Hace 20 años, Shell hizo una predicción. En un ejercicio de planificación para escenarios futuros, la petrolera vaticinó una serie de violentas tormentas que azotarían la costa este de Estados Unidos, ocasionadas por el cambio climático catastrófico. Después de las tormentas, «una coalición de organizaciones ambientalistas presentará una demanda colectiva contra el gobierno de EE.UU. y compañías de combustibles fósiles por descuidar lo que los científicos (incluido los suyos propios) han estado diciendo durante años: que algo debe hacerse», afirma el documento de 1998 que sacó a la luz el periodista Jelmer Mommers.

Los oráculos de Shell no podrían haber acertado mejor. La reacción social contra el uso de combustibles fósiles es cada vez mayor, la gente está cansada de la impunidad empresarial y están luchando en tribunales en todo el mundo contra la gigantesca petrolera de origen anglo-holandés.

Shell sabía que sus actividades de negocios aumentarían la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos, tales como los huracanes Irma, José, María y Harvey del año pasado. Shell sabe desde la década de 1960 que el CO2 contribuye al calentamiento global y que los combustibles fósiles son una de las fuentes principales de emisiones de CO2. Y Shell sabía que nosotros, los habitantes y custodios de este planeta, nos transformaríamos en férreos adversarios de su empresa y que exigiríamos que se tomen medidas.

El pueblo contra Shell

Las actividades de Shell y su modelo empresarial constituyen un enorme riesgo para la humanidad. En abril, Amigos de la Tierra Países Bajos (Milieudefensie) escribió una carta a Shell, argumentando que la empresa está incumpliendo su deber de diligencia, establecido por la ley, al socavar el Acuerdo de París sobre el clima. En la carta exigimos que la empresa adapte sus actividades empresariales a dicho acuerdo, reduzca sus inversiones en el sector del petróleo y el gas y disminuya las emisiones de gases de efecto invernadero a cero antes del año 2050. En su respuesta enviada el lunes, Shell rechazó nuestros reclamos. Peor aún, en su asamblea general anual de la semana pasada, la empresa instó despiadadamente a los accionistas a votar en contra de una resolución que pedía que la empresa establezca metas de reducción de sus emisiones, de conformidad con el Acuerdo de París. La mayoría de los inversionistas siguieron la recomendación de Shell y rechazaron la resolución.

Como Shell rechazó nuestros reclamos, ahora llevaremos a la empresa ante la justicia en Países Bajos para obligarla a reducir sus emisiones al cero neto al 2050. Nuestra causa judicial es única porque no estamos reclamando indemnización por daños y perjuicios. Estamos exigiendo en lugar que Shell adapte su modelo empresarial a metas climáticas y que los combustibles fósiles se mantengan bajo suelo. Más de 25.000 personas de 80 países ya expresaron su apoyo a nuestra demanda contra Shell, inclusive 12.000 ciudadanos de Países Bajos como co-demandantes. Si tenemos éxito, nuestra causa judicial sin precedentes limitará significativamente las inversiones de Shell en el sector del gas y el petróleo a nivel mundial.

Elegimos el sistema judicial de Países Bajos para detener a Shell porque es la empresa matriz registrada en Países Bajos, la Royal Dutch Shell, la que determina la política climática del grupo. Según la legislación de Países Bajos, Shell está obligada por ley a respetar los derechos humanos y actuar de manera responsable, de conformidad con las normas aplicables relativas al deber de diligencia. El deber de diligencia es una norma jurídica abierta que debe fundamentarse en base a las circunstancias del caso del que se trate. La norma se determina sobre la base de evidencias científicas y disposiciones de los tratados, entre otros factores. Tal y como admitió hace décadas, Shell no funciona en un vacío. Sus acciones afectan toda la vida en nuestro planeta, y no se puede seguir permitiendo que Shell siga destruyendo delibera e imprudentemente el clima.

La tormenta de los litigios climáticos está ganando fuerza

El movimiento de litigación por el clima está cobrando impulso a nivel mundial, a medida que la gente recurre cada vez más a la justicia para conseguir que las empresas contaminantes y los gobiernos que las protegen rindan cuentas. La semana pasada, People’s Climate Case inició una demanda contra la Unión Europea, exigiéndole que incremente urgentemente su meta climática para 2030. En 2015, se obtuvo una victoria en la primera demanda climática contra un gobierno nacional –el caso climático de Urgenda en Países Bajos–, cuando un tribunal ordenó al Estado de Países Bajos que aumentara su nivel de ambición en materia de reducción de emisiones. Esta causa judicial está actualmente en proceso de apelación y se espera una decisión final en octubre.

En marzo, 21 jóvenes que demandaron al gobierno estadounidense por no hacerle frente al cambio climático, se ganaron el derecho a seguir adelante con su causa judicial. Y en el Reino Unido, la entidad sin fines de lucro Plan B Earth junto con 11 co-demandantes entablaron una demanda contra el gobierno británico para forzarlo a imponer una reducción de la meta de carbono. El gobierno de la ciudad de Nueva York anunció en enero que declararía financieramente responsables a las cinco mayores petroleras, entre ellas Shell, por la infraestructura necesaria para proteger a la ciudad de las consecuencias del cambio climático. Hasta ahora se han presentado causas judiciales climáticas contra Shell en 10 ciudades y condados de Estados Unidos. Mientras tanto, en Filipinas, el comité de derechos humanos dio inicio a una investigación sobre violaciones de derechos humanos perpetradas por Shell y 46 otras empresas de combustibles fósiles en virtud de su corresponsabilidad como causantes del cambio climático catastrófico.

El director de Shell, Charles O. Holliday les pidió a los inversionistas durante la asamblea general anual que confiaran en la empresa, pero está claro que no se puede confiar en Shell, por lo que tendremos que obligarla a cumplir con la ley. Shell sostiene que respalda plenamente las metas del acuerdo de París, pero las emisiones que genera equivalen al doble de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de Países Bajos, a la vez que tiene previsto seguir extrayendo petróleo y gas por muchas décadas más. El movimiento de litigación climática está aumentando la presión sobre todas las empresas de combustibles fósiles y les está demostrando que no pueden seguir estropeando impunemente el clima.

Este artículo fue publicado originalmente por New Internationalist