Protests at Gotagogama in front of the Presidential Secretariat © Diwanka Randula Podduwage

Hemantha Withanage, Presidente de Amigos de la Tierra Internacional, examina las dinámicas que dieron lugar a las protestas en su país -desde una crisis de endeudamiento internacional al hambre generalizada, la pobreza y la inestabilidad política provocadas por un régimen neoliberal antidemocrático.

El 14 de julio de 2022, tras más de 100 días de protestas públicas, el presidente de Sri Lanka Gotabaya Rajapaksa finalmente renunció, poniendo fin a su mandato de 32 meses desde su lugar de asilo en Singapur.

Desde el 9 de abril de 2022 la población ha estado ocupando la entrada a la Secretaría Presidencial en el centro de Colombo, Galle Gace Ground, en una muestra contundente de poder popular. En el auge de la protesta el 9 de julio, la ciudadanía ocupó la residencia presidencial, la secretaría presidencial, la residencia oficial del primer ministro y la oficina del primer ministro, exigiendo que el presiente se retire. En la madrugada del 12 de julio, el presidente se escapó hacia Maldivas en un avión de la Fuerza Aérea, desde donde viajó a Singapur cuando Estados Unidos le negara la visa de ingreso.

Régimen oligárquico de la familia Rajapaksa

Previo a la renuncia del presidente, su hermano y ex primer ministro Mahinda Rajapaksa renunció el 9 de mayo. En su último discurso, representantes políticos de su partido, el Frente Popular de Sri Lanka (Sri Lanka Podujana Peramuna), agitaron a los seguidores para que ataquen a manifestantes pacíficos, agudizando la ira. Se desataron disturbios en todo el país, en los que más de 70 propiedades pertenecientes a políticos del partido de gobierno fueron incendiadas, al menos un miembro del Parlamento falleció y cientos de vehículos fueron incendiados y dañados.

Un mes después, el 9 de julio, su hermano menor Basil Rajapaksha, ciudadano de Estados Unidos, renunció a su cargo de Ministro de Finanzas. Basil Rajapaksha había sido designado unos meses antes, violando la constitución que prohíbe a personas con doble ciudadanía ocupar cargos en el Parlamento. La familia Rakapaksa tenía otros tres miembros en cargos oficiales en el régimen de gobierno (el Jefe de Gabinete y el Ministro de Estado).

En total, la familia Rajapaksa controlaba hasta un 70% del presupuesto nacional. Fueron acusados de abuso de poder, nepotismo, corrupción y saqueo de fondos públicos para invertir en otros países como Uganda, Seychelles, Dubai y Australia. Una investigación llevada a cabo por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación denominó a Sri Lanka como una de las “naciones empobrecidas y autocráticas” de la cual se vaciaron miles de millones de dólares hacia cuentas privadas bajo nombres de empresas y fondos fantasmas, a menudo ocultas de los tribunales, acreedores y la policía.

Poco después de la renuncia del ex primer ministro, el presidente Gotabaya designó a Ranil Wickramasinghe, un político experimentado de un partido que solía ser popular pero que sólo obtuvo un escaño en las últimas elecciones. La decepción y la ira crecieron entre las/os manifestantes, que han estado pidiendo la renuncia de los 225 miembros del Parlamento. Antes de huir del país, Gotabaya designó a Wickramasinghe como presidente interino. A pesar de la falta de apoyo de los partidos de la oposición, con muy pocos otros candidatos disponibles, Wickramasinghe logró captar apoyo para convertirse en el 8° presidente de Sri Lanka.

La crisis política seguirá perjudicando a la democracia en el país hasta que se lleven a cabo las elecciones correspondientes que le permitan a la población elegir un nuevo régimen. Esta tarea parece imposible, ya que la Constitución no permite la disolución del Parlamento a menos que haya una mayoría de dos tercios en el Parlamento que exija un juicio político contra el presidente.

