de
prospección y explotación petrolera y
gasífera, así como los grandes parques de
generadores de energía eólica y las grandes
represas hidroeléctricas. Aun así, hay
ambientes sensibles que también pueden
afectarse adversamente con la presencia de
muchas turbinas eólicas o micro centrales
hidroeléctricas en la misma zona. Por eso
pensamos que debe haber alguna autoridad
que pueda tener en cuenta la totalidad y
que imponga límites también al desarrollo
de fuentes de energía sustentable en zonas
vulnerables.
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