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08/07/2009

La cumbre alternativa del G8: resumen de la declaración final

by Mercedes Camps Gonzalez — last modified 08/07/2009 10:24

Antes de la cumbre del G8 en L'Aquila, Italia, miembros de los movimientos de la sociedad civil se reunieron en Cerdeña para una cumbre alternativa al G8. A continuación está la declaración sobre el manejo de la crisis climática, energética y de recursos naturales.

Nnimmo speaking at G8 UndergroundLa crisis climática en la que está sumergido el mundo es una crisis que continuará profundizándose a menos que se tomen medidas decisivas para detener el estilo de vida de consumo insustentable que depende de la creciente utilización de combustibles fósiles. Hoy el mundo tiene un camino claro que debe tomar para combatir directamente la crisis climática y este es un enfoque de sentido común de simplemente dejar los combustibles fósiles en el suelo. Excavamos hasta llegar a la crisis actual y seguir excavando no nos sacará de la misma.


La crisis climática es provocada por la crisis energética, el consumo excesivo de recursos naturales por parte del Norte global y las élites de todo el mundo, los modelos de producción que generan desechos y son perjudiciales, y una forma fundamentalmente antidemocrática y anti-social de manejar los recursos naturales, que ha impedido sistemáticamente que las comunidades locales tengan soberanía sobre sus propios recursos y opciones de desarrollo.

La historia de la industria extractiva ha sido la historia de la explotación de crudo que desafía los límites de la decencia. El medio ambiente prístino, las reservas naturales, los territorios indígenas y los sitios de biodiversidad no han sido respetados por las empresas petroleras y mineras que se han beneficiado con grandes ganancias sin compensar a las comunidades y gozando de impunidad.

La resistencia de las comunidades locales contra la minería a gran escala y contra el desarrollo de combustibles fósiles es parte de su lucha histórica contra el marco económico neoliberal que continúa llevando sufrimiento e injusticia a la gente. En muchas instancias, el ingreso agresivo de la minería y la energía a gran escala ha violado los derechos humanos y otros derechos de las comunidades locales, en particular los derechos de los pueblos indígenas y de la naturaleza. Estas violaciones a los derechos humanos son reflejados en los desplazamientos forzados físicos y culturales de comunidades, la mala interpretación o el mal uso del consentimiento libre, anticipado e informado, la división de las relaciones sociales, y la pérdida de sustento y el acceso a los recursos naturales.

Ningún acuerdo climático que modifique las metas generales de reducción de emisiones a largo plazo será suficiente para combatir la emergencia climática y las responsabilidades de quienes la generaron. Las actuales negociaciones de clima no se refieren a la necesidad de implementar políticas diferentes de energía, transporte, vivienda, agricultura y nuevos enfoques en otros sectores de la sociedad. Tampoco fomentan la necesidad de consumir menos, en particular en los países del Norte. La narrativa de clima mundial nos está alejando de la meta principal que cualquier acción debería tener: extraer y consumir menos y menos combustibles fósiles.

 

Los países del Norte deben adoptar cambios drásticos en sus patrones de consumo y estilos de vida, que reduzcan las demandas de energía y minerales. A cambio, esto eliminará las presiones de los países del Sur de destinar tierras a minería a gran escala y al desarrollo de combustibles fósiles, reduciendo los actuales conflictos por el uso de la tierra.

Al mismo tiempo una transición radical para salir de la economía petrolera detendría los planes de nueva infraestructura a gran escala, como oleoductos, refinerías e instalaciones de transporte, vinculadas a la industria de combustibles fósiles.

 

El enfoque del G8 a la crisis climática continúa siendo limitado y restringido al ámbito de mecanismos de mercado y la primacía del sector privado. Este enfoque ya ha probado ser un fracaso. Favorece solamente a las corporaciones para acumular más ganancias, no paga por la reparación de daños al medio ambiente y a las comunidades, generados hasta ahora y evita transformar sus negocios.

De forma responsable y madura, los movimientos sociales internacionales están proponiendo en cambio una estrategia abarcativa desde abajo hacia arriba para combatir el cambio climático, centrada en el individuo, las comunidades y las responsabilidades de las instituciones públicas y que enfrente la capacidad de evitar sus responsabilidades legales y éticas.

Hay miles de prácticas alternativas a nivel de la administración comunitaria y local y varias propuestas de políticas a nivel local, nacional e internacional han sido planteadas como parte de esta estrategia de abajo hacia arriba. Sin las políticas públicas en el interés público que transformen a cualquier sector de la sociedad, ninguna estrategia climática será efectiva y ninguna transición justa hacia una sociedad sustentable y justa tendrá lugar.

eliminar progresivamente la economía petrolera

Las economías dirigidas por el petróleo han llevado al mundo a niveles históricos de diversas crisis, guerras y otros conflictos, corrupción al igual que catástrofes que han desplazado a las víctimas de sus fuentes, más frecuentemente halladas en el Sur. El petróleo ha sido presentado como una fuente de energía barata, pero la realidad es que el verdadero costo del petróleo ha sido externalizado y la carga se ha puesto en las comunidades locales empobrecidas y en el medio ambiente. Sin darse cuenta, el mundo se ha vuelto adicto al crudo y sus derivados de una forma que prácticamente llena nuestros cuerpos de petróleo. Esta adicción debe romperse.

