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Sentados sobre oro y
plata
Guatemala, Julio 2005
Las nubes de la lluvia se alejan
lentamente, cubriendo el valle con el brillo
del sol. Escuchamos a Don Delfino, alcalde de
este pueblo en las montañas del oeste de
Guatemala. El nos habla del último conflicto
local.
”Nosotros teníamos un acuerdo con el otro
pueblo” dice señalando al norte. “Ellos viven
cerca de la fuente y siempre compartieron su
agua con nosotros. Pero ahora ellos piensan
que nosotros estamos a favor de la mina y nos
han cerrado el paso. Ahora nuestras niñas
tienen que caminar largas distancias para
conseguir el agua en otras partes."
Don Delfino mira el valle mientras habla.
Sólo a unos pocos metros de donde estamos hay
una nueva cerca. De ese punto en adelante, el
valle pertenece ahora a Montana, una
corporación canadiense de minería de oro. Por
donde se mire se ven las señales de
preparación de actividades mineras. Hay
estanques, áreas de lixiviación, caminos,
montañas señaladas para ser derrumbadas.
Oímos camiones subiendo y bajando mientras la
maquinaria pesada hace un fuerte ruido. De
acuerdo con Don Delfino, estos trabajos se
hacen de día y de noche. La mayoría de los
trabajadores vienen de México y Honduras.
Algunos trabajadores locales también
encontraron trabajo con la compañía y eso es
bueno. Pero, dice, sus contratos son sólo por
unos pocos meses, mientras la mina es
construida y comienza a funcionar. Nadie sabe
realmente que pasará después de eso.
El valle verde es bellísimo y un río lo
atraviesa calmadamente. La gente cultiva maíz
y fríjoles o pastorea algunos animales. El
analfabetismo es alto y el cuidado en salud
casi inexistente. Mientras estábamos allá se
abrió un puesto de salud para consultas, pero
mal dotado. Los caminos de subida al pueblo
son terribles y nos sentimos un poco mareados
después de recorrerlos. Avisos a lo largo del
camino indican que el Banco Mundial está
financiando las mejoras de los caminos que
también conducen a la mina de oro de
Montana.
La minería entra a Guatemala
Hace un par de años, Montana, una
subsidiaria de Glamis Gold de Canadá, compró
concesiones en este valle. Como muchas otras
compañías extranjeras, esta empresa considera
ahora a Guatemala como un espacio atractivo y
seguro. Una razón para ello son los acuerdos
de paz firmados en 1996 que dieron por
terminados treinta años de guerra civil. Esta
trajo la muerte y el miedo a centenares de
miles de indígenas y no indígenas
guatemaltecos y aun está muy presente en la
sociedad actual.
Otra razón para que las compañías
extranjeras incrementen su interés en
Guatemala es la existencia de rigurosos
programas de reforma económica que los
donantes de ayuda impusieron al país. Las
reducciones de impuestos y la desregulación
fueron políticas formuladas para crear un
'clima favorable a la inversión' y Guatemala
ahora está inundada con concesiones de
explotación minera. Sin embargo estas medidas
favorecen a las compañías y de nuevo los
ciudadanos del común salen perdiendo.
La experiencia enseña que el desarrollo de
la minería tiene profundos impactos en el
medio ambiente y puede transformar las
estructuras sociales no siempre para mejorar.
El oro y la plata de Guatemala van a
extraerse mediante el derrumbe de montañas
enteras y mediante la lixiviación con tóxicos
tales como mercurio y cianuro. Incluso en
pequeñas cantidades estas sustancias pueden
ser fatales para plantas, ganado y seres
humanos; además este proceso requiere grandes
cantidades de agua, que será tomada de ríos y
bombeada de acuíferos subterráneos. Esto hará
que sea aun más difícil para los habitantes
locales el acceso al agua para regar sus
cultivos, levantar su ganado y para el uso en
sus hogares. Muchas personas perderán su
sustento como resultado de la actividad
minera. Los trabajos creados por las minas no
compensarán eso porque la tecnología que se
usará es muy costosa y sólo se crearán unos
pocos empleos permanentes, principalmente
para especialistas. Pero la gente
generalmente no sabe eso y muchos se reunirán
en el área de las minas esperando encontrar
trabajo. En la mayoría de los países mineros
esto genera toda suerte de dificultades
incluso rivalidades, prostitución y
enfermedades de transmisión sexual.
La mina de Montana
El Banco Mundial está apoyando la mina de
oro de Montana en el departamento de San
Marcos con $45 millones de dólares y con
mucha benevolencia política. Afirma que el
desarrollo de la mina generará rentas y
empleo. La realidad sin embargo es que sólo
se crearán 150 empleos estables, la mayoría
de ellos para empleados calificados. Además,
la corporación hizo un trato con el gobierno
guatemalteco que implica que únicamente el 1%
de los ingresos permanecerán en Guatemala. En
otras palabras, el 99% de las ganancias de la
mina irán al bolsillo de la corporación
canadiense. Los habitantes locales
probablemente no verán nunca nada de
esto.
