Feminist struggle

La lucha feminista es fundamental para lograr para lograr la justicia ambiental. El desmantelamiento y la resistencia al patriarcado forman parte integral de la Soberanía Alimentaria, la gestión de los bosques y la democracia, así como de la lucha contra los sistemas económicos y las instituciones políticas opresivas. A continuación, presentamos tres entrevistas con personas que están liderando luchas por el cambio de sistema y un mundo más feminista centrado en la justicia de género.

Bosques y Biodiversidad – Rita Uwaka, Amigos de la Tierra Nigeria

¿Cómo el patriarcado y otras opresiones se tornan obstáculos en la lucha por la democracia y los bosques y la biodiversidad?

Existe un fuerte vínculo entre el patriarcado y el manejo de bosques, debido a que el sistema patriarcal domina la gobernanza de los bosques y la biodiversidad y es un agente clave del acaparamiento de tierras boscosas. Las relaciones de poder desiguales que el patriarcado refuerza fomentan falsas soluciones y modelos agrícolas destructivos que convierten a los bosques en agrocommodities.

El patriarcado afecta a todas las personas. El patriarcado influye en los procesos de toma de decisiones referidas al manejo de bosques en detrimento de las mujeres que dependen de esos bosques, que son excluidas de los espacios de toma de decisiones y cuyas voces e inquietudes no son tenidas en cuenta en las políticas y prácticas que afectan a los bosques y la biodiversidad. Sin embargo, las mujeres son las principales cuidadoras y guardianas de los bosques, a la vez que son las que poseen los conocimientos tradicionales.

La falta de control en la toma de decisiones se traduce en un desequilibrio de poder que margina a las mujeres, las comunidades locales y otros grupos ya excluidos. Cuando las partes interesadas no incorporan adecuadamente las consideraciones de estos grupos y cuando los espacios de toma de decisiones no son suficientemente inclusivos y representativos, no se puede avanzar ni progresar.

Sin embargo, plantándole cara al poder e incidiendo junto a las mujeres por su derecho a la autodeterminación, así como su derecho a decir que sí y a decir que no, conseguimos que las cosas cambien. Mediante el empoderamiento de las mujeres y la resistencia contra las estructuras patriarcales estamos formando lideresas comunitarias. 

Es fundamental que los pueblos comprendan el valor ecológico, social y cultural de los bosques, así como lo que los bosques aportan a sus vidas y comunidades. Además, debemos permanecer alertas ante la amenaza constante del poder empresarial y las tácticas que usan las empresas -como sobornar a las comunidades con becas y préstamos- sólo para tomar control de sus tierras e impedirles el acceso a los bosques. Poder tomar decisiones informadas es clave para nuestra lucha por la democracia, los bosques y la biodiversidad.

Desmantelar la influencia que tiene el patriarcado en los procesos de toma de decisiones referidas al manejo de bosques y la conservación de la biodiversidad exige resistir, movilizar y transformar las relaciones y estructuras de poder vigentes y crear procesos inclusivos y participativos para la toma de decisiones que valoren los aportes de las mujeres.

Recordemos, no hay justicia ambiental sin justicia de género. ¡No hay justicia de género sin mujeres!

Soberanía Alimentaria – Joolia Demigillo, Amigos de la Tierra Filipinas

¿Qué nos aporta el feminismo en la construcción de la Soberanía Alimentaria, y cómo se defiende la democracia desde esa perspectiva?

La Soberanía Alimentaria es una aspiración de una alternativa al sistema actual, incapaz de alimentar a la población con alimentos nutritivos, diversos y ecológicos. Se basa en la consideración de la alimentación como un asunto político que no debe desvincularse de los contextos sociales, culturales y económicos.

Las mujeres de todo el mundo desempeñan un papel muy importante en la producción de alimentos, además de asegurarse de que siempre estén disponibles en sus hogares y comunidades. Sin embargo, la mayoría de estas tareas, si no todas, no son reconocidas ni remuneradas, o se las considera responsabilidades exclusivas de las mujeres. Esto dificulta aún más las posibilidades de las mujeres para ganar espacios de participación en los asuntos políticos.