Ataques con gases lacrimógenos contra manifestantes pacíficos, 9 de julio © Thilina Kaluthotage

De la crisis de endeudamiento a la crisis política

La crisis política surgió como resultado de la crisis económica que ha incapacitado a Sri Lanka desde comienzos del año 2020. El Fondo Monetario Internacional consideró que el país perdió la sostenibilidad de su deuda en septiembre de 2020, cuando su endeudamiento ascendió al 101% de sus ingresos. El gobierno culpó rápidamente a las medidas de confinamiento de la pandemia de Covid-19 por la pérdida de ingresos en concepto de turismo y el menor nivel de remesas provenientes de la población de Sri Lanka que trabaja en el exterior, así como una menor productividad del sector textil y otros sectores industriales. Este puede haber sido un punto de inflexión, pero la crisis de endeudamiento ya era una realidad bastante antes de la pandemia.

Sri Lanka les debe más de $51 mil millones (de dólares estadounidenses) a prestamistas extranjeros, cifra que incluye los $6500 millones que se deben a China.

Para llenar esta brecha, el gobierno imprimió más de $2,3 billones de rupias de Sri Lanka (equivalentes a $6500 millones de dólares estadounidenses), una movida que ha catapultado la inflación de Sri Lanka a la cima a nivel de Asia -de 29,8% en mayo de 2022 a un máximo absoluto de 54,6% en junio.

Momentos después las/os manifestantes ingresaron a la Secretaría Presidencial © Thilina Kaluthotage

Inseguridad alimentaria y pobreza energética

Mientras tanto, en 2020, el gobierno dejó de importar vehículos, aceite de palma y otros artículos “no esenciales”.

Más notoriamente, en mayo de 2021 se prohibieron todos los fertilizantes químicos, pretendiendo transformar el país a la agricultura agroecológica de la noche a la mañana. Sin embargo, como no implementaron medidas de apoyo para la transición agroecológica, las/os agricultoras/es quedaron sin poder cultivar, perdieron ingresos y los precios de los alimentos se dispararon. Mientras el hambre aumentaba, la clase política sugirió que la población redujera sus tres comidas diarias a sólo dos. Seis meses después, el gobierno dio marcha atrás, y comenzó a importar nano-nitrógeno de India y fertilizante orgánico basado en residuos sólidos municipales de China. Cuando el Departamento Nacional de Cuarentena Vegetal encontró bacterias peligrosas en los cargamentos, expertos agrícolas, la sociedad civil y los medios comenzaron a realizar campañas en contra de estas importaciones. El Centro de Justicia Ambiental (CEJ/Amigos de la Tierra Sri Lanka) presentó una demanda judicial para impedir la descarga de un cargamento, obligándolo a regresar a China después del pago de una tasa de retraso de $6,7 millones.

La agroecología es una práctica y movimiento con un potencial enormemente transformador para alimentar el mundo y reemplazar el sistema alimentario industrial destructivo. La experiencia de Sri Lanka no hace más que demostrar la importancia de las políticas públicas para apoyar a las/os agricultoras/es en una transición de este tipo.

La falta de reservas de moneda extranjera también significó que el gobierno no pudiera importar suficiente gasolina, diésel, gas natural licuado (GNL) o carbón para mantener el sistema dependiente de combustibles fósiles del país en marcha. En cada estación de servicio de todo el país se formaron largas colas. El caos sobrevino, más de 30 personas fallecieron. Cambiar la fórmula del gas licuado de petróleo (LPG) para obtener más ganancias tuvo como resultado decenas de muertes y casi 730 explosiones de cocinas a gas domésticas. Hubo extensos recortes de energía ya que las centrales termoeléctricas dejaron de funcionar, hasta que hace un mes llegó la temporada de lluvias. Pero incluso ahora, las fuentes de energía hidroeléctrica se están agotando rápidamente y la gente experimenta 3-4 horas de recortes de energía por día. Los servicios esenciales como el cuidado de la salud, la distribución de alimentos y el transporte público se vieron gravemente afectados, sin solución a la fecha.