 

Las emisiones de carbono deberían ser reducidas en forma drástica y se necesita en forma urgente una transición a un modelo diferente de producción y consumo para romper con la dependencia de nuestra economía de la extracción de combustibles fósiles. La extracción de petróleo casi nunca trae beneficios a las comunidades locales y a los pobres. Por el contrario, es una amenaza a la soberanía alimentaria y a los derechos humanos de los pueblos indígenas y locales.

 

El actual valor de mercado del petróleo es mucho menor que la gran deuda climática y ecológica que el producto ha acumulado. Declaramos que la economía petrolera es un sistema de quiebra que necesita ser descartado en forma urgente. El petróleo debería quedar en el suelo, que es la forma de "capturar y almacenar carbono" más segura, más democrática y más barata. Se debería apoyar la propuesta de Ecuador de no extraer petróleo del Parque Yasuní y la propuesta de Nigeria de detener nuevas exploraciones petroleras.

 

Mantener el petróleo en el suelo es una condición necesaria para detener la deforestación y proteger los bosques naturales, donde se encuentra la mayoría de nuevas reservas de petróleo.

 

detener la nueva frontera de petróleo

La avaricia de energía hace que las empresas recurran a nuevas fuentes, como las arenas de alquitrán y el betún. Estas nuevas fronteras de extracción de petróleo son insustentables e irresponsables desde el punto de vista económico, ambiental y social. Mediante el uso de grandes cantidades de agua, energía y tierra provocan un daño irreversible al medio ambiente y el clima, que no tiene precedentes en la historia. Esta nueva extracción provoca más impactos que el petróleo y se prevé que aumente los niveles de conflictos y devastación de la naturaleza. Incluso con el agregado de estas fuentes de petróleo más sucias, el apetito insaciable de energía no será satisfecho.

 

Para lograr el cambio necesario en nuestra economía no debería haber exploración petrolera, ni en el Sur ni en el Norte. Los gobiernos deberían dejar de anteponer el interés privado de las empresas petroleras al interés público y los derechos fundamentales de las comunidades en el Sur y el Norte.

 

Hoy, a medida que el acceso a nuevos yacimientos se vuelve más difícil, las empresas petroleras están avanzando mar adentro. Al avanzar en aguas profundas podrían limitar el conflicto con las comunidades locales, pero plantean grandes peligros de contaminar aún más nuestro patrimonio marino mundial. Es sabido que la explotación en aguas profundas libera altos niveles de gases de efecto invernadero, poniendo en peligro el clima mundial. Exigimos que se detengan las exploraciones petroleras por el bien del clima y por el bien del patrimonio colectivo.

 

dejen de menospreciar el desarrollo local

Es necesario distinguir claramente entre minería tradicional, indígena, artesanal a pequeña escala y la minería a gran escala. Hemos observado y documentado que la minería destructiva a gran escala es incompatible con los muchos sistemas culturales de pueblos indígenas y comunidades locales.

 

En casi todas las operaciones y proyectos de gran escala, faltan consultas adecuadas y auténticas con las comunidades que van a ser afectadas. En casos donde las consultas públicas supuestamente son llevadas a cabo, a menudo son superficiales, no tienen en cuenta la cultura, son tendenciosas y en algunos casos engañosas y coercivas. Se han documentado muchos casos de empresas mineras que recurren al soborno de comunidades y emplean tácticas de "dividir y reinar".

 

Hay una necesidad de realizar una evaluación seria de cuáles son las necesidades de la sociedad que justifican la extracción de grandes volúmenes y cantidades de minerales. En el caso del oro, menos del 5% es de hecho utilizado para fines industriales, alrededor del 65% es utilizado en joyas y adornos, y alrededor del 30% es retenido como reservas de oro por los bancos nacionales. Un marco alternativo de minería a gran escala debería basarse en la necesidad racional del país de estos minerales, el vínculo directo de la utilización de estos minerales para la industrialización nacional, y asegurándose el menor impacto posible de estas operaciones mineras en los derechos de las comunidades y de la gente y el medio ambiente. La soberanía alimentaria siempre debe ser priorizada al igual que el equilibrio ecológico, la equidad y la justicia social. No comprometeremos los derechos humanos, ni la dignidad ni las colectividades. En el contexto, la opción de mantener los minerales en el suelo se convierte en una posibilidad.

 

Hay una necesidad de denunciar el mito de la "Minería Responsable". Este concepto era un marco de apoyo del Consejo Internacional de Minería y Metales, luego de que su concepto original de "Minería Sustentable" fuera desbancado exitosamente por muchas organizaciones y movimientos de la sociedad civil. La minería responsable es un concepto débil porque depende del cumplimiento voluntario de las empresas mineras, depende ampliamente de la capacidad de los gobiernos de hacer cumplir las políticas legales, no logra tratar los temas de corrupción empresarial y del estado, y le da reconocimiento a garantías como evaluación de impacto ambiental, y consentimiento previo informado, etc.).

