"El agua ha de ser considerada como
un bien social y cultural, no
principalmente como una mercancía.
”
Comité de derechos económicos,
culturales y sociales, ONU.
La vida en la Tierra depende totalmente
del agua. En promedio, un ser humano
necesita diariamente un mínimo de 50 litros
de agua para beber, cocinar, lavar,
cultivar alimentos y para saneamiento. Hay
enorme inequidad en los patrones de consumo
de agua en el mundo entero. Un habitante de
EE.UU. consume proxedialmente entre 250 y
300 litros de agua diarios.
Sin embargo, en Somalia sobreviven con
menos de 9 litros diarios en promedio. No
es sólo que el agua sea escasa en muchas
partes del planeta, sino que a menudo se
encuentra contaminada o perjudicada de
algún otro modo por actividades humanas
tales como grandes represas
hidroeléctricas, contaminación urbana e
industrial, deforestación, uso de
plaguicidas en la agricultura, eliminación
de desechos y minería. Las transformaciones
del ecosistema mundial ocasionadas por el
cambio climático y la desertización también
afectan la disponibilidad de agua.
La privatización de las fuentes de agua en
todo el mundo es un problema cada vez más
grave. El acceso al agua es un derecho
humano fundamental y no debe permitirse que
nadie se la apropie, aun cuando sea
necesaria su gestión pública. Junto con
grandes empresas transnacionales que lucran
con el agua, los organismos financieros
internacionales están allanando el camino
de ese proceso privatizador al condicionar
sus préstamos a los países empobrecidos a
promesas de privatización. Los acuerdos
comerciales colaboran asimismo en ese
proceso, exigiendo la desregulación de los
servicios de agua potable y los recursos
hídricos en todos los países, y la apertura
de esos sectores de la economía a la
inversión privada y extranjera.
Los pueblos más empobrecidos del mundo
necesitan agua y servicios de saneamiento
desesperadamente, pero la experiencia
demuestra que su marginación aumenta cuando
sus países siguen el camino de las
privatizaciones empresariales. Al no
disponer de poder adquisitivo para
conectarse a esos servicios privados,
quedan condenados a utilizar aguas que
corren el riesgo de estar contaminadas.
Los grupos de Amigos de la Tierra están
luchando en todo el mundo para conseguir
justicia en el acceso al agua. Esas luchas
adquieren modalidades diversas que reflejan
distintas situaciones políticas y
diferentes condiciones ambientales. Muchos
están comprometidos en batallas contra la
privatización y proponen nuevos modelos de
propiedad y gestión basados en sistemas
colectivos o comunitarios que respondan
directamente a las necesidades de la
población empobrecida. Otros concentran sus
esfuerzos en la disminución del consumo y
la reutilización del agua, y en la
restauración de los ríos y los humedales a
un estado más natural. En nuestras campañas
por el uso equitativo y sustentable de los
recursos estamos decididos a luchar para
que haya justicia en el acceso al agua para
todos y cada uno en todo el mundo.
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