Se necesita urgentemente una transición energética justa para combatir la crisis climática y construir naciones con soberanía energética. Sin embargo, en Sri Lanka, hay una fuerte resistencia en contra de la energía renovable por parte de expertos y políticos adictos a los combustibles fósiles con el apoyo de productores de carbón y gas.

A pesar de la política gubernamental de introducir un 70% de energía renovable antes de 2030, la Asociación de Ingenieros Independientes de la Junta de Electricidad de Ceilán ha impedido toda construcción de fuentes de energía renovable. Desde 1990, la comunidad ambiental ha luchado contra esta “mafia del carbón” cuya adicción a los combustibles fósiles ha dejado a la población en un estado de pobreza energética.

La gente hace largas filas para comprar cilindros de gas licuado de petróleo (LPG) en medio de la escasez en Colombo el 14 de marzo © Ishara Kokikara/AFP

Malos antecedentes ambientales

La destrucción ambiental que comenzó durante el régimen anterior se multiplicó bajo el gobierno del presidente Gotabhaya Rajapaksa. Rajapaksa desreguló las licencias de transporte de arena y liberó “otros bosques estatales” ricos en biodiversidad para la agricultura y el desarrollo, afirmando que sus órdenes verbales por sí solas deben ser consideradas ley. La comunidad ambiental luchó en su contra, por ejemplo cuando más de 2000 personas protestaron en Colombo en abril de 2021, pero el gobierno oficial no las escuchó.

Amigos de la Tierra Sri Lanka presentó más de 25 demandas judiciales ambientales contra el régimen actual en los últimos 32 meses, algunas de las cuales lograron revertir decisiones, como el restablecimiento de las licencias para la minería de arena.

Recientemente, gente hambrienta comenzó a tomar bosques naturales y cultivos para la minería ilegal y otras formas de generación de ingresos para sobrevivir. Según Global Forest Watch, la pérdida de bosques primarios en Sri Lanka fue de 283 hectáreas en 2020 y 281 hectáreas en 2021. La pérdida de cobertura forestal fue de 11.200 ha en 2020 y aumentó a 13.300 ha en 2021.

“Stop ecocide” campaign held in Viharamahadevi, Sri Lanka © Janka Withanage

Deuda ilegítima, corrupción y soluciones falsas

La experiencia de Sri Lanka ofrece una lección importante sobre cómo las políticas neoliberales pueden llevar a cualquier país a la crisis. Sri Lanka debe actualmente $81,7 mil millones a acreedores privados y multilaterales. El 78% de la deuda total se acumuló durante el régimen de los Rajapaksa.

Acreedores privados, como Black Rock y otros, han creado recientemente un grupo de titulares de bonos de deuda que abarcan aproximadamente el 30% de la deuda del país. A partir de 2003, estos titulares privados de bonos de deuda comenzaron a proporcionar fondos a Sri Lanka, cuando el país estaba en el camino a tener un nivel de ingresos altos-medios. Desde entonces, los dos regímenes pidieron enormes sumas de dinero a los titulares de bonos de deuda con la mayor tasa de interés para invertir en infraestructura. Es fácil que la oligarquía haga un uso indebido de estos fondos y según los manifestantes, al menos $19 mil millones fueron desviados para usarse en otra parte.

El Hamilton Reserve Bank Ltd., que posee más de $250 millones de bonos soberanos internacionales de Sri Lanka al 5,875% presentó una demanda en junio de 2022 ante un tribunal federal de Nueva York en busca del pago total del capital y los intereses. Otros titulares de bonos de deuda (u obligaciones), como los sistemas de pensiones de Estados Unidos, Fidelity Investments, BlackRock, T. Rowe Price, Lord Abbett, JPMorgan, PIMCO, y Neuberger Berman están en la fila para reestructurar los préstamos.