En el pueblo de don Delfino no hay aun
señales de los efectos de la mina, puesto que
sus operaciones aun no han empezado. Sin
embargo, los problemas ya están surgiendo y
no solamente con el pueblo vecino. Desde que
la compañía se mudó los precios del agua se
elevaron súbitamente. Don Delfino explica que
el costo del uso de una fuente de agua era de
300 quetzales (cerca de 30 euros), y ahora es
de 1000 quetzales. Es una simple cuestión de
precio y demanda, y la mina demanda mucha
agua.
La compañía también está comprando tierras
"ellos nos ofrecen 4000 quetzales por la
cuerda
(aproximadamente 300
hectáreas), que es mucho dinero y muchos de
nosotros felices aceptamos. Pero no nos damos
cuenta de que tendremos que pagar cinco veces
la misma suma por un pedazo de tierra similar
en otros lugares", dice Don Delfino.
Algunas personas no se quieren mudar. Pero
la compañía ha dicho que no se
responsabilizará si quienes permanezcan en la
zona tienen problemas con la tierra o con el
agua como resultado de las operaciones de la
mina.
La oposición a la mina está aumentando. En
enero de este año, los habitantes locales
bloquearon un camino usado por los camiones
de materiales de construcción de la mina. La
protesta se salió del control cuando el
ejército fue llamado y uno de los campesinos
murió. En vez de atender estos disturbios, el
Banco Mundial le dio a la corporación la
última parte del préstamo. En abril el obispo
católico Ramazzini de San Marcos y dos
miembros de la sociedad civil se reunieron
con miembros de la junta del Banco Mundial en
Washington. Pidieron al Banco y a la compañía
suspender las operaciones hasta que los
problemas fueran resueltos. Explicaron cómo
conflictos mayores podían tener consecuencias
peligrosas en el contexto guatemalteco. Pero
la construcción de la mina continuó sin
cambios.
El concejo del pueblo de la comunidad de
Sipacapa, cerca de la mina decidió entonces
celebrar un referéndum municipal como medio
pacifico y democrático de expresar su
opinión. El llamado a un referéndum está
establecido legalmente en el derecho de la
constitución guatemalteca. Aun más, Guatemala
con una población indígena superior al 80%
firmó la convención de la Organización
Internacional del Trabajo, la cual le da a
los pueblos indígenas el derecho a determinar
qué pasa en sus tierras y recursos. Además,
al Banco Mundial no le corresponde la
financiación de las operaciones de la mina
que no tengan un amplio apoyo de la
comunidad, lo cual es exactamente lo que el
referéndum iba a precisar.
El referéndum de Sipacapa recibió amplio
apoyo y solidaridad internacional y fue
realizado en junio de 2005. Una abrumadora
mayoría votó en contra del desarrollo de la
mina de hoyo abierto. En Perú, un referéndum
semejante sobre una mina de oro en 2002 fue
reconocida por la compañía minera
involucrada, la cual se retiró del país. Pero
en Guatemala, Montana arrastró a la comunidad
Sipacapa a una corte de distrito que falló a
favor de la corporación.
La decisión indica que el concejo de
Sipacapa no tiene la potestad para decidir
sobre aspectos relacionados con trabajos
subterráneos. El vice ministro guatemalteco
de minas, Sr. García expresó que los
resultados del referéndum "… no son válidos y
su falta de piso legal (…) afecta los
derechos de Montana".
El municipio de Sipacapa actualmente está
apelando a la decisión con una prescripción
de la corte constitucional del país. Entre
tanto, las comunidades vecinas están
organizando y preparando un referendo
similar.
Aquí estamos
Estas noticias también llegaron al pueblo
de Don Delfino, unas millas más arriba. Su
gente no está segura aun de querer el
referéndum. Cerca de la clínica hay una aviso
con el nombre del pueblo, listo a ser
instalado. Lleva el logo de Montana y dice
que el pueblo es el corazón del oro y la
plata'. Don Delfino se encoge y dice "aquí
estamos, la mina nos dice que no tendrá
impactos negativos o contaminación. Veremos
si es verdad."
Antes de iniciar el regreso, paramos a
tomar algo en una tienda local. Es difícil no
notar el aviso de Montana cerca de la caja de
la tienda. Ofrece un boletín de noticias, un
anuncio de radio y fotos bonitas. La mina nos
beneficiará a todos, dice. Y en caso de que
haya preguntas, cualquiera puede llamar o
enviar un correo electrónico a Montana.
Lentamente acabamos nuestros jugos de fruta y
dudamos acerca de estas afirmaciones.
Janneke Bruil, Amigos de la Tierra
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