agroecology

La biodiversidad es la columna vertebral de la producción agropecuaria y de alimentos. Sin embargo, la biodiversidad se está perdiendo a un ritmo alarmante, y la fauna silvestre ha sufrido una merma del 70% desde la década de 1970. Si queremos frenar la pérdida de biodiversidad y garantizar una producción sustentable de alimentos, es indispensable hacer la transición a la agroecología y dejar atrás el agronegocio.

Cómo interactúan y colaboran mutuamente la biodiversidad y la agricultura tradicional

Todas las especies agrícolas y pecuarias de las que dependemos hoy en día -granos, frutas, verduras y ganado- tienen su origen en la biodiversidad silvestre. Desde hace miles de años, el campesinado, los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, y en particular las mujeres, han criado, protegido y mantenido cuidadosamente esta diversidad, dando lugar a miles de especies que han enriquecido la biodiversidad agropecuaria.

La agroecología se basa en los conocimientos ecológicos y de sus propias culturas que las comunidades utilizan para cuidar sus tierras y es, por ende, inseparable de la biodiversidad: se asienta en la cooperación estrecha entre semillas, plantas, animales, microorganismos y ecosistemas diversos que coexisten en equilibrio. La agroecología enriquece y mejora la biodiversidad de muchas maneras distintas, por ejemplo utilizando métodos agrícolas como la asociación de distintos cultivos sembrados a la vez y en el mismo lugar y su rotación, que imita a los ecosistemas naturales, mejora la salud del suelo y atrae insectos benéficos. También implica plantar árboles al lado de los cultivos y del ganado, creando hábitats estratificados para diversas especies.

La biodiversidad potencia a cambio la resistencia de los sistemas agropecuarios de las comunidades, sosteniendo procesos naturales como el ciclo de nutrientes, el control de plagas y la polinización, y manteniendo la salud del suelo. La biodiversidad representa una relación viva y evolutiva para las comunidades, encarna la conexión profunda entre los seres humanos, la tierra y la vida. La agroecología trabaja con la biodiversidad de la que depende y a la que respeta, haciendo de ella un sistema de producción de alimentos sustentable, para los pueblos y para el medioambiente.

La agricultura industrial es la causa e impulsor principal de la pérdida de biodiversidad

Para producir alimentos a escala masiva, el agronegocio recurre a la explotación de la biodiversidad y del medioambiente: privilegia los monocultivos (por ejemplo de soja, palma aceitera, trigo, maíz e incluso eucaliptos) de gran extensión, utiliza sustancias químicas y desmonta tierras. El agronegocio es la causa principal del colapso de la biodiversidad.

Los monocultivos reducen la diversidad genética. Mientras el campesinado cultiva miles de especies, la agricultura industrial produce muy pocas variedades: el 66% de la producción agrícola se concentra solamente en 9 especies de cultivos.  Eso acaba con la variabilidad genética, llevando a que los cultivos sean más vulnerables a plagas, enfermedades y adversidades climáticas. El agronegocio está transformando hábitats complejos que solían dar sustento a aves, polinizadores e insectos, en campos estériles que les ofrecen poco refugio o alimento.

Para mantener lo que supuestamente son altos niveles de productividad, el agronegocio depende en gran medida de sustancias como fertilizantes, herbicidas y plaguicidas sintéticos que le provee la industria química para conseguir beneficios que la agroecología obtiene de la naturaleza misma. Pero esas sustancias son tóxicas, para la red más amplia de la vida: los plaguicidas diezman a los polinizadores, además de afectar gravemente a las personas que trabajan con ellos, y las que viven en el entorno. La agricultura de monocultivos también recurre generalmente a organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos, que se cruzan con especies silvestres y las contaminan, poniendo en riesgo la biodiversidad en todo el mundo.

La expansión del agronegocio empresarial corporativo provoca la pérdida o alteración a gran escala de ecosistemas y hábitats, al desmontar vastas superficies de tierra para los monocultivos y la ganadería a gran escala. En América del Sur, la expansión de la frontera agrícola para monocultivos de soja y ganadería empresarial ha implicado la deforestación de zonas clave de gran biodiversidad como la Amazonía, las sabanas del Cerrado, y el Gran Chaco. En el sudeste asiático, las plantaciones de palma aceitera han destruido selvas y bosques tropicales en Indonesia y Malasia, amenazando muy seriamente a especies como los orangutanes y los tigres. En África, los cultivos industriales y el acaparamiento de tierras han desplazado a los sistemas tradicionales de uso de la tierra y han degradado gravemente sabanas, humedales y bosques. En todos los continentes, este afán de maximización del lucro y los rendimientos y productividad mediante la conversión de tierras está fragmentando los ecosistemas, reduciendo la conectividad de la vida silvestre y empujando a innumerables especies cada vez más cerca de su extinción.

