La agroecología es una forma de producir alimentos, una forma de vida, una ciencia y un movimiento para transformar los sistemas alimentarios en pos de la justicia ambiental, social, de género, económica, racial e intergeneracional. Esta definición de agroecología se encuentra en la Declaración de Nyéléni 2015 – desarrollada en un momento sin precedentes, cuando organizaciones y movimientos internacionales de productoras/es de alimentos a pequeña escala, trabajadores y consumidoras/es se reunieron en Nyéléni, Sélingué, Mali, para llegar a una comprensión común de la agroecología como elemento clave en la construcción de la soberanía alimentaria y desarrollar una visión conjunta para promoverla.

La agroecología se ha desarrollado a partir de las prácticas, conocimientos, innovación e investigación de campesinas/os, agricultoras/es familiares, Pueblos Indígenas, pescadoras/es, pueblos trashumantes y muchas/os otras/os productoras/es a pequeña escala. 

Como forma de producir alimentos, las prácticas agroecológicas (tales como el cultivo intercalado, la pesca tradicional y el pastoreo trashumante, la integración de cultivos, árboles, ganado y peces, el abono con estiércol, el compost, las semillas locales y razas animales, etc.) siguen los procesos naturales de producción autosustentable. Esto tiene como resultado una mayor diversidad de cultivos y razas, reduce drásticamente el uso de insumos externos comprados, invalida el uso de agrotóxicos, antibióticos, hormonas artificiales, organismos genéticamente modificados y otras nuevas tecnologías peligrosas y recicla nutrientes, por ejemplo, mediante el uso de desechos vegetales y animales como abono.

La agroecología tiene beneficios evidentes como son la reducción de costos, autonomía respecto de las grandes empresas, ingresos de diversas fuentes, gestión de riesgos en caso de pérdida de cultivos, y una producción variada para mejorar la nutrición. La agroecología también tiene el potencial de regenerar los ecosistemas que han sido devastados por la agricultura industrial. 

Como ciencia, la agroecología constituye un marco vivo, coherente, transdisciplinario e integral –que incluye los conocimientos y formas de conocer diversos que tienen los pueblos— mediante el cual se pueden estudiar sus prácticas y resultados y cómo los sistemas alimentarios deben adaptarse a y restaurar los sistemas bioculturales de los que dependen.

Como modo de vida o sistema socioeconómico, la agroecología valora la vida de las personas, los pueblos y el planeta por sobre las ganancias, y se basa en una visión a largo plazo que va más allá de la agricultura y busca transformar todo el sistema alimentario. Recurre a disciplinas sociales, económicas, políticas y ecológicas y las integra con conocimientos ancestrales y tradicionales y las prácticas de campesinas/os, Pueblos Indígenas y otras/os proveedoras/es de alimentos a pequeña escala. La agroecología está basada en principios compartidos que se practican de acuerdo con la realidad y la cultura de cada territorio de los pueblos, respetando a la naturaleza y los valores comunes compartidos.

  1. Por ejemplo, reconfigura los mercados sobre la base de la equidad, la solidaridad y una ética de producción y consumo responsables, promoviendo cadenas de distribución directas, cortas y justas. Genera espacios y poder para que las mujeres y jóvenes asuman posiciones de liderazgo. Garantiza justicia y dignidad para las/os trabajadoras/es.
  2. Implica el pleno reconocimiento de la libre determinación y la autonomía de los pueblos, y se construye sobre los pilares de los derechos colectivos y el acceso a los bienes comunes.

Como movimiento social, la agroecología cuestiona, desafía y transforma activamente las estructuras de poder en la sociedad y coloca en manos de los pueblos las semillas, la biodiversidad, la tierra y los territorios, aguas, conocimientos, cultura y bienes comunes para que puedan lograr la soberanía alimentaria. Es liderado por campesinas/os, por productoras/es familiares, indígenas y artesanales de alimentos, y por las/os trabajadoras/es y sus aliados. Este movimiento cada vez más numeroso busca transformar completamente nuestros sistemas alimentarios, más que reformar los modelos industriales. La lucha por la justicia de género y el desmantelamiento del patriarcado es fundamental para el movimiento como camino hacia el logro de la autonomía y los derechos de las mujeres. La organización y acción colectiva permitirá generalizar la agroecología, construir sistemas alimentarios locales, e impugnar el control empresarial de nuestro sistema alimentario.

Las prácticas agroecológicas están basadas en una amplia gama de principios tales como:

  • para campesinas/os, agricultoras/es familiares y otras/os productoras/es de alimentos a pequeña escala: diversificar las variedades de cultivos, semillas locales y razas de ganado; integrar cultivos (proteínas, cereales, legumbres, frutas y vegetales), árboles, ganadería, peces; aplicación de abonos de origen animal y compostaje; mejorar la interacción biológica en todo el sistema; minimizar el uso y la dependencia de recursos e insumos no renovables externos (por ejemplo nutrientes y agrotóxicos) y la dependencia de energías producidas a partir de combustibles fósiles; recolección de agua de lluvia; monitoreo comunitario de ecosistemas; secado solar y almacenamiento de alimentos; manejo comunitario de bosques.
  • para pescadoras/es tradicionales, artesanales y a pequeña escala: manejo comunitario para conservar y regenerar las poblaciones de peces, los caladeros de pesca, los arrecifes de coral, los pantanos de manglares y otros hábitats de peces.
  • para el pastoreo trashumante transfronterizo y migratorio tradicional: conservación de los territorios de pastoreo, y uso para la producción de carne, leche, fibras, combustible y otros.
  • para las/os habitantes de bosques: vivir de la diversidad de productos forestales no maderables y proteger la biodiversidad. Para los Pueblos Indígenas: acceso a los recursos naturales en sus territorios, en particular para la caza y la recolección.

El potencial y fuerza transformadora de la agroecología para alimentar al mundo y sustituir al sistema alimentario industrial destructivo ha sido reconocido en varios informes científicos y de la ONU.

«Muchos consideran que la agroecología ofrece numerosos beneficios, como los relativos al aumento de la seguridad alimentaria y la resiliencia, la mejora de los medios de vida y las economías locales, la diversificación de la producción alimentaria y las dietas, la promoción de la salud y la nutrición, la protección de los recursos naturales y la diversidad biológica, la adaptación al cambio climático y su mitigación, la contribución al empoderamiento de las mujeres y la conservación de las culturas locales y los conocimientos tradicionales.» – Segundo Simposio Internacional sobre Agroecología, abril de 2018, Roma, Resumen del presidente.

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