Es una lucha diaria de las mujeres enfrentarse a las relaciones asimétricas de poder y a la opresión de género -a nivel personal y estructural. Las mujeres eligen estar en la primera línea de muchas luchas por la democracia. En todas partes vemos el ascenso de gobiernos autoritarios que socavan la democracia e impiden la realización del derecho humano a una alimentación adecuada. La lucha por la Soberanía Alimentaria es una lucha por la democracia y contra las opresiones. A través de la Soberanía Alimentaria, las mujeres y las personas de todos los géneros pueden expresar sus derechos, su dignidad y aspiraciones.

Podemos vivir el sueño de la Soberanía Alimentaria cuando se la deja en las manos de los pueblos, las mujeres y los jóvenes, para determinar qué alimentos, cómo y dónde se producen, distribuyen y consumen. Por lo tanto, esto exige un cambio radical en los sistemas y estructuras de nuestra sociedad.

El llamamiento por la Soberanía Alimentaria es feminista porque quiere transformar el sistema. Es cuando las mujeres y otras expresiones de género se liberan que podemos decir que hemos emancipado a nuestra sociedad de la discriminación, la injusticia y la opresión.

Economía Feminista – Karina Morais, Marcha Mundial de Mujeres Brasil

¿Cuáles son las principales contribuciones de la economía feminista a las luchas en defensa de la democracia?

La Economía Feminista es nuestra respuesta objetiva al sistema capitalista, neoliberal, racista y patriarcal, basado en la mercantilización de la vida. El modelo económico hegemónico se basa en la separación entre trabajo productivo y trabajo reproductivo, que históricamente ha creado la idea de que el primero está vinculado a la esfera pública y el segundo a la esfera privada. El trabajo productivo se entiende como aquel al que se le puede poner precio y, por tanto, generar lucro. El trabajo reproductivo, en cambio, implica el trabajo doméstico y de cuidados, en sus diversas dimensiones. Esto incluye las tareas domésticas, el cuidado de los/as hijos/as, enfermos/as y ancianos/as, así como el apoyo emocional a los/as integrantes de la familia.

Estas actividades, a su vez, son realizadas principalmente por mujeres, sobre la base de la naturalización de una construcción social patriarcal. Lo que se ve como algo “natural” del universo femenino, incluso como una expresión de “amor”, es en realidad trabajo invisibilizado, no remunerado, y que no se lo entiende como un componente de la economía. En otras palabras, explotación. Es lo que llamamos doble y triple jornada de las mujeres. Al fin y al cabo, ellas realizan actividades productivas, aunque estén en desventaja en el mercado de trabajo, y también las actividades de sostenibilidad de la vida.

Esta transformación que propone la Economía Feminista también implica la defensa de la democracia, porque las lógicas del modelo económico hegemónico se imponen a través de la violencia y el despojo, y se combinan con la opresión patriarcal y racista. La expresión de libre mercado que hoy domina la economía es profundamente antidemocrática. Cambiar la economía para cambiar la vida de las mujeres es también un acto radical de defensa de la democracia y la libertad.

En este sentido, desde la fundación de la Marcha Mundial de las Mujeres hemos defendido que no basta con incluir a las mujeres en este modelo económico, en el que el lucro está por encima de la vida y las vidas existen para generar ese lucro. Necesitamos romper con este paradigma y plantear un proyecto político en el que la sostenibilidad de la vida esté en el centro de la economía. Este entendimiento es central en nuestras formulaciones de la Economía Feminista. Es conceptual, pero parte de la realidad práctica de la vida, especialmente cuando observamos el conjunto de experiencias alternativas que las mujeres han construido a contramano del modelo hegemónico, en el campo y en la ciudad.


Amigos de la Tierra Internacional se solidariza con el pueblo palestino y apoya su lucha para poner fin a la ocupación israelí. 
Al abordar el asunto de la democracia, es imposible celebrar el 8 de marzo y el Día Internacional de los Derechos de las Mujeres sin rendir homenaje a la resistencia pasada, presente y actual del pueblo palestino, especialmente de las mujeres, que son sus pilares. Es imperativo reconocer que el abordaje de las problemáticas ambientales no puede separarse del reconocimiento del derecho de los pueblos a la soberanía nacional en su propia tierra.
“Palestina es una causa de derechos humanos y justicia climática” afirmaron Rasha Abu Dayyeh y Abeer Butmeh, integrantes de PENGON – Amigos de la Tierra Palestina en esta entrevista publicada en diciembre de 2023.