Los agrocommodities, o productos agrícolas producidos a escala industrial, son el resultado de un modelo económico patriarcal y capitalista que se basa en la privatización, mercantilización y financiarización de la naturaleza con fines lucrativos. Este modelo ha llegado a dominar la producción mundial de alimentos, y sigue causando estragos en el medio ambiente, los Pueblos Indígenas, las comunidades locales y las mujeres.

El auge de los agrocommodities ha diezmado la salud del suelo mediante la implantación de monocultivos y el uso intensivo de productos químicos, ha contaminado las fuentes de agua, ha contribuido a la pérdida de biodiversidad y, en muchos casos, ha dado lugar a violaciones de los derechos humanos. Las mujeres, que desempeñan un papel clave en la producción de alimentos, se ven especialmente afectadas por los agrocommodities. Desde la pérdida de soberanía alimentaria hasta la militarización y la precariedad laboral, los efectos de estos productos limitan la autonomía de las mujeres y aumentan su vulnerabilidad, su carga de trabajo y tareas de cuidado. Esto agrava las desigualdades de género.

Aun así, las mujeres están desafiando activamente este sistema. En todo el mundo, están trabajando para desmantelar las corporaciones que perjudican a las personas en los territorios donde operan, centrándose en la justicia de género, y defendiendo su agua, sus bosques y sus formas de producción de alimentos. Las mujeres ofrecen alternativas basadas en los principios fundamentales de una economía feminista y están forjando un camino hacia sistemas alimentarios justos y equitativos.

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