En octubre de 2018, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) publicará un informe histórico sobre los 1,5 grados, en el que probablemente comuniquen los terribles riesgos e impactos que supone dejar que el aumento de la temperatura mundial promedio exceda 1,5 grados, a la vez que alertan que se necesitará un cambio sistémico drástico, de una magnitud nunca antes vista, para evitar este aumento de la temperatura. Este mismo año se comenzó a usar el término ‘planeta invernadero’ -una alarmante predicción de algunos científicos de que incluso si las temperaturas se estabilizan en 2 grados de aumento (los compromisos asumidos en el Acuerdo de París podrían implicar un aumento de 4 grados), el sistema quizás ya esté tan recalentado que igualmente se podrían traspasar puntos de inflexión sin retorno irreversibles. Los bosques, el permahielo (permafrost en inglés) y los océanos, que normalmente almacenan carbono y metano, podrían de repente liberarlos, lo que haría aumentar aún más la temperatura y el nivel del mar. Esto tornaría a varias regiones del planeta inhabitables, lo que es un panorama aterrador.

Estamos en estado de emergencia planetaria. Tenemos que reaccionar. Tenemos que hacer todo lo que podamos para tratar de frenar el calentamiento climático y propiciar una transformación. El desafío es tan grande que requiere nada menos que un cambio de sistema, una revisión radical de nuestros sistemas energéticos, alimentarios, políticos y económicos. Hemos visto qué se ha logrado con acciones que apenas si rasguñan marginalmente nuestro sistema político y económico actual, y no es suficiente. Han permitido que se desencadene un cambio climático descontrolado, desigualdad y hambre. Han permitido que falsas soluciones como los sistemas de compensación de emisiones de carbono y las plantaciones de monocultivos en el marco de proyectos y programas de REDD les roben las tierras a los pueblos, sin que reduzcan tampoco las emisiones. Necesitamos poder popular y soberanía energética para presionar por un cambio de sistema.

 

Los gobiernos deben escuchar al Pueblo Soberano, no a las empresas de Energía Sucia

Los gobiernos reciben mucha presión y están influenciados por el cabildeo intenso de poderosas empresas de energía sucia que ven amenazadas sus ganancias. Los combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas son la causa principal del calentamiento global.

Incluso ahora que sabemos tanto acerca de los riesgos del cambio climático, se tiene previsto o se están construyendo más de 1600 nuevas centrales de energía a carbón en 62 países. Hay incluso algunos países que quieren por primera vez adentrarse en el mercado del carbón. La cantidad de nuevas infraestructuras de gas convencional que tiene prevista Europa es también alarmante –se encamina a un aumento de la capacidad de importación de gas equivalente al 58% en la UE. El carbón, el gas y otras tecnologías de combustibles fósiles como el petróleo, la fractura hidráulica, las arenas bituminosas y las tecnologías de carbón no convencional ya tendrían que haber desaparecido.

Aun así, la exploración y explotación de combustibles fósiles prosigue a un ritmo incesante. Indonesia, uno de los principales exportadores de carbón en el mundo, está sufriendo los efectos perjudiciales del carbón, y las comunidades indonesias se están uniendo para frenar la minería de carbón. Bangladesh también está en riesgo y la zona de manglares de Sundarbans, considerada Patrimonio de la Humanidad, podría verse arruinada por la construcción de una central a carbón.

La industria de los combustibles fósiles promueve erróneamente el gas como una solución de transición, como ‘combustible de transición’. A consecuencia, las comunidades del norte de Mozambique se han visto abrumadas por la ‘fiebre del gas’, que según Amigos de la Tierra Mozambique, ya está dejando a «comunidades enteras sin tierras, sin medios de sustento, e indemnizaciones y ofertas de reubicación insuficientes o incluso nulas. Muchos kilómetros de playas vírgenes quedarán irreparablemente destruidas. Ecosistemas únicos de manglares y especies marinas y de flora oceánica amenazados corren gran riesgo de verse completamente destruidos».

Y el petróleo y los combustibles fósiles no convencionales como las arenas bituminosas siguen generando caos en el clima y el medioambiente. Hay peligro de que se abra una nueva  frontera de arenas bituminosas en Nigeria, un país ya devastado por empresas petroleras que continúan violando los derechos de los pueblos y su medioambiente sin miras de limpiar ni hacerse responsables del desastre que han dejado. Togo se ve amenazado también por la explotación de petróleo mar adentro, que tendría impactos atroces. La fractura hidráulica o fracking (es decir, la extracción de petróleo o gas mediante la fractura de formaciones rocosas subterráneas de esquistos bituminosos) es ya una realidad o está prevista en Argentina, Colombia, Sudáfrica y el Reino Unido, aunque algunos otros gobiernos la han prohibido.


