A pesar de la recepción tan favorable por parte de algunos, Amigos de la Tierra Internacional considera que el Acuerdo de París no aporta a la justicia climática. Es un acuerdo débil donde los países ricos no se comprometen a hacer las reducciones de emisiones que les corresponden, ni proporcionan el financiamiento que les corresponde para la transformación energética y adaptación de los países en desarrollo. En el texto no hay ni cifras ni metas que garanticen una acción ambiciosa frente al cambio climático. La parte del texto que podría haber ofrecido reparación a las comunidades vulnerables que han sufrido impactos irreparables causados por el cambio climático ha sido debilitada de tal forma que se ha vuelto ineficaz.

A pesar de la recepción tan favorable por parte de algunos, Amigos de la Tierra Internacional considera que el Acuerdo de París no aporta a la justicia climática. Es un acuerdo débil donde los países ricos no se comprometen a hacer las reducciones de emisiones que les corresponden, ni proporcionan el financiamiento que les corresponde para la transformación energética y adaptación de los países en desarrollo. En el texto no hay ni cifras ni metas que garanticen una acción ambiciosa frente al cambio climático. La parte del texto que podría haber ofrecido reparación a las comunidades vulnerables que han sufrido impactos irreparables causados por el cambio climático ha sido debilitada de tal forma que se ha vuelto ineficaz.

En junio de 2015, Amigos de la Tierra Internacional junto con organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y movimientos de base acordaron un conjunto de reclamos (denominado El clima bajo la lupa de los pueblos) como vara de medir para evaluar el acuerdo de París sobre el clima.

Amigos de la Tierra Internacional considera que el Acuerdo de París no pasa la prueba del Clima bajo la lupa de los pueblos.

1. Cataliza reducciones de emisiones inmediatas, urgentes y drásticas de conformidad con lo que exigen la ciencia y la equidad, aporta acciones urgentes a corto plazo, que acumulan en pos de  una meta a largo plazo acordada en París que nos encamina hacia la independencia de las energías sucias, marcando el comienzo del fin de los combustibles fósiles a nivel mundial, y que aseguran que la meta de temperatura mundial siga estando al alcance.

El Acuerdo de París se propone el objetivo de mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2 grados Celsius (que está muy lejos de ser un límite seguro para la gente y el planeta). No establece ninguna obligación de mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 grados Celsius, sólo propone «hacer esfuerzos» para lograrlo. Esto es sumamente débil. Además, el texto solo hace referencia a que, si podemos lograrla, llegaremos a la «neutralidad climática» neta cero a fines del siglo, es decir,  no establece ninguna fecha-meta para el pico máximo de emisiones.

El acuerdo en su conjunto no incluye nada parecido a metas vinculantes justas para los países desarrollados, basadas en argumentos científicos, sino que simplemente incluye formalmente las propias promesas de reducción de emisiones de los países (denominadas INDC, por su sigla en inglés). Esto, junto con el hecho de que sus disposiciones sobre financiamiento para un cambio energético en los países en desarrollo son débiles (ver a continuación por más información) significa que las metas de 2 o 1,5 grados Celsius no son nada más que palabras vacías. Sólo afirmar la intención de cumplir con esas metas de temperatura sin ningún contenido en términos de implementación es insuficiente. Se ha calculado que las promesas (INDC) actuales tendrían como resultado al menos 2,7 y probablemente más de 3 grados Celsius de calentamiento, lo que es claramente incompatible con lo que reclama la ciencia climática.

Amigos de la Tierra Internacional considera que un compromiso para mantener el aumento de temperatura por debajo de los 1,5 grados Celsius tiene que ir de la mano con exigirle a los países ricos que hagan la parte que les corresponde del esfuerzo, de lo contrario, la carga recae injustamente en los más pobres. Un enfoque de distribución justa basado en un presupuesto de carbono estricto es la manera más equitativa de hacerlo, pero el acuerdo no incluye tal enfoque -véase ‘Distribución Justa Revisión de la sociedad civil de las INDC’ por más información.

En el acuerdo se debilitó la importancia de la equidad y las «responsabilidades comunes pero diferenciadas». La redacción pasó de ser que los países actúen «de conformidad» con estos principios a que sus acciones «los reflejen». En lugar de abocarse a la tarea en cuestión, los países ricos han dedicado todo su capital político a socavar estos principios rectores de la convención, eludiendo aún más sus responsabilidades.

No incluye metas previas a 2020 para la mitigación, ni ningún plan para fortalecer la ambición antes de 2020. En 2018 se hará un balance para ver si las promesas pos-2020 van por buen camino, y después nuevamente cada 5 años. Pero no incluye ninguna obligación de aumentar los esfuerzos en base a esa revisión.

No hay metas previas a 2020 que sean firmes en términos de las acciones de mitigación. Si bien hay un “diálogo de facilitación” para evaluar el progreso de los países en  2016, nada garantiza que esto servirá para fortalecer las débiles ambiciones previas a 2020. Se necesitan acciones urgentes para evitar que los devastadores impactos climáticos sean irreversibles, y los riesgos aumentan con cada año en los que no se realizan acciones, así como también aumentan los costos de hacer frente a la crisis climática.

2. Proporciona apoyo suficiente para la transformación– garantiza que se proporcionen los recursos necesarios, tales como financiamiento público y transferencia de tecnología para apoyar la transformación, especialmente de los países pobres y vulnerables.

