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  número 102 link
enero 2003   

 


La experiencia noruega con energía hidroeléctrica indica que ni siquiera un grado relativamente alto de soberanía y participación de las comunidades locales en el desarrollo garantiza la creación de sociedades sustentables. Hoy en día, casi el 100% del consumo energético del país es de origen hidroeléctrico. Debido al proceso intenso de industrialización que en Noruega se inauguró alrededor del 1900, el consumo energético per cápita del país se cuenta hoy entre los más altos del mundo .

En contraste con lo que ocurre en la mayoría de los países en vías de desarrollo, nuestros proyectos de desarrollo hidroeléctrico son de escala relativamente pequeña, y las comunidades locales han obtenido beneficios económicos bastante decorosos. Ha habido muy pocos desplazados por las represas, puesto que la mayor parte de ellas se construyeron arriba en lo alto de las montañas. Los perjuicios ocasionales a los pobladores locales fueron en gran medida indemnizados.

Pero cuando se evalúa el efecto total de la sumatoria de todos estos proyectos individuales, resulta claro que el ambiente natural noruego ha pagado un precio muy alto. Gran parte de los hábitat que dependen de la corriente y el caudal natural de nuestros lagos y ríos fueron afectados irreversiblemente. Debido a que no existen estudios que comparen la situación antes y después del establecimiento de las represas, es difícil saber con exactitud cuáles especies fueron erradicadas. Es por supuesto inevitable que los seres humanos modifiquen su ambiente para vivir, pero hay una gran diferencia entre garantizar condiciones de vida básicas y financiar estilos de vida de superabundancia, como ocurrió en Noruega en las últimas décadas.

Los promotores de las hidroeléctricas aprovechan el argumento de la soberanía local de las comunidades cuando tienen que enfrentarse a los reclamos del movimiento ecologista –y el sistema bastante descentralizado de gobiernos locales en Noruega se presta para darle mayor fuerza a esos argumentos. Sin embargo, el razonamiento de que no hace mucho daño represar un pequeño río aquí y allá tenía mucho más legitimidad a principios del siglo XX, que hoy en día cuando ya se explotó el 63% de toda la energía hidroeléctrica potencialmente viable desde el punto de vista económico en Noruega.

Amigos de la Tierra de Noruega considera que una vía posible para asegurar los derechos de las comunidades locales y al mismo tiempo proteger los ecosistemas de todo el país en su conjunto sería permitir que las comunidades emprendan aquellos proyectos que puedan desarrollarse con recursos y conocimientos locales. Así se evitarían en gran medida los proyectos de prospección y explotación petrolera y gasífera, así como los grandes parques de generadores de energía eólica y las grandes represas hidroeléctricas. Aun así, hay ambientes sensibles que también pueden afectarse adversamente con la presencia de muchas turbinas eólicas o micro centrales hidroeléctricas en la misma zona. Por eso pensamos que debe haber alguna autoridad que pueda tener en cuenta la totalidad y que imponga límites también al desarrollo de fuentes de energía sustentable en zonas vulnerables.

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