La reunión anual del El Banco Asiático de Desarrollo (BAsD), realizada esta semana en Yokohama, Japón, marca su quincuagésimo aniversario. Sin embargo, hay poco para celebrar. Las operaciones del BAsD en todo el mundo han dejado un rastro de destrucción, personas desplazadas e impactos negativos sobre las tierras de cultivo, los ríos, los bosques y el clima.

El banco sostiene que financia el desarrollo con el objetivo de paliar la pobreza en la región de Asia Pacífico. Pero a pesar de esta noble aspiración, el BAsD no logra generar un futuro mejor para los más pobres de Asia. Sus políticas neoliberales son sumamente inadecuadas para enfrentar lo que podría ser la mayor amenaza para los pobres de Asia: el cambio climático.

De hecho, el BAsD reconoce que el cambio climático es una amenaza fundamental para la mitigación de la pobreza. El cambio climático golpeará a los más pobres de la peor manera, ya que, según las palabras del propio BAsD, “enfrentarán tormentas tropicales más intensas, sequías e inundaciones más graves y frecuentes, el derretimiento acelerado de los glaciares y el aumento del nivel del mar, una mayor frecuencia de incendios forestales, escasez de agua dulce, amenazas para la producción de cultivos y la acuicultura, y una mayor incidencia de las enfermedades infecciosas vinculadas al calor.”

A pesar de esto, el El Banco Asiático de Desarrollo ha priorizado reiteradas veces el financiamiento de proyectos a base de carbón en lugar de otras alternativas de energía renovable.

El carbón es el mayor causante del calentamiento global generado por el hombre. El BAsD reconoce incluso la incidencia que tiene la generación de energía por medio de la quema de carbón sobre el agravamiento del cambio climático. Sin embargo, en los últimos diez años, el BAsD invirtió más de USD 3 mil millones solo en proyectos de este tipo, y es el tercer mayor financiador público multilateral de proyectos de infraestructura a base de carbón.

Tal vez su proyecto más controvertido al día de hoy es la inversión de USD 450 millones en la central Tata Mundra Ultra Mega Coal, ubicada en el Estado indio de Gujarat, con capacidad para producir 4.000 megavatios. El propio panel de revisión de conformidad del banco reveló la falta de consulta con las comunidades locales y la falta de cumplimiento de las estrategias de gestión de los residuos y la contaminación. Estas deficiencias provocaron un daño significativo al medio ambiente local así como a la salud y los medios de vida de las comunidades locales.

Se calcula que la central Tata Mundra es el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero de la India. El polvo de carbón proveniente de las cintas transportadoras que alimentan la central amenaza la salud humana y contamina la agricultura. La infraestructura afectó los sistemas de aguas subterráneas, contaminando así las fuentes de agua potable de las comunidades locales.

Gracias a la “inmunidad legal para las inversiones”, el BAsD no puede ser responsabilizado por estos crímenes. Por lo tanto, luego de que el banco gozara de impunidad durante 50 años, Amigos de la Tierra Asia Pacífico se une a otros movimientos sociales para exigir la anulación de la inmunidad del BAsD. Esto permitiría, al menos, que las personas puedan demandar al banco por los impactos que tiene el financiamiento de proyectos de carbón sobre las comunidades locales y el cambio climático.

En respuesta a sus obligaciones climáticas, muchos bancos multilaterales han reducido los fondos disponibles para proyectos a base de carbón. Lamentablemente, ninguno ha dejado de financiarlos por completo.

El momento de dejar de financiar el uso de carbón es AHORA.

Dado el peligro que representa la quema de carbón para el clima global, es tiempo de que el BAsD asuma algún tipo de liderazgo moral. El banco debe prohibir el financiamiento de todos los proyectos a base de carbón. Debe utilizar su influencia para estimular a otras instituciones públicas de financiamiento, tanto bilaterales como multilaterales, a que hagan lo mismo. Este punto es particularmente relevante, dado el surgimiento de nuevas instituciones de financiamiento que, lamentablemente, parecen acoger los proyectos a base de carbón. Por ejemplo, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB por sus siglas en inglés), declara ser un banco “verde, limpio, eficiente” para la región. Sin embargo, el borrador de la estrategia energética del AIIB sostiene que “las centrales energéticas a carbón serán consideradas si reemplazan una forma de producción ya existente que sea menos eficiente”. El BAsD podría entonces jugar un papel crucial para detener el financiamiento de proyectos a base de carbón.

El Banco Asiático de Desarrollo se enfrenta a presiones crecientes de todos los orígenes: internacionales, locales y de sus propios accionistas. La hipocresía del discurso sobre acción climática de sus servicios de relaciones públicas se vuelve cada vez más intolerable a medida que el cambio climático se transforma en una realidad cotidiana para los pobres de Asia. Ha llegado el momento de poner fin al financiamiento del carbón.

El informe en inglés:

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Imagen: Una mujer lava la vajilla en Kutadi Bandar, comunidad cercana al sitio del mega-proyecto energético de Tata Mundra. © Sami Siva / ICIJ