La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos socialmente justos, ecológicamente sanos y sustentables, y el derecho colectivo de esos pueblos a definir sus propias políticas, estrategias y sistemas para la producción, distribución y consumo de alimentos. – Declaración de Nyéléni 2007.

La soberanía alimentaria fue propuesta en 1996 por La Vía Campesina, el movimiento mundial de campesinas/os y pueblos rurales, y desde entonces fue adoptada por miles de organizaciones y movimientos sociales en todo el mundo.

Soberanía alimentaria para cambiar el sistema

La soberanía alimentaria es un movimiento político y un camino hacia la transformación fundamental de nuestro sistema alimentario fallido y de nuestras sociedades. Como trayectoria viva, la soberanía alimentaria representa principios tales como la alimentación como derecho humano y no como mercancía; y la solidaridad, cooperación, internacionalismo y justicia por sobre el libre mercado, las ganancias y el individualismo. Reivindica el derecho de los pueblos a participar en la toma de decisiones y reúne las luchas de base por justicia ambiental, social, económica, de género, racial e intergeneracional. Soberanía alimentaria significa defender los derechos de los pueblos, la tierra, los territorios, las semillas y la biodiversidad, promover la agroecología y luchar contra el modelo del agronegocio y las políticas neoliberales de comercio e inversiones.

Se asienta en la producción y distribución campesina, familiar, indígena, artesanal y cooperativa, tanto en las ciudades como en las zonas rurales.

La soberanía alimentaria reconoce y promueve el papel central de las mujeres en la producción de alimentos y como sujetos políticos; el derecho de las/os trabajadoras/es y productoras/es a pequeña escala a gozar de condiciones de vida y trabajo dignas y a recibir remuneraciones justas; y el derecho de las clases trabajadoras a acceder a alimentos saludables y culturalmente apropiados en cantidades suficientes y a precios justos.

Las/os campesinas/os, agricultoras/es familiares, Pueblos Indígenas, pueblos pescadores y comunidades que habitan los bosques siguen siendo las principales productoras de alimentos, y proporcionan del 70% al 80% de lo que el mundo consume, pero sus necesidades son permanentemente ignoradas por las políticas públicas y los mercados. También protegen los territorios (bosques, cuerpos de agua, tierras), las semillas y diversos estilos de vida a través de la agroecología y el manejo comunitario de bosques.

Desmantelar el poder de las corporaciones

Sin embargo, décadas de control empresarial y fundamentalismo de libre mercado han dejado al sistema alimentario en crisis. A nivel mundial: hay dos mil millones de personas con hambre o malnutridas, a pesar de los niveles de producción sin precedentes; un tercio de los alimentos que se producen se pierden o desechan; y más de un tercio de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad. La amplia mayoría de las poblaciones rurales son empujadas a la pobreza extrema, son discriminadas y se violan sus derechos humanos, y en particular sufren desplazamientos, desalojos forzados y expropiaciones de tierras. La mayoría de las/os trabajadoras/es asalariadas/os, independientes y familiares en el sector agrícola y rural son informales, lo que afecta negativamente sus condiciones de trabajo, ingresos y protección social, tal como ha quedado demostrado en la pandemia de la Covid-19. Estas realidades ponen al descubierto los enormes desequilibrios de poder que existen en el sistema alimentario.

El agronegocio es un modelo de producción, distribución y consumo de agrocommodities (productos básicos estandarizados de origen agrario), guiado por una economía capitalista y patriarcal y la privatización, mercantilización y financiarización de la naturaleza como medios para acaparar territorios con el fin de obtener ganancias, que pretende homogeneizar la alimentación y la producción de alimentos. Es un modelo agenciado por empresas transnacionales, que junto con las elites nacionales operan para la acumulación de riquezas y ganancias.

El agronegocio acapara tierras y territorios, destruye los suelos y los bosques, mata los peces, contamina los ríos, océanos y el aire, envenena a las comunidades y mercantiliza los bienes naturales y alimentos esenciales, a la vez que obtiene miles de millones en ganancias. Los pueblos que oponen resistencia sufren cada vez más amenazas y son criminalizados y asesinados.

El movimiento por la soberanía alimentaria

Creemos que es posible alimentar al mundo, superar las crisis de la hambre, del clima, y de la biodiversidad, y construir sociedades basadas en la justicia y la solidaridad, mediante el uso de prácticas agroecológicas para la soberanía alimentaria.

Amigos de la Tierra Internacional forma parte de un movimiento fuerte y cada vez más numeroso liderado por productoras/es familiares, indígenas y artesanales de alimentos, y trabajadoras/es campesinas/os, en el que se destacan el Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria (CIP) y el Mecanismo de la Sociedad Civil y Pueblos Indígenas para las relaciones con el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas.

En 2007, más de 500 representantes de más de 80 países, de organizaciones de productores de alimentos a pequeña escala, trabajadores rurales, migrantes, mujeres, juventud, consumidores y  movimientos ecologistas y urbanos, se reunieron en la aldea de Nyéléni (Malí) para fortalecer el movimiento mundial por la soberanía alimentaria. Las voces de este movimiento están representadas en el Boletin Nyeléni, que se publica trimestralmente.

Haciendo campañas y trabajo de incidencia, apoyando las luchas de base, denunciando el poder empresarial y la injusticia, organizando y construyendo movimientos por el cambio, exigimos:

  • Alimentos para los pueblos, no para el lucro. 
  • Valorar y apoyar a las/os productoras/es campesinas/os, familiares, indígenas y artesanales, y trabajadores rurales.
  • Acabar con todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, y desmantelar el patriarcado.
  • Reconocer y promover el papel central de las mujeres en la producción de alimentos y como sujetos políticos.
  • Relocalizar (desglobalizar) los sistemas alimentarios. 
  • Democratizar la toma de decisiones y el control y propiedad de los recursos relacionados con la alimentación y la agricultura.
  • Respetar y apoyar los conocimientos e innovaciones de las bases.
  • Armonía con la naturaleza a través de la agroecología.