El fracaso del sistema multilateral actual
El mundo enfrenta una convergencia de crisis sin precedentes: cambio climático, pandemias, catástrofes naturales, genocidios, guerras y cada vez más desigualdad. La respuesta internacional, liderada por las Naciones Unidas y su sistema multilateral, ha fracasado en ofrecer soluciones reales. Por el contrario, la gobernanza mundial es dominada por los intereses de las grandes empresas, perpetuando un sistema que pasa por alto las necesidades de la mayoría, particularmente en el Sur Global. La Cumbre del Futuro que se celebrará en breve amenaza con convertirse en un ejercicio más para mantener el statu quo. Lo que el mundo necesita es un gobierno mundial realmente democrático que sea inclusivo, que rinda cuentas y que tenga capacidad para hacerle frente a los desafíos urgentes que enfrentamos.
¿A quién le corresponde definir el futuro?
Actualmente, la gobernanza mundial está inmersa en enfrentamientos geopolíticos entre las potencias occidentales (Estados Unidos, la UE y aliados) y la creciente influencia de China y Rusia. Al mismo tiempo, las empresas transnacionales ejercen una enorme influencia en la toma de decisiones, anteponiendo el lucro a la población y las personas. Esto ha llevado a un modelo de gobernanza que perpetúa la desigualdad y la degradación ambiental, sin ofrecer soluciones verdaderas a las crisis mundiales.
La ONU, que solía ser un faro de esperanza para la cooperación internacional, se encuentra ahora paralizada por estas dinámicas. La participación democrática dentro del sistema multilateral se ha erosionado, y las decisiones están concentradas en las manos de unos pocos países poderosos y grandes actores empresariales. Las voces del Sur Global son marginadas e ignoradas.
En el Sur Global la frustración es cada vez mayor por el dominio que tienen los países desarrollados y las empresas transnacionales en la toma de decisiones a nivel mundial. Estas entidades impiden que se avance en asuntos económicos, sociales y ambientales cruciales, dejando que las mayorías del mundo carguen con el peso de las crisis mientras sus voces son dejadas de lado. Las políticas que surgen del sistema actual han profundizado la desigualdad y han fracasado en hacerle frente a las causas estructurales de los problemas mundiales.
Tal fracaso ha propiciado sin lugar a dudas el avance de movimientos fascistas y de extrema derecha en todo el mundo que están capitalizando la desilusión de las poblaciones que la gobernanza mundial ha abandonado a su suerte. El auge del etnonacionalismo, la negación de la ciencia y la normalización de los discursos de odio son síntomas de un sistema fallido que prioriza los intereses de las grandes empresas por sobre el bienestar de los pueblos.
Una nueva estructura de gobernanza mundial
Es improbable que la Cumbre del Futuro produzca los cambios radicales que el mundo necesita. En lugar de encarar las causas estructurales de las crisis, parece encaminada a adoptar compromisos poco claros que refuerzan el sistema neoliberal actual. Lo que necesitamos y se requiere es una nueva estructura de gobernanza mundial que sea democrática, que rinda cuentas y que responda a las necesidades de todas las personas y pueblos, no solo de una pequeña minoría privilegiada.
Reclamamos:
- Equidad entre las naciones: Es imprescindible rechazar los desequilibrios de poder arraigados en instituciones como el Consejo de Seguridad de la ONU, donde un puñado de países tiene poder de veto, y en instituciones financieras como el FMI y el Banco Mundial, donde la capacidad de influencia está ligada a la riqueza. Los foros exclusivos como el G7 y el G20 tienen que sustituirse por espacios realmente inclusivos en los que la voz de todos los países tenga el mismo peso y cuente por igual.
- Prioridad para los movimientos sociales y la sociedad civil: Los gobiernos y las instituciones internacionales han de anteponer las voces y las necesidades de las personas y los pueblos frente a las grandes empresas y las élites adineradas. Los gobiernos nacionales, actuando como representantes legítimos de sus poblaciones, tienen que asumir una posición de liderazgo en la toma de decisiones a nivel mundial, con aportes significativos de la sociedad civil y los movimientos sociales. Es imperativo que los intereses de las grandes empresas y de los multimillonarios sean excluidos de estos espacios. La cooptación empresarial o ‘captura corporativa’ de las instituciones mundiales tras el velo de ‘la gobernanza por múltiples partes interesadas’ o ‘gobernanza multiactor’ ha conducido a un sistema que responde a los intereses de unos pocos a expensas de la mayoría. Abolición del poder de veto: Un gobierno mundial democrático garantizaría que todos los países sean tratados por igual, sin que ninguna nación o grupo de naciones ejerza un poder desproporcionado. El poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU tiene que abolirse, y las instituciones financieras tienen que reestructurarse para que la toma de decisiones no esté atada a la riqueza. Sólo a través de tales reformas se podrá lograr que la gobernanza mundial sea inclusiva, transparente y capaz de hacerle frente a los desafíos que enfrentamos.
- Abolición del poder de veto: Un gobierno mundial democrático garantizaría que todos los países sean tratados por igual, sin que ninguna nación o grupo de naciones ejerza un poder desproporcionado. El poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU tiene que abolirse, y las instituciones financieras tienen que reestructurarse para que la toma de decisiones no esté atada a la riqueza. Sólo a través de tales reformas se podrá lograr que la gobernanza mundial sea inclusiva, transparente y capaz de hacerle frente a los desafíos que enfrentamos.
- Reforma de los regímenes de comercio, propiedad intelectual e impuestos: Los regímenes de comercio y propiedad intelectual actuales frenan el desarrollo digital y de datos en el Sur Global. Necesitamos urgentemente una doctrina de uso justo de los secretos comerciales para permitirle a las empresas pequeñas de países en desarrollo acceder a datos críticos, garantizar la rendición de cuentas en la innovación de la IA y apoyar la concesión de licencias públicas de tecnologías fundacionales de IA. Los sistemas fiscales internacionales deben reformarse para garantizar una distribución justa de la riqueza. La infraestructura del mañana debe construirse mediante inversiones públicas, no controladas por los gigantes tecnológicos.
- Gobernanza de datos equitativa y con rendición de cuentas: El llamamiento a favor de un flujo de datos sin restricciones a través de las fronteras beneficia a los actores dominantes de la economía digital mundial, no a todas las naciones. Al igual que el libre comercio, esta narrativa apoya una disputa moderna por el dominio digital. Se necesita un nuevo marco mundial de datos, basado en los derechos humanos y el desarrollo. Una gobernanza eficaz de la IA debe hacer rendir cuentas a los actores no estatales para evitar la explotación y garantizar la supervivencia de la humanidad.
Conclusión
El mundo no necesita otra cumbre pomposa para preservar el orden actual. Necesitamos una visión audaz y transformadora de la gobernanza mundial que priorice y anteponga a las personas y al planeta por sobre el lucro empresarial. Un gobierno mundial democrático es esencial si queremos superar las crisis existenciales que enfrenta la humanidad. Es hora de un cambio real que garantice la dignidad, la sustentabilidad y la justicia para todas y todos.
Transnational Institute (TNI), Amigos de la Tierra Internacional (ATI), IT for Change.