Las soluciones verdaderas a la crisis climática ya existen y están siendo implementadas por comunidades de todas partes del mundo. Siguiendo los principios de justicia climática, equidad y urgencia, debemos aspirar a mantener el aumento promedio de la temperatura mundial por debajo de 1,5°C y seguir construyendo un futuro justo y habitable para todas/os. Pero a medida que extendemos y generalizamos las soluciones como las energías renovables centradas en los pueblos, los países tienen que hacer la cuota parte que les corresponde para reducir las emisiones, y los países ricos históricamente más contaminantes tienen que asumir el liderazgo para garantizar la eliminación progresiva justa y equitativa de la producción y el consumo de combustibles fósiles. Mientras tanto, se requiere financiamiento público del Norte hacia el Sur Global para quienes –como los Pueblos Indígenas y las/os productoras/es de alimentos a pequeña escala— estén liderando la realización e implementación de soluciones. A medida que los efectos de la crisis climática se agravan, las soluciones relacionadas con la adaptación y la resiliencia (y el financiamiento de estas) se tornan cada vez más necesarias. Y también se requiere que fluyan fondos para las pérdidas y daños irreversibles provocados por la crisis climática.
Por una transición energética justa y feminista
Mientras el planeta hierve y los efectos de la crisis climática siguen sintiéndose a nivel mundial, especialmente en las comunidades del Sur Global, Amigos de la Tierra Internacional reconoce la necesidad urgente de abordar las causas estructurales del cambio climático. Una transición energética justa es esencial para hacerlo, pero todos los enfoques dominantes han adoptado hasta el momento un enfoque peligrosamente estrecho, que sólo tiene en cuenta la contabilización de las emisiones, las medidas de mitigación y los parches tecnológicos. Como resultado, la era de los combustibles fósiles y sus daños continúa y las falsas soluciones como los mercados de emisiones de carbono, las llamadas soluciones basadas en la naturaleza, la captura y almacenamiento de carbono y la geoingeniería proliferan. La transición energética ha de ser feminista y tiene que ser justa.
Desde sus orígenes a finales del siglo XX, el concepto de transición energética justa siguió expandiéndose y evolucionando para hacerle frente a las injusticias existentes a niveles múltiples que son inherentes a la crisis climática, a la vez que ha unificado a los movimientos.
Amigos de la Tierra Internacional y sus aliados están comprometidas/os a seguir desarrollando una perspectiva feminista para una transición energética justa. Como feministas, sabemos que cambiar de sistema energético no resuelve automáticamente las desigualdades y opresiones sistémicas e históricas que calan profundamente en nuestras sociedades. Necesitamos un enfoque feminista que ponga la vida en el centro de la transición energética justa a través de una economía feminista que impulse las trayectorias hacia la transformación sistémica.
¡Sí a las energías renovables bien hechas!
No podemos simplemente sustituir los combustibles fósiles por energías renovables – la urgencia por emprender acciones climáticas puede dar lugar a proyectos de energías renovables que repliquen los problemas de la energía fósil: acaparamiento de tierras, violaciones de derechos humanos y destrucción ambiental. Hoy en día, las comunidades, principalmente del Sur Global, que son sede de proyectos de energías renovables o proveedoras de recursos “minerales de transición” para las energías renovables, están siendo sacrificadas. Necesitamos un cambio de sistema, una transformación que nos libere del extractivismo empresarial y nos encamine hacia energías producidas por y para los pueblos.
Esta transición puede transformar la vida de los pueblos y la gente, garantizando un acceso suficiente a servicios de energía limpia y sustentable, que sean sostén de economías locales prósperas y a la vez protejan y regeneren los ambientes locales. Pero esta transformación debe estar basada en principios como la suficiencia energética para todas/os, la soberanía energética y otros principios establecidos en el manifiesto de Amigos de la Tierra Soberanía Energética Ya.
Tierra, mares y bosques: soluciones basadas en las comunidades
Velar por los derechos de las comunidades que están liderando la realización e implementación de soluciones y el cambio de sistema es esencial.
El aire limpio y la energía que no contamina las tierras y el suelo, así como la igualdad de acceso a alimentos sanos y de alta calidad, deben garantizarse como derechos básicos de las personas en todo el mundo. Para que esto suceda, es esencial alejarse de los sistemas alimentarios y energéticos industriales controlados por las empresas transnacionales. Hay un camino hacia un sistema alimentario basado en la soberanía alimentaria, que garantice la alimentación como un derecho humano, el control de los pueblos sobre las semillas, la tierra, el agua y otros bienes comunes, la agroecología, la pesca artesanal y la producción de alimentos a pequeña escala. Asimismo, se tienen que garantizar e implementar los derechos inherentes y la soberanía de los Pueblos Indígenas y los derechos humanos de campesinas/os y comunidades locales, para que los conocimientos y prácticas tradicionales de Manejo Comunitario de Bosques puedan aplicarse plenamente y así contribuir a frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Adaptación y resiliencia
Incluso aunque transformemos los sistemas para evitar los peores efectos de la crisis climática y garantizar un futuro justo y equitativo para todas/os, los impactos devastadores ya se están sintiendo, especialmente en el Sur Global. Estas comunidades, que son a las que les corresponde la menor cuota de responsabilidad por la crisis, se enfrentan a condiciones cada vez peores.
Estamos enfrentando la posibilidad de que cientos de millones de personas se vean desplazadas de sus hogares en este siglo, y de que vastas extensiones de tierras de cultivo se conviertan en polvo. Exigimos urgentemente financiamiento para la adaptación y para las pérdidas y daños, con el fin de ayudar a las poblaciones vulnerables.
Amos Nkpeebo, Amigos de la Tierra Ghana
La vulnerabilidad frente a la crisis climática está determinada por legados coloniales y procesos interrelacionados de opresión y marginación, como el género, la identidad indígena, la salud, la pobreza, los conflictos y la educación. Las soluciones climáticas tienen que priorizar a quienes están en condiciones de mayor marginación, a la vez que exigen que se garantice urgentemente más financiamiento climático público de los países desarrollados al Sur Global. Esto es vital no sólo para las medidas de mitigación y adaptación, sino para responder a las pérdidas ya irreversibles (Pérdidas y Daños).
Generar resiliencia también significa repensar nuestras economías, ponerlas al servicio de los pueblos, las personas y el planeta. Necesitamos sistemas que valoren los cuidados y respeten la vida, reconozcan la interdependencia humana y reorganicen de manera más equitativa el trabajo doméstico y de cuidados. También tenemos que reivindicar la esfera pública y la arena política, garantizando servicios públicos para asegurar el acceso de los pueblos y las personas al agua, la salud, la energía, la educación, las comunicaciones, el transporte y los alimentos.
Una verdadera adaptación no sólo tiene que ver con sobrevivir a la crisis climática: se trata de crear sociedades más justas, solidarias y resilientes para todas/os.