Varios proyectos se han sobreestimado y pagado a través de procedimientos corruptos. Según el informe de la Auditoría General, uno de los proyectos de riego para desviar los ríos Gin y Nilwala recibió más de $4000 millones de rupias de Sri Lanka, sin que se realizara ningún trabajo básico en el terreno. El proyecto fallido para desviar el río Uma Oya – financiado por Irán con aproximadamente $529 millones – tuvo como resultado el colapso de un túnel que perjudicó las tierras agrícolas y edificios del área de Bandararawela, destruyendo los ingresos de las/os campesinas/os. A la fecha, el proyecto sigue incompleto.

Mientras tanto, el proyecto financiado por China para construir la “ciudad portuaria de Colombo” que hubiera sido el centro financiero de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, también ha profundizado la deuda. A la fecha, los desarrolladores no han ni siquiera pagado las regalías que se deben al gobierno por el material de arena y roca obtenido del océano y la zona rural– que asciende a $465 millones de rupias de Sri Lanka.

El puerto de Hambantota construido recientemente con un préstamo de China fue alquilado a la empresa china por 99 años debido a la incapacidad de Sri Lanka para pagar la deuda. Sin embargo, el monto del alquiler (aproximadamente mil millones) no ha regresado al Tesoro Nacional, sino que en su lugar se ha invertido en infraestructura desconocida. Ni el puerto de Hambantota, ni la Ciudad Portuaria de Colombo tienen algún beneficio o beneficio mínimo para la economía de Sri Lanka, mientras que los daños ambientales y sociales son muy altos.

Finalmente, un estudio sobre los presupuestos nacionales en los últimos seis años revela que el 44% de todos los préstamos extranjeros se han otorgado para la construcción de carreteras y autopistas. El costo financiero total superaría los $9 mil millones, sin embargo el proceso de compra ha sido sumamente controversial y ha sido acusado de corrupción.

A medida que las reservas de moneda extranjera del gobierno bajaban, el Banco Central de Sri Lanka declaró que no podía pagar los préstamos y Sri Lanka se convirtió en una nación en bancarrota en mayo de 2022. Alrededor de 40 bonos soberanos internacionales representan más de un tercio de los $51 mil millones de deuda externa en moneda extranjera de Sri Lanka. La solución promovida por el gobierno es pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Sin embargo, como la deuda pública es tan alta, el FMI requeriría “garantías adecuadas de financiamiento de los acreedores de Sri Lanka de que la sostenibilidad de la deuda se restablecería” antes de que puedan diseñar un programa económico exhaustivo para el país. Mientras tanto, China está presionando a favor de otro préstamo ($4 mil millones) para pagar la deuda existente, y Sri Lanka también ha negociado líneas de crédito con India y China para llevar al país artículos esenciales como el combustible. El Banco Mundial acordó prestar a Sri Lanka $600 millones, e India ofreció al menos $1900 millones. El FMI está analizando la posibilidad de un préstamo de $3 mil millones. Estas medidas no están ayudando en realidad a resolver la crisis de endeudamiento.

Se rumorea que algunas entidades públicas, tales como la Junta de Electricidad de Ceilán y Sri Lankan Airlines, se privatizarán para reducir la carga en el presupuesto nacional. Podrían tener que recortarse más de 1,5 millones de empleos del sector público para ahorrar costos. Estas no serán medidas fáciles.

Mientras tanto, The Nature Conservancy, una ONG occidental, está interesada en comprar $1 mil millones de deuda de Sri Lanka a una tasa más baja en el marco de un “canje de deuda por naturaleza”. Este mecanismo fue impulsado previamente por el gobierno estadounidense en el marco de la Ley de Conservación de Bosques Tropicales, a la que Sri Lanka se opuso a fines de la década de 1990 ya que representaba una amenaza para la soberanía nacional y los derechos populares por sobre los recursos naturales. Esta vez, The Nature Conservancy vendería bonos de biodiversidad y bonos de carbono para la conservación de ecosistemas marinos a Coca Cola y otras grandes empresas, lo que sería devastador para los pescadores locales. El mecanismo de “canje de deuda por naturaleza” es un ejemplo de financiarización de la naturaleza – una falsa solución para la crisis de biodiversidad y clima que concentra aún más el poder de las grandes empresas financieras por sobre el medioambiente y los medios de sustento. Si esto avanza, los bancos de China y el Nordic Investment Bank serán los próximos en la fila para acaparar más recursos naturales.