Las grandes empresas del agronegocio saben muy bien el impacto que generan en la biodiversidad, pero priorizan sus ganancias y las anteponen a las personas y los pueblos  y la biodiversidad. Sostienen que les preocupa la pérdida de biodiversidad y afirman que le hacen frente con una serie de falsas soluciones, cuando lo único que hacen realmente es proteger el modelo del agronegocio y sus ganancias, con consecuencias desastrosas para las comunidades, la biodiversidad y el medioambiente.  Un ejemplo es la autocertificación, un proceso mediante el cual las empresas del agronegocio autoevalúan su cumplimiento de normas definidas por ellas mismas relacionadas con la sostenibilidad, sin auditorías externas. Esto les permite reivindicar falazmente que adhieren a prácticas sostenibles, a costa de la biodiversidad y las comunidades.

La agricultura industrial socava la biodiversidad de la que depende

Irónicamente, la agricultura industrial aun depende de la biodiversidad. Todas las especies cultivadas tienen su origen y derivan de la biodiversidad, y el mejoramiento de los cultivos sigue basándose en la diversidad genética de las variedades tradicionales y las plantas silvestres. 

Los insectos, que constituyen el 90% de la totalidad de especies en la Tierra, son esenciales para toda la agricultura, incluida la agroindustrial. Cerca del 75% de los cultivos de tipo alimentario del mundo entero dependen de los polinizadores,  especialmente en el caso de las frutas, hortalizas y semillas oleaginosas. Cultivos como el cacao, las nueces de Brasil y la sandía desaparecerían casi por completo sin ellos. La producción de otros cultivos como los pepinos, las manzanas y las almendras, se mermaría entre un 40 y un 90%. Los insectos también mejoran la calidad del suelo y contribuyen a reducir las plagas que atacan a las plantas, al descomponer el estiércol y la materia vegetal muerta.

Del mismo modo, la fertilidad del suelo en los sistemas industriales todavía depende de procesos vivos, aunque se lo complemente con fertilizantes sintéticos. Los suelos colapsan cuando se eliminan las bacterias, los hongos, los nematodos y las lombrices, y la erosión aumenta. Los fertilizantes pierden entonces su eficacia. La agricultura industrial pasa así a depender cada vez más de insumos externos para compensar esas pérdidas, pero esos insumos jamás podrán sustituir por completo a los suelos vivos

​​La agricultura también depende de la regulación del clima y de la estabilidad de los ecosistemas. Los bosques, humedales, praderas y sistemas costeros regulan las precipitaciones, mantienen las cuencas hidrográficas, amortiguan las inundaciones y las sequías y moderan las temperaturas locales.

En síntesis, la agricultura industrial socava la mismísima biodiversidad de la que depende,  y así se fragiliza. Intenta suplantar a la naturaleza con productos químicos y maquinarias, pero sigue dependiendo de sistemas biológicos. Sin biodiversidad, no puede existir ni prosperar.

La agroecología es el único sistema de producción de alimentos que puede hacerle frente a la pérdida de biodiversidad y garantizar la soberanía alimentaria de todxs

Dado que el agronegocio continua destruyendo la biodiversidad y socavando los medios de sustento del campesinado, de las, los y les agricultores de pequeña escala y de los Pueblos Indígenas, tenemos que contar con un plan de transición agroecológica que sea justo y ambientalmente sólido, construido por y para los pueblos, arraigado en el respeto a la biodiversidad de la que depende y en la solidaridad y el respeto para con las comunidades al servicio de las cuales se lo implementa.

Exigimos que las y los formuladores de políticas cambien urgentemente el rumbo: tienen que reorientar las ayudas y subvenciones gubernamentales y evitar que privilegien al calamitoso agronegocio, las subvenciones a tierras ilegítimas y a la investigación de transgénicos o en apoyo a sistemas de comercialización a gran escala. Tienen que destinarlas a la agricultura agroecológica de pequeña escala, el único sistema de producción de alimentos sustentable para los pueblos, la biodiversidad y el clima. Las subvenciones deben contribuir al sostenimiento de las, los y les agricultores de pequeña escala que practican la agroecología y producen diversos cultivos en armonía con los ecosistemas locales. Las ayudas gubernamentales también deben orientarse a invertir fondos públicos en investigación para potenciar la agroecología en climas cambiantes, recuperar prácticas tradicionales, restaurar la diversidad de semillas y regenerar la salud del suelo mediante métodos naturales. Esta transición tiene que priorizar a sistemas agropecuarios que sean respetuosos de las culturas y medios de vida locales y los conocimientos tradicionales, y garantizar a la vez la producción sustentable de alimentos para las generaciones futuras. En pocas palabras, sería una transición hacia la soberanía alimentaria. 

Al tiempo que las y los productores de alimentos a pequeña escala se organizan a la par de otros movimientos, el cambio ya está en camino. En septiembre de 2025, en Sri Lanka, tendrá lugar el 3er Foro Global Nyéléni, que reunirá a comunidades, movimientos sociales y productores de alimentos a pequeña escala con el fin de construir un movimiento abocado a la transformación  de los sistemas alimentarios en pos de la justicia ambiental, social, económica, de género y racial. Amigos de la Tierra Internacional está participando y apoya este paso necesario hacia un verdadero cambio de sistema agenciado por y para los pueblos. La producción de alimentos nunca ha estado disociada de la biodiversidad, el clima y el medioambiente en el que ésta ocurre, y nunca lo estará.