Otras formas de energía sucia no basadas en combustibles fósiles que es necesario eliminar son la energía nuclear y a la energía hidro
eléctrica a gran escala, que generan impactos devastadores para los pueblos y el medioambiente. La energía nuclear es peligrosa. No obstante, hay aproximadamente 30 países que están considerando la posibilidad, planificando o iniciando programas de energía nuclear, entre ellos Bangladesh, Indonesia, Ghana, Nigeria, Paraguay y Chile. 

Los proyectos hidroeléctricos a gran escala también clasifican en la categoría de energía sucia. A menudo implican acaparamiento de tierras, desvío de ríos y socavamiento de la soberanía hídrica y alimentaria. El impacto que tienen las represas hidroeléctricas en el calentamiento global también se ha subestimado –la descomposición de la vegetación en las aguas represadas provoca la emisión de aproximadamente mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero cada año. En 2015, 57.000 grandes represas obstruyeron más de la mitad de los principales ríos del mundo. Estos proyectos también cobran vidas. En 2016, Berta Cáceres fue asesinada por oponerse a la represa Agua Zarca en Honduras. En 2017, Bertha Zúñiga fue atacada por continuar el trabajo de su madre. Madre Tierra/Amigos de la Tierra Honduras trabaja junto con las comunidades para oponer resistencia a los proyectos hidroeléctricos a gran escala.

La influencia que ejerce la industria de energías sucias cuenta con el apoyo de regímenes de derecha que niegan el cambio climático y promueven los combustibles fósiles, a la vez que clausuran el debate político y restringen la libertad de movilización de los/as activistas.

Los grupos de Amigos de la Tierra de todo el mundo están luchando contra los proyectos de energía sucia junto con las comunidades. Y le estamos haciendo frente a la influencia de las empresas que continúan presionando a favor de la energía sucia. Por ejemplo, Amigos de la Tierra Países Bajos está demandando a Shell ante la justicia para que cese sus actividades que destruyen el clima. Este caso histórico podría sentar un poderoso precedente jurídico: si ganamos, se detendrá el avance de uno de los mayores contaminadores del mundo.

 

Soberanía energética: Les decimos ‘NO’ a las seudo-soluciones tecnológicas riesgosas

Las empresas de energía sucia han estado alentando a los ‘escépticos del clima’ o negadores del cambio climático allí donde pueden, pero donde no lo consiguen, promueven falsas soluciones riesgosas y posiblemente inviables que les ofrecen oportunidades alternativas de lucro.

Estas ‘falsas soluciones’ –es decir soluciones tecnológicas no probadas, movidas por el afán de lucro— constituyen distracciones peligrosas que amenazan con desviarnos de las soluciones reales, verdaderas, cuando no hay tiempo que perder. Pero a los gobiernos y otros actores les seduce la posibilidad de una solución rápida, fácil. El informe del IPCC incluirá ‘trayectorias’ compatibles con un calentamiento de 1,5oC que suponen el uso de tecnologías riesgosas y no comprobadas que reivindican poder sustraer el carbono de la atmósfera, tales como la Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono (BECCS, por su sigla en inglés).

Amigos de la Tierra Internacional rechaza estas tecnologías y mecanismos peligrosos. Podemos y tenemos que solucionar la crisis climática sin generar nuevas catástrofes ambientales. Hay trayectorias que pueden conducirnos a un futuro compatible con un calentamiento de 1,5 grados sin depender de BECCS o energías sucias, pero esas trayectorias exigen un gran cambio radical inmediato, ahora mismo.
   

No es ninguna ciencia –ya existen soluciones verdaderas y justas en respuesta al cambio climático

El IPCC mismo casi llega a reconocer que el ritmo de las transformaciones necesarias para un futuro por debajo de 1,5 grados de calentamiento implica nada menos que un cambio sistémico radical.

Debemos abrirle paso a un nuevo sistema energético dirigido por los pueblos que beneficie a todos y todas. Hacerle frente al cambio climático ahora, con un enfoque de justicia, nos permitirá evitar una catástrofe, y generará a la vez a una mejor calidad de vida para todos y todas, en armonía con la naturaleza.

