No hay paz sin una Palestina libre
El poder popular ha sido crucial para lograr los últimos avances en el alto el fuego: las protestas masivas, los boicots y los incansables esfuerzos de ciudadanos/as de todo el mundo han desempeñado un papel decisivo a la hora de presionar a los Estados Unidos, el aliado más cercano y principal financiador de Israel, para que tome medidas para poner fin a la matanza del pueblo palestino que el mundo ha presenciado durante los últimos dos años. Cuando las personas unen sus voces, plataformas y recursos para exigir justicia, pueden suceder cosas poderosas.
El desastre humanitario continúa en medio del llamado alto el fuego
Sin embargo, este alto el fuego ha seguido hasta ahora el mismo patrón que los anteriores en la región: Israel rompe unilateralmente los acuerdos de paz y continúa con la agresión sin hacer caso al derecho internacional y humanitario. Los asesinatos y los bombardeos no han cesado en absoluto. Las noticias que siguen saliendo a la luz desde el terreno revelan que, aunque se ha permitido la entrada de más ayuda y algunas personas han podido regresar a sus hogares, todo lo demás sigue igual .
La afirmación de Trump de que el genocidio ha terminado no se sostiene ante los acontecimientos, dada la evidencia de que las atrocidades continúan ocurriendo. Y lo que es más importante, aunque todo el territorio ha sido bombardeado hasta quedar en ruinas y casi inhabitable, no hay indicios claros de que los responsables vayan a ser llevados ante la justicia, mientras que continúan sin llevarse a cabo debates significativos sobre la rendición de cuentas.
Miles de personas siguen desplazadas, viviendo entre los escombros sin acceso a alimentos, agua o electricidad. Los colonos están bloqueando deliberadamente la entrada de camiones de ayuda a Gaza, lo que agrava el sufrimiento de la población civil y agudiza la catástrofe humanitaria. El daño ambiental es inconmensurable: el agua y el aire contaminados y los escombros tóxicos amenazan tanto a la tierra como a la salud de las generaciones futuras.En resumen, la situación humanitaria sigue siendo catastrófica, y los/as palestinos/as que han sobrevivido a dos años de genocidio siguen viviendo en condiciones intolerables.
Para los/as palestinos/as, sobrevivir se ha convertido en un acto de resistencia
En toda Cisjordania, la violencia de los colonos y el ejército se está intensificando. Las redadas, detenciones y agresiones diarias contra las comunidades palestinas continúan sucediendo con total impunidad. Los/as agricultores/as son atacados durante la cosecha de aceitunas; se queman los cultivos y se destruyen los medios de subsistencia. Desde principios de octubre de 2025, se han producido hasta la fecha más de 158 ataques contra recolectores de aceitunas por parte de colonos y fuerzas de la ocupación en toda Cisjordania. Los colonos han robado las cosechas de aceitunas y han atacado a agricultores que intentaban defender sus tierras. El desplazamiento entre ciudades y pueblos se ha vuelto extremadamente difícil debido a los bloqueos, los puestos de control y las nuevas barreras instaladas en varios puntos que bloquean las carreteras principales y las entradas a los pueblos, aislando a las comunidades, interrumpiendo la vida cotidiana y afectando gravemente al trabajo ambiental y social. A pesar de esta dura realidad, el pueblo palestino sigue firme, reconstruyendo lo que se puede reconstruir, defendiendo sus tierras y negándose a ser erradicado.
No hay paz sin justicia
Exigimos el fin de las atrocidades cometidas en Palestina e insistimos en que se presente un plan concreto y viable para garantizar la justicia, la soberanía y la liberación del pueblo palestino. Reclamamos una paz auténtica y no descansaremos hasta que se haga realidad. El plan de Trump es un ataque al derecho del pueblo palestino a vivir en su tierra. Un plan de paz verdadero y significativo debe ir acompañado del cese total de los asesinatos y los ataques por ambas partes, sin excepciones, así como de una verdadera rendición de cuentas por los horribles crímenes cometidos en los últimos 48 meses, no solo en Gaza, sino también en Cisjordania. Para que haya confianza en este proceso, es necesario respetar el derecho humanitario y cumplir con las promesas.
La ocupación israelí de Palestina y el desplazamiento del pueblo palestino deben terminar. El pueblo palestino debe recibir el pleno reconocimiento y la soberanía completa sobre su Estado. Este es un requisito fundamental para cualquier esperanza de una paz duradera y satisfactoria. Las condiciones no deben dejar a ninguna de las partes en una posición vulnerable y expuesta a los ataques. Nada de esto puede basarse en las decisiones o la voluntad de la potencia ocupante, sino que debe basarse incondicionalmente en la justicia, la igualdad y la libertad.
Nosotros/as, como Amigos de la Tierra Internacional, reafirmamos que la lucha por una Palestina libre es inseparable de la lucha por la dignidad humana y la justicia ambiental en todas partes. Una cosa está clara: nuestro movimiento debe continuar su lucha por la justicia. Mientras Gaza y Cisjordania sigan bajo la ocupación, es responsabilidad del mundo seguir alzando la voz, protestando y manteniendo una solidaridad internacionalista inquebrantable con el pueblo palestino.