 

Defender los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales y priorizar el desarrollo y manejo de recursos comunitario e iniciado por las comunidades debería ser la prioridad de los movimientos sociales. Mientras continuamos trabajando en solidaridad con los países del Norte, siempre se debería dar la importancia debida a la organización y el fortalecimiento comunitario. Las capacidades de los pueblos indígenas y las comunidades locales deberían desarrollarse y fortalecerse para hacerlas más capaces de resistir la agresión del desarrollo. Las mismas capacidades también les permitirán identificar, desarrollar e implementar alternativas adecuadas y sustentables.

 

reclamar políticas públicas para el bien común

Se está acabando el tiempo y ya no es tiempo de inacción o de embarcarse en los mismos viajes que llevaron al mundo a las crisis actuales. El debate climático debe ser reenmarcado. Las acciones reales como apartarse del consumo excesivo es un camino a tomar. Es preciso reconocer que los marcos del mercado han fracasado en el frente financiero y económico y que no pueden ayudar a combatir el cambio climático. El comercio de carbono no es la solución, sino que corre el riesgo de exacerbar el problema.

 

Los gobiernos deberían dejar de una vez por todas de promover los intereses empresariales y promover políticas públicas con el fin de apoyar un modelo económico diferente centrado en el uso sustentable de los recursos naturales, para reducir el consumo, consumir producción principalmente local, proteger el medio ambiente y los derechos humanos, incluso los derechos de las comunidades afectadas a elegir como manejar los recursos de sus propios territorios.

 

Los recursos necesarios para financiar dicho cambio deberían generarse mediante impuestos justos, transparentes y progresivos. A nivel internacional los recursos no deberían asignarse a instituciones financieras internacionales que aun apoyan fuertemente las actividades mineras irresponsables y el desarrollo de combustibles fósiles a nivel mundial.

 

El cambio de estilo de vida también debe llevarnos al uso sustentable de materiales locales en sintonía con las realidades climáticas en cualquier sector productivo de la sociedad, incluso en la construcción de viviendas. Esto requiere actos simples de reducción, reutilización y reciclaje de desechos. No hacen falta las tecnologías y las nuevas prácticas, el tema es la democracia en el acceso a las mismas y la necesidad de políticas sociales justas que garantizan el acceso a todos de manera adecuada, democrática y controlada, poniendo las comunidades en el centro y su derecho a decidir qué desarrollo seguir en respeto a la naturaleza y los derechos humanos.

 

Se necesita una transición urgente a una economía post carbono. Dejar el petróleo nuevo en el suelo, el carbón en el hoyo y la arena de alquitrán en la tierra es el camino correcto a tomar ahora. Es hora de pagar la deuda ecológica que el Norte le debe al Sur, que los ricos le deben a los pobres!

 

El mundo necesita cambiar hacia fuentes de energía renovables, limpias y decentralizadas, y cumplir con las necesidades energéticas no debería subvertir la soberanía alimentaria. El mundo debe avanzar lejos de las formas intensivas de combustibles fósiles de agricultura industrial y en cambio apoyar a los pequeños productores y los enfoques agroecológicos que han demostrado ser más adecuados y más productivos que los cultivos genéticamente modificados y otros que dependen de los aportes químicos artificiales.

 

Pensar que los agrocombustibles son fuentes de energía renovable y pueden reemplazar a los combustibles fósiles es erróneo y ya ha contribuido a la crisis alimentaria, a importantes violaciones a los derechos humanos y ha generado apropiación de grandes extensiones de tierra que se estiman en los 30 millones de hectáreas de tierra en el Sur global en un intento de cubrir las necesidades energéticas y de alimentación de las regiones ricas. Esta es una nueva forma de colonialismo que el mundo no puede darse el lujo de tener. Por consiguiente, la lucha por la soberanía alimentaria debe ir de la mano de la lucha de las comunidades por la soberanía energética.

 

Debemos resistir la globalización corporativa. Construir movimientos con este fin es crucial mientras buscamos tener una agenda común por futuros sustentables basados en la justicia social, la justicia económica y ecológica. Hay una necesidad de construir o fortalecer alianzas entre comunidades y apoyar a los grupos que están trabajando en el tema de minería a gran escala y extracción de combustibles fósiles.

 

La coordinación de acciones a nivel mundial es necesaria, mientras las empresas mineras y petroleras y de energía a gran escala son algunas de las estructuras empresariales más sofisticadas, y tienen vínculos estrechos con las instituciones financieras internacionales y multilaterales. Estos lugares y mecanismos de generación de solidaridad internacional son vínculos importantes para que las comunidades locales eleven sus luchas por un mundo más justo y mejor que respetará la naturaleza y sus derechos.

 

Finalmente, afirmamos que el G8 no puede decidir por el mundo. ¡La gente debe hacerlo!