Protesta de activistas ambientales en Sri Lanka durante la crisis reciente © Janaka Withanage

Crisis humanitaria

La crisis de Sri Lanka es una crisis de política, economía, medioambiente, alimentación, salud, energía, deuda y humanidad. Sri Lanka se ha convertido en una nación vencida como resultado de un gobierno fallido y un sistema financiero neoliberal fallido. La gente que tiene dinero irse hace filas para tramitar el pasaporte. El gobierno está alentando a la población a viajar a Medio Oriente para traer remesas extranjeras, que no hará más que aumentar la explotación laboral y la migración.

Como siempre, la población más pobre es la más afectada. Se denunció que casi 5,7 millones de mujeres, niñas/os y hombres necesitan asistencia inmediata para salvar sus vidas. Según una encuesta de Save the Children, más de 2 de cada 3 familias no tienen suficientes alimentos para comer. El 85% de los hogares han perdido ingresos desde el comienzo de la crisis económica, y 1 en 10 ha perdido sus ingresos por completo. El 3% de las familias encuestadas afirmó que habían recurrido a estrategias “de emergencia” tal como la venta de hogares, trabajo infantil, matrimonio infantil, mendicidad, robo o trabajo sexual.

La situación ha agravado la vulnerabilidad de mujeres y niñas, que son más propensas a sufrir abusos, malnutrición, deterioro de la salud y explotación. Hay historias de familias que se suicidaron ya que los padres y madres no podían proporcionar alimentos a sus hijas/os, y otras que intentaron llegar a India o Australia en bote.

La experiencia en países como Argentina y Zimbabue que pasaron por graves crisis económicas demuestra que puede llevar más de una década volver a la «normalidad». Los jóvenes tienen muy poca esperanza en el futuro.

Nuestras acciones y demandas

La democracia se ha visto gravemente deteriorada en el país y nadie confía en el otro. Aunque el margen de maniobra de la sociedad civil ha aumentado ligeramente en los primeros días de las protestas populares, se ha estado reduciendo rápidamente después de que el presidente Wikramasinghe fuera designado el 20 de julio. Sin embargo, la sociedad civil debe seguir luchando contra el régimen neoliberal antidemocrático que produjo esta crisis. Hacemos un llamamiento a la solidaridad del movimiento de la sociedad civil en este momento difícil para:

  • Construir la red de seguridad social proporcionando apoyo a la gente que lo necesita.
  • Involucrarse activamente en la ampliación del margen de maniobra de la sociedad civil para garantizar que no hayan violaciones de derechos humanos.
  • Exigir que las/os parlamentarias/os pongan un fin inmediato a la crisis política y establezcan un gobierno estable.
  • Llevar a cabo una auditoría de deuda pública y exigir la cancelación de la deuda, incluida toda deuda ilegítima.
  • Aumentar el trabajo de cabildeo/influencia sobre los acreedores multilaterales y los países desarrollados para proporcionar apoyo incondicional para evitar la crisis de endeudamiento.
  • Solicitar la solidaridad internacionalista para apoyar a las comunidades locales -especialmente apoyo humanitario para alimentos, medicamentos y otros artículos esenciales.

Amigos de la Tierra Internacional seguirá luchando a favor de políticas a nivel mundial para hacerle frente a las crisis ambientales y sociales y construir el poder de los pueblos. El sistema económico dominante actual no es capaz de ofrecer soluciones. Es hora de un cambio de sistema.