En todo el mundo, las comunidades ya están implementando soluciones que cuestionan el sistema y nos encaminan al modelo de sociedades sustentables que necesitamos. Las comunidades de Amigos de la Tierra Internacional en Escocia, Dinamarca, Palestina e Irlanda tienen el control de la generación de su propia energía y recurren a fuentes limpias como la energía eólica o solar,  a la vez que promueven su independencia y bienestar económico. Los gobiernos de Escocia, Irlanda y el estado de Victoria en Australia se sumaron a los de Francia, Bulgaria y algunos lugares de Estados Unidos y Canadá y prohibieron rotundamente la fractura hidráulica, en respuesta al poder popular y en función de la soberanía energética.

Un futuro viable, justo y real, basado en energías descentralizadas enfocadas en la gente y en manos de las comunidades, y que implique prácticas como la agroecología y el manejo comunitario de bosques, podría y debería ser la nueva norma. Para hacerlas accesibles y asequibles a todos y todas, y para que les rindan beneficios a toda la población y se adecúen a la demanda, será imprescindible aumentar la escala de estas alternativas y fortalecerlas y replicarlas.


Soberanía energética
para lograr justicia climática

Debemos actuar ahora y con un enfoque de justicia para garantizar que los países desarrollados rindan cuentas por el cambio climático. El 10% de la población mundial es responsable del 50% de las emisiones, mientras que el 50% más pobre es responsable de sólo el 10%. Los ricos tienen que hacer los mayores recortes de emisiones con celeridad y urgencia, y pagar por la reducción de emisiones y el desarrollo sustentable del Sur global.

Es profundamente injusto que corramos el riesgo de superar los 1,5°C  de calentamiento y traspasemos los puntos de inflexión sin retorno hacia un cambio climático irreversible, debido a la prolongada inacción del Norte global, que ha sido el que más se ha beneficiado de la extracción y consumo de combustibles fósiles, que es lo que ha provocado la crisis climática en primer lugar.

Una trayectoria justa y segura exige que prescindamos radical e inmediatamente de los combustibles fósiles en todas partes, y un enorme flujo de financiamiento del Norte global al Sur global para financiar la transición.

Amigos de la Tierra Internacional considera que sólo un cambio radical de sistema ofrece una trayectoria esperanzadora que nos libere del derrotismo. Debemos –y podemos— transformar nuestros sistemas energéticos, alimentarios y económicos para evitar que el aumento de la temperatura exceda 1,5oC, y así evitar una catástrofe climática. Pero sólo si lo hacemos ahora mismo. El Norte global tiene que reducir sus emisiones a cero lo antes posible y a la vez garantizar una Transición Justa para los trabajadores y trabajadoras y las comunidades. El Norte global tiene que abandonar todo nuevo proyecto de combustibles fósiles, descontinuar rápidamente su dependencia de los combustibles fósiles y cesar de financiar la extracción de combustibles fósiles en el Sur global.

El Sur global tiene que forjar futuros limpios y sustentables, libres del yugo del control empresarial y la infraestructura de Energía Sucia que trae consigo contaminación a nivel local, acaparamiento de tierras y violaciones de derechos humanos, además de cambio climático.


Para ganar esta lucha por la justicia climática tenemos que actuar junt@s

Nosotros, los pueblos, tenemos que oponernos a la Energía Sucia, caso a caso, batalla por batalla, con todas las herramientas y tácticas a nuestro alcance. Necesitamos encontrar formas innovadoras de derrotar a la Energía Sucia. Tenemos que hacer las conexiones necesarias para dar una lucha integral, unir los puntos y trazar la línea que conecta a las sedes administrativas y casas matrices de las empresas de combustibles fósiles con sus filiales operativas en todo el mundo y sus financiadores. La soberanía energética es una herramienta poderosa. Esto se ha demostrado una y otra vez, por ejemplo en la moratoria a la fractura hidráulica en el estado de Victoria, Australia, el estado de Nueva York, estados de todo Estados Unidos, Irlanda, Francia, Escocia, Bulgaria y provincias de Canadá.

Debemos actuar en todo el mundo y a nivel global para apoyar y proteger a la gente y los pueblos que son reprimidos por oponer resistencia. Tenemos que abrirle paso a una revolución energética, con energía justa y sustentable para todos y todas e inocua para el clima. Esta transición debe darse atendiendo criterios de justicia. Ningún país puede quedar excluido ni en desventaja por no haber explotado sus combustibles fósiles.

La crisis climática se está profundizando en todo el mundo. Tenemos que actuar ahora, de inmediato. La lucha contra la #EnergíaSucia está cobrando fuerza, y el clamor por una transformación energética está subiendo de volumen. Pero nos queda poco tiempo. Súmate a Amigos de la Tierra Internacional del 6 al 13 de octubre y participa en nuestra Semana de Acción mundial. Juntas y juntos podemos enfrentar esta emergencia climática.