Respecto al financiamiento, la única obligación jurídicamente vinculante para los países desarrollados es que deben rendir informes de cualquier financiamiento que proporcionen. La meta de movilizar $100 mil millones de dólares por año a partir de 2020 se eliminó del acuerdo y se sustituyó por una «decisión de la COP» más débil. Los países desarrollados ahora sólo «intentarán continuar» con ese nivel de apoyo hasta 2025. En algún momento antes de 2025 se establecerá un proceso para fijar una meta de un mínimo de $100 mil millones de dólares por año para 2025. Lo que esto significa es que sólo se estableció un proceso, no compromisos concretos.

Aunque el Acuerdo de París si deja sentado con claridad que los países ricos deben proporcionar estos fondos, no garantiza el nivel de financiamiento ni cómo lo harán, dejando la puerta abierta no sólo al financiamiento de fuentes privadas, sino también a que la lista de donantes se amplíe a los países en desarrollo. La naturaleza y objetivo de este financiamiento no son claros: las palabras «nuevo», «adicional», «suficiente» y «predecible» no fueron incluidas en el texto, lo que habilita a que fondos cruciales para el desarrollo y la lucha contra la pobreza para los países en desarrollo se desvíen hacia políticas climáticas y de limitación de las emisiones. Los países desarrollados sólo tienen la tarea de «ayudar» a los países en desarrollo a mitigar. Amigos de la Tierra Internacional afirma que no debería tratarse de «asistencia»  o ayuda, sino que los países ricos deben hacer la parte que les corresponde de los esfuerzos a nivel mundial, proporcionando a tal efecto financiamiento a los países en desarrollo para lograr la transformación energética.

3. Proporciona justicia a las personas afectadas – aumenta el apoyo a la adaptación en un nuevo régimen climático, garantiza que habrá un mecanismo independiente para indemnizar por cualquier pérdida o daño que vaya más allá de nuestra capacidad para adaptarnos, y se compromete firmemente a garantizar los medios de sustento y el empleo de los trabajadores durante una Transición Justa.

El Acuerdo de París reconoce que se necesitan más fondos para que las comunidades puedan adaptarse al cambio climático en los próximos cinco años, pero no incluye ninguna medida o cifra concreta para ayudar a que esto suceda.

El importante asunto de las «Pérdidas y Daños» fue incluido en el acuerdo, sin embargo, la redacción excluye específicamente la indemnización y el establecimiento de responsabilidades civiles. Este será un alto precio que deberán pagar los países vulnerables y es un paso atrás en lo que hace a las “Pérdidas y Daños”.

No se establece ninguna estructura concreta para los refugiados climáticos, ni se ponen fondos sobre la mesa para encarar los daños irreparables. Sin esto, los países más vulnerables quedarán librados a su suerte. Estados Unidos presionó a los pequeños estados insulares para que acepten este texto, con el apoyo del ‘Grupo Paraguas’ y la UE.

Una «transición justa» para los trabajadores sólo se menciona en el preámbulo del acuerdo, no en el cuerpo del texto, lo que significa que son simplemente palabras y no un compromiso vinculante.

4. Se enfoca en acciones transformadoras – garantiza que se ponga el énfasis en soluciones renovables y eficaces en lugar que en falsas soluciones que no producen los resultados y la protección que necesitamos, tales como los mercados de carbono asociados al uso de la tierra y los suelos, peligrosas intervenciones de la geoingeniería y más.

Sorprendentemente, en el Acuerdo de París ni siquiera se menciona la eficiencia energética o las energías renovables. Y no hay nada que afirme que se deberían descontinuar los combustibles fósiles.

La meta a largo plazo de neutralidad climática o de carbono para el 2100 en la práctica significa que si se acepta la geo-ingeniería y otras soluciones tecnológicas dañinas no comprobadas o basadas en el mercado, las emisiones podrán continuar incluso después de esta fecha. El acuerdo no excluye estas opciones.

101 de 106 modelos analizados por el IPCC para lograr una estabilización de 430-480 PPM dependen de la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS), por lo que el acuerdo de París invoca el espectro de una expansión masiva de estas tecnologías riesgosas y potencialmente peligrosas, en caso de que sí se desarrollen.

Necesitamos la reducción masiva de emisiones a corto plazo, impulsada por una revolución energética a nivel mundial y no mediante metas débiles a largo plazo desarrolladas en función de la promesa de tecnologías que aún no existen y que en caso de desarrollarse posiblemente sean sumamente perjudiciales. Con esta propuesta, perdemos todos.

Y la puerta queda abierta para que los mercados exploten la crisis climática sin ninguna limitación específica en el texto. Este es un «pase para salir de la cárcel» para los mayores contaminadores históricos. En el caso de REDD+ conducirá a que los países desarrollados apoyen proyectos dañinos de plantaciones en los países en desarrollo en lugar de reducir sus emisiones de combustibles fósiles a nivel nacional.

Conclusión
En conjunto, el Acuerdo de París no pasa la prueba del Clima bajo la lupa de los pueblos en ninguno de los puntos clave. No sólo incluye metas generales débiles, sino que carece de las obligaciones concretas específicas necesarias para lograr reducciones de emisiones, financiamiento para la transformación y justicia para los pueblos afectados. No descarta las falsas soluciones. Amigos de la Tierra Internacional considera que este acuerdo es malo